© Raymond Tallis
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© Rolando Gómez«El fundamento del criticismo irreligioso es: el hombre hace a la religión; no la religión al hombre. La religión es, efectivamente, la auto-conciencia y la autoestima del hombre quien, ya sea no se ha ganado a sí mismo, o se ha perdido a sí mismo de nuevo. Pero el hombre (der Mensch) no es un ser abstracto, puesto fuera del mundo. El hombre es el mundo del hombre –el Estado, la sociedad. Este Estado y esta sociedad producen la religión, la cual es una conciencia invertida del mundo, porque están en un mundo invertido. La religión es la teoría general de este mundo; su compendio enciclopédico, su lógica en forma popular, su point-d´honneur espiritual, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento solemne, y su base universal de consolación y justificación. Es la realización fantástica de la esencia humana, dado que la esencia humana no posee ninguna realidad verdadera. La lucha contra la religión es indirectamente, por lo tanto, la lucha contra ese mundo cuyo aroma espiritual es la religión.
El sufrimiento religioso es, en uno y al mismo tiempo, la expresión de sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado, el alma (o el espíritu, der Geist) de una condición desalmada. Es el opio de los pueblos.
La abolición de la religión como la felicidad ilusoria de los pueblos es la exigencia de su real felicidad. La demanda de abandono de sus ilusiones acerca de su condición es la demanda de abandonar una condición que requiere de ilusiones. La crítica de la religión es entonces, en embrión, el criticismo de ese valle de lágrimas del cual la religión es su santa aureola».
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El periodista británico Christopher Hitchens presenta Lecturas esenciales para el no creyente, con textos de Spinoza, Marx, Hume y Einstein
Christopher Hitchens se ha convertido en uno de los grandes proselitistas mundiales del ateísmo gracias al éxito de su libro Dios no es bueno. Ahora, ha recopilado en un volumen una serie de textos de otros escritores y filósofos, que según este periodista inglés ratifican sus argumentos «anti-Dios». Dios no existe. Lecturas esenciales para el no creyente (Debate) es una antología del pensamiento ateo ordenada cronológicamente, que incorpora voces de diferentes disciplinas y épocas, como las del poeta latino Lucrecio; filósofos como Spinoza, Marx o Hume; científicos esenciales como Albert Einstein o Carl Sagan, o ilustres de la literatura, como el recientemente fallecido John Updike.
«Ningún truco disipa este modo especial
de tener miedo, como la religión solía
intentar, ese inmenso, armónico brocado
apolillado, para hacernos creer que no moriremos».
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Londres, 10 jun (EFE).- Un innovador estudio realizado por psicólogos británicos a través de la red social Twitter ha puesto en tela de juicio la existencia real de los poderes paranormales como la telepatía o la telequinesia al señalar que «son los propios sujetos los que se crean estas ilusiones en su cerebro».Etiquetas: Ciencia, Materialismo

Puente Ojea también es un «ateo esencial»
El diplomático Gonzalo Puente Ojea fue embajador de España en el Vaticano y es uno de los autores más reputados sobre religión. Presenta su libro La religión,¡Vaya timo!
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Crece el escándalo por los abusos cometidos por la Iglesia irlandesa. Involucra a 35 mil chicos violados y maltratados en más de 250 institutos católicos.
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Mucho menos, horror de horrores, que en el film hubiera escenas eróticas. En la Argentina, la discusión también fue grande. Aunque en ese año ya no se prohibían películas, la presión de la Iglesia y algunos laicos hicieron que el film directamente no tuviera distribución. Lo curioso es que ni siquiera fue editado –por lo menos legalmente– en video ni DVD. Quien quiera verlo –es además un film muy bello y profundo– puede descargarlo de internet.
Lo primero que le pasó a Scorsese fue que varios estudios se negaron a financiarla, hasta que lo hizo Universal con coproducción francesa. Cuando esto se supo en Francia, el obispo de Nancy dijo que no debía permitirse rodar esa blasfemia en territorio galo. Se hizo, con mínimo presupuesto y bastantes problemas en Marruecos y en el estreno francés se rompió algún cine. Hubo prohibición en Chile, Filipinas y Sudáfrica. En otros países, tuvo la categoría máxima, cercana a la pornografía (en la Argentina primero se la calificó «prohibida para menores de 21» y luego se la recalificó «para 18»; hoy es «para 16»). El caso argentino es central: en primer lugar, las protestas de grupos católicos fueron tan fuertes que la distribuidora decidió no estrenarla en 1988, aunque tenía varias nominaciones al Oscar (entre ellas, Mejor Director). Luego, a principio de los 90, existió la posibilidad de estrenarla –para entonces, era un film largamente conocido por haber sido visto en Uruguay, donde se estrenó, y por copias piratas en VHS, amén de exhibiciones semiclandestinas en universidades). No se pudo. Cuando lo intentó el canal de cable Space en 1996 (se sabe, uno el cable lo paga y elige libremente qué ve o qué no), un grupo laico vinculado con el Opus Dei pidió su prohibición. De hecho, ya había sido prohibida en un territorio argentino (la Catamarca de los Saadi) en 1988, cuya Senado exigió que no se exhibiera por «no responder a los intereses y a la real idiosincrasia» de los catamarqueños. Un año más tarde se autorizó su proyección, pero Space nunca la puso al aire «por las dudas». Luego se editó en VHS y DVD, lo mismo que la sátira católica Dogma, de Kevin Smith (La otra cara del amor).Etiquetas: Cine, Cristianismo