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  1. El evangelio según Marcos

    martes, junio 13, 2006

    © Jorge Luis Borges


    El hecho sucedió en la estancia Los Álamos, en el partido de Junín, hacia el sur, en los últimos días del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. Podemos definirlo por ahora como uno de tantos muchachos porteños, sin otros rasgos dignos de nota que esa facultad oratoria que le había hecho merecer más de un premio en el colegio inglés de Ramos Mejía y que una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefería que el interlocutor tuviera razón y no él. Aunque los azares del juego le interesaban, era un mal jugador, porque le desagradaba ganar. Su abierta inteligencia era perezosa; a los treinta y tres años le faltaba rendir una materia para graduarse, la que más lo atraía. Su padre, que era librepensador, como todos los señores de su época, lo había instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidió que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la señal de la cruz. A lo largo de los años no había quebrado nunca esa promesa. No carecía de coraje; una mañana había cambiado, con más indiferencia que ira, dos o tres puñetazos con un grupo de compañeros que querían forzarlo a participar en una huelga universitaria. Abundaba, por espíritu de aquiescencia, en opiniones o hábitos discutibles: el país le importaba menos que el riesgo de que en otras partes creyeran que usamos plumas; veneraba a Francia pero menospreciaba a los franceses; tenía en poco a los americanos, pero aprobaba el hecho de que hubiera rascacielos en Buenos Aires; creía que los gauchos de la llanura son mejores jinetes que los de las cuchillas o los cerros. Cuando Daniel, su primo, le propuso veranear en Los Álamos, dijo inmediatamente que sí, no porque le gustara el campo sino por natural complacencia y porque no buscó razones válidas para decir que no.

    El casco de la estancia era grande y un poco abandonado; las dependencias del capataz, que se llamaba Gutre, estaban muy cerca. Los Gutres eran tres: el padre, el hijo, que era singularmente tosco, y una muchacha de incierta paternidad. Eran altos, fuertes, huesudos, de pelo que tiraba a rojizo y de caras aindiadas. Casi no hablaban. La mujer del capataz había muerto hace años.

    Espinosa, en el campo, fue aprendiendo cosas que no sabía y que no sospechaba. Por ejemplo, que no hay que galopar cuando uno se está acercando a las casas y que nadie sale a andar a caballo sino para cumplir con una tarea. Con el tiempo llegaría a distinguir los pájaros por el grito.

    A los pocos días, Daniel tuvo que ausentarse a la capital para cerrar una operación de animales. A lo sumo, el negocio le tomaría una semana. Espinosa, que ya estaba un poco harto de las bonnes fortunes de su primo y de su infatigable interés por las variaciones de la sastrería, prefirió quedarse en la estancia, con sus libros de texto. El calor apretaba y ni siquiera la noche traía un alivio. En el alba, los truenos lo despertaron. El viento zamarreaba las casuarinas. Espinosa oyó las primeras gotas y dio gracias a Dios. El aire frío vino de golpe. Esa tarde, el Salado se desbordó.

    Al otro día, Baltasar Espinosa, mirando desde la galería los campos anegados, pensó que la metáfora que equipara la pampa con el mar no era, por lo menos esa mañana, del todo falsa, aunque Hudson había dejado escrito que el mar nos parece más grande, porque lo vemos desde la cubierta del barco y no desde el caballo o desde nuestra altura. La lluvia no cejaba; los Gutres, ayudados o incomodados por el pueblero, salvaron buena parte de la hacienda, aunque hubo muchos animales ahogados. Los caminos para llegar a la estancia eran cuatro: a todos los cubrieron las aguas. Al tercer día, una gotera amenazó la casa del capataz; Espinosa les dio una habitación que quedaba en el fondo, al lado del galpón de las herramientas. La mudanza los fue acercando; comían juntos en el gran comedor. El diálogo resultaba difícil; los Gutres, que sabían tantas cosas en materia de campo, no sabían explicarlas. Una noche, Espinosa les preguntó si la gente guardaba algún recuerdo de los malones, cuando la comandancia estaba en Junín. Le dijeron que sí, pero lo mismo hubieran contestado a una pregunta sobre la ejecución de Carlos Primero. Espinosa recordó que su padre solía decir que casi todos los casos de longevidad que se dan en el campo son casos de mala memoria o de un concepto vago de las fechas. Los gauchos suelen ignorar por igual el año en que nacieron y el nombre de quien los engendró.

    En toda la casa no había otros libros que una serie de la revista La Chacra, un manual de veterinaria, un ejemplar de lujo del Tabaré, una Historia del Shorthorn en la Argentina, unos cuantos relatos eróticos o policiales y una novela reciente: Don Segundo Sombra. Espinosa, para distraer de algún modo la sobremesa inevitable, leyó un par de capítulos a los Gutres, que eran analfabetos. Desgraciadamente, el capataz había sido tropero y no le podían importar las andanzas de otro. Dijo que ese trabajo era liviano, que llevaban siempre un carguero con todo lo que se precisa y que, de no haber sido tropero, no habría llegado nunca hasta la Laguna de Gómez, hasta el Bragado y hasta los campos de los Núñez, en Chacabuco. En la cocina había una guitarra; los peones, antes de los hechos que narro, se sentaban en rueda; alguien la templaba y no llegaba nunca a tocar. Esto se llamaba una guitarreada.

    Espinosa, que se había dejado crecer la barba, solía demorarse ante el espejo para mirar su cara cambiada y sonreía al pensar que en Buenos Aires aburriría a los muchachos con el relato de la inundación del Salado. Curiosamente, extrañaba lugares a los que no iba nunca y no iría: una esquina de la calle Cabrera en la que hay un buzón, unos leones de mampostería en un portón de la calle Jujuy, a unas cuadras del Once, un almacén con piso de baldosa que no sabía muy bien dónde estaba. En cuanto a sus hermanos y a su padre, ya sabrían por Daniel que estaba aislado -la palabra, etimológicamente, era justa- por la creciente.

    Explorando la casa, siempre cercada por las aguas, dio con una Biblia en inglés. En las páginas finales los Guthrie -tal era su nombre genuino- habían dejado escrita su historia. Eran oriundos de Inverness, habían arribado a este continente, sin duda como peones, a principios del siglo diecinueve, y se habían cruzado con indios. La crónica cesaba hacia mil ochocientos setenta y tantos; ya no sabían escribir. Al cabo de unas pocas generaciones habían olvidado el inglés; el castellano, cuando Espinosa los conoció, les daba trabajo. Carecían de fe, pero en su sangre perduraban, como rastros oscuros, el duro fanatismo del calvinista y las supersticiones del pampa. Espinosa les habló de su hallazgo y casi no escucharon.

    Hojeó el volumen y sus dedos lo abrieron en el comienzo del Evangelio según Marcos. Para ejercitarse en la traducción y acaso para ver si entendían algo, decidió leerles ese texto después de la comida. Le sorprendió que lo escucharan con atención y luego con callado interés. Acaso la presencia de las letras de oro en la tapa le diera más autoridad. Lo llevan en la sangre, pensó. También se le ocurrió que los hombres, a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterráneos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar en el Gólgota. Recordó las clases de elocución en Ramos Mejía y se ponía de pie para predicar las parábolas.

    Los Gutres despachaban la carne asada y las sardinas para no demorar el Evangelio.

    Una corderita que la muchacha mimaba y adornaba con una cintita celeste se lastimó con un alambrado de púa. Para parar la sangre, querían ponerle una telaraña; Espinosa la curó con unas pastillas. La gratitud que esa curación despertó no dejó de asombrarlo. Al principio, había desconfiado de los Gutres y había escondido en uno de sus libros los doscientos cuarenta pesos que llevaba consigo; ahora, ausente el patrón, él había tomado su lugar y daba órdenes tímidas, que eran inmediatamente acatadas. Los Gutres lo seguían por las piezas y por el corredor, como si anduvieran perdidos. Mientras leía, notó que le retiraban las migas que él había dejado sobre la mesa. Una tarde los sorprendió hablando de él con respeto y pocas palabras. Concluido el Evangelio según Marcos, quiso leer otro de los tres que faltaban; el padre le pidió que repitiera el que ya había leído, para entenderlo bien. Espinosa sintió que eran como niños, a quienes la repetición les agrada más que la variación o la novedad. Una noche soñó con el Diluvio, lo cual no es de extrañar; los martillazos de la fabricación del arca lo despertaron y pensó que acaso eran truenos. En efecto, la lluvia, que había amainado, volvió a recrudecer. El frío era intenso. Le dijeron que el temporal había roto el techo del galpón de las herramientas y que iban a mostrárselo cuando estuvieran arregladas las vigas. Ya no era un forastero y todos lo trataban con atención y casi lo mimaban. A ninguno le gustaba el café, pero había siempre un tacita para él, que colmaban de azúcar.

    El temporal ocurrió un martes. El jueves a la noche lo recordó un golpecito suave en la puerta que, por las dudas, él siempre cerraba con llave. Se levantó y abrió: era la muchacha. En la oscuridad no la vio, pero por los pasos notó que estaba descalza y después, en el lecho, que había venido desde el fondo, desnuda. No lo abrazó, no dijo una sola palabra; se tendió junto a él y estaba temblando. Era la primera vez que conocía a un hombre. Cuando se fue, no le dio un beso; Espinosa pensó que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Urgido por una íntima razón que no trató de averiguar, juró que en Buenos Aires no le contaría a nadie esa historia.

    El día siguiente comenzó como los anteriores, salvo que el padre habló con Espinosa y le preguntó si Cristo se dejó matar para salvar a todos los hombres. Espinosa, que era librepensador pero que se vio obligado a justificar lo que les había leído, le contestó:

    -Sí. Para salvar a todos del infierno.

    Gutre le dijo entonces:

    -¿Qué es el infierno?

    -Un lugar bajo tierra donde las ánimas arderán y arderán.

    -¿Y también se salvaron los que le clavaron los clavos?

    -Sí -replicó Espinosa, cuya teología era incierta.

    Había temido que el capataz le exigiera cuentas de lo ocurrido anoche con su hija. Después del almuerzo, le pidieron que releyera los últimos capítulos. Espinosa durmió una siesta larga, un leve sueño interrumpido por persistentes martillos y por vagas premoniciones. Hacia el atardecer se levantó y salió al corredor. Dijo como si pensara en voz alta:

    -Las aguas están bajas. Ya falta poco.

    -Ya falta poco -repitió Gutrel, como un eco.

    Los tres lo habían seguido. Hincados en el piso de piedra le pidieron la bendición. Después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Espinosa entendió lo que le esperaba del otro lado de la puerta. Cuando la abrieron, vio el firmamento. Un pájaro gritó; pensó: es un jilguero. El galpón estaba sin techo; habían arrancado las vigas para construir la Cruz.

    Publicado en El informe de Brodie (1970).


  2. 25 comentarios:

    1. Homenaje a Jorge Luis Borges, a 20 años de su muerte.

    2. simbol dijo...

      Hace 400 años Argentina es una provincia de Brasil, país que hoy llega al rio Bravo. Pocos recuerdan a Borges y menos lo leen. Han olvidado el español, y no tienen donde leerlo, pues Borges fue prohibido por los curas brasileños hace dos siglos, cuando el Vaticano, asediado por los chinos se mudo a Sao Paulo.

      En la mayor parte del mundo se habla chino y se lee a Borges en chino, por que el gobierno de ese país sigue siendo ateo. Decidieron no ocupar Brasil y mantenerlo como tierras en reserva. En lo que fuera Argentina adelantan investigaciones biológicas usando un espécimen llamado Antropopitecus Peronistus cuya característica es la tendencia al suicidio colectivo y la practica de una religión antigua llamada Psicoanálisis. La ACPPAP, asociación china para la protección de esta especie, ha solicitado al gobierno la supresión permanente de esos estudios. En Beijing cada 10 años se entrega el 形聲字, que traducido es: Premio Borges de Literatura. En 2480 lo ganó Felnan Tolelo Chang, quien se supone descendiente de pobladores aborígenes de ese olvidado país, e investigador de la universidad de Beijing en lenguas muertas, de las que el Castellano y el Inglés forman parte hace ya unos 100 años. En Beijing se discute construir una nueva muralla china en Alaska, para impedir la migración de norteamericanos y canadienses hacia China, migración que se ha incrementado enormemente luego del descenso del nivel del atlántico que creó un paso natural, que muchos empobrecidos norteamericanos utilizan para entrar ilegalmente a ese país. Ya hay dos propuestas para darle nombre a la nueva muralla: Borges y Kafka, pues ambos escribieron páginas memorables sobre la muralla china.

      Sinhua (oficina de traducciones a lenguas clásicas extintas)

    3. SIMBOL:
      ¡JAJAJAJA! El chiste suena tan verosímil (excepto por el ignoto y premiado escritor), que no veo de qué serviría preocuparse. Eso sí: pavada de equipo de fútbol sería ese cariocaargentino. ¡Los mundiales serían aburridos!

    4. simbol dijo...

      Te tengo una mala noticia:
      Para ese momento el mundial se jugará solo entre la Union de Republicas Chinas y la Union de Republicas Hindues. Los brasileños, incluyendo alos argentinos jugaran en el equipo chino. Lo que no estoy seguro es en que bloque quedarán los ingleses, los alemanes y los italianos.

    5. Pereque dijo...

      Es el primer cuento pampero de Borges que encuentro interesante y al que le entiendo. Pobre Espinoza.

      Si los chinos del futuro están poniendo murallas en Alaska, ¿no es el Pacífico el que bajó/bajará su nivel?

      P.

    6. simbol dijo...

      pereque

      Sinhua a veces comete errores.Es el Pacífico.

    7. Estultos ignorantes, no sabeis dar caña a los fascistas y pareceis una piara de cerdos revolcandoos en el lodo de vuestra propia mierda, os regocijais con vuestras tonterías y os conformais con la vulgaridad.
      Os invito a que veais como se hace un blog blasfemos de verdad.

      ¡Al infierno con todo, viva la anarquia!

    8. Un ilustrado ha hablado. Cómo me jode que luego me metan en el mismo cesto que a este pobre ignorante.

    9. SIMBOL:
      Entonces, empezaré a prepararme. ¿Sabés cómo se dice "gol" en mandarín?

      PEREQUE:
      Borges es mucho más accesible de lo que la mitología supone. Este cuento pertenece a su libro más "realista", pero narraciones como Las ruinas circulares, Tres versiones de Judas, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Pierre Menard, autor del Quijote, El Aleph o La muerte y la brújula estoy seguro de que merecen una primera o una segunda lecturas.

      ANDRÉS DEVESA:
      Por lo general, los supremos deben mostrarse como tales en este tipo de intervenciones. Esta oportunidad no veo que la hayás aprovechado.

      PRIMO:
      Lo mismo digo.

    10. ANDRÉS:
      Debo decirte que algo me gustó de tu blog en la visita superficial que he hecho. Se trata de la foto de tu perfil, con reminiscencias al The Power to Believe de King Crimson.

    11. Greg dijo...

      ¿Sabes cómo se dice "gol" en mandarín?
      ------

      Como habitante de un N.T.C. (Nuevo Territorio Chino), lo que más se oye por aquí para decir "gol" es "Torres". Aunque también he oído la palabra "Villa" (en 2 ocasiones). En cuanto a "Xavi Alonso", es una expresión muy poco habitual en estos lares. :-P

    12. GREG:
      Es esperable que esas cuatro acepciones de "gol" (por el cariño que los ex miembros del Viejo Territorio de las Colonias Hispanas De Sudamérica sienten por su antigua Madre Patria) no sea una metáfora del destino repetido que ha sido la escuadra hispana en los tiempos en que los campeonatos mundiales se llamaban así. ;)

    13. Además:
      Se agregan al vocabulario mandarín las siete palabras: "Maxi", "Cambiasso", "OtrodeMaxi", "Crespo", "Tevez", "Messi" y "golazos".

    14. Pereque dijo...

      Quiero reivindicarme. He leído Ficciones, El Aleph y algunos poemas varias veces, con mucho gusto y entretenimiento. La biblioteca de Babel me encantó porque por las mismas fechas me había comprado una revista con un artículo sobre multiversos; recordará que Borges describe a la biblioteca/universo como infinita y periódica, descripción que se parece a grandes rasgos al multiverso Nivel I según el modelo de Max Tegmark. Creo que si alguien se lo propusiera podría inventar una religión a partir de Borges.

      Mi comentario iba dirigido a los cuentos de bonaerenses que se iban a la Pampa a que los mataran los gauchos y cosas por el estilo, que siempre me parecieron muy aburridos. Hasta ahora.

      ¿En qué libro viene El Evangelio...?

      P.

    15. PEREQUE:
      La intención de Borges, que ciertamente otros dirán si consiguió, hacer universal lo local. Es ese aspecto lo que lo ha convertido en la figura que es.
      El cuento de Borges, como dice el final del cuento, está incluido en El informe de Brodie, su libro más "realista", y del que recomiendo el cuento Emma Zunz.

    16. Greg dijo...

      Querido Fernando ;-),

      No puedes, desde una página intitulada "Razón atea" defender a un equipo en el que juega el Messi y hasta ha metido mano el propio Dios. ¿Qué será lo siguiente? Aimarás a tu prójimo? :D
      España me parece bastante más razonable/cerebral pues, como buena ajedrecista, cuenta con Casillas, Reyes, Reina y Torres... :D

    17. GREG:
      Debido a la mala experiencia de la edición mundialista anterior, la escuadra nacional ha decidido poner en entredicho su ateísmo y contratar incluso a Messie. Y a otros. El fin justifica los medios.

    18. VISITANTES:
      Estoy de viaje, así que la actualización semanal del blog se demorará un par de días. Pasaré a dialogar con ustedes, eso sí, si alguno propone diálogo. Gracias.

    19. frikosal dijo...

      Hace tiempo que lei este relato, ahora vuelvo a leerlo y sigue sin quedarme clara la intencion de Borges.

    20. frikosal dijo...

      Permitame hacerle una observacion: Deberia por lo menos citar a los autores de las fotos e idealmente, pedirles permiso para utilizarlas.

    21. frikosal dijo...

      Permitame hacerle una observacion: Deberia por lo menos citar a los autores de las fotos e idealmente, pedirles permiso para utilizarlas.

    22. FRIKOSAL:
      Con respecto a Borges, no le leo oscuras intenciones. El relato me parece diáfano. Con respecto a las fotos, tiene usted razón. En la medida de lo posible, hago lo que usted me dice (no sólo con las fotografías, también con las ilustraciones). En este caso, en la página de Borges de la que extraje la fotografía, no estaba consignado su autor.

    23. Por lo visto alguien ha usurpado mi nombre y ha colgado un comentario haciendo publicidad de mi blog. Desconozco la razón. Ni necesito que nadie me dé publicidad ni creo que esa la forma de hacerlo. Perdón por las molestias.
      Por cierto, a primera vista parece interesante este blog, ya le echaré un vistazo con más tiempo.

    24. ANDRÉS:
      Gracias por tu aclaración. Me parece que debería borrar el mensaje falso, aunque con este se devela el asunto. Espero te guste este blog y, como digo, ¿la imagen es de Crimson (PJ Crook), verdad?

      PEREQUE:
      Aprovecho para hacer una corrección. Emma Zunz está incluido en El Aleph. De El informe de Brodie, entonces, te recomiendo La intrusa. Podés leerlo aquí:
      http://www.sololiteratura.com/bor/borlaintrusa.htm

    25. Thank you for sharing this great information, it was really helpful....