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  1. ¿Cómo no voy a amarlo?

    miércoles, julio 14, 2010



  2. © Íñigo Ongay

    Resumen del artículo publicado en El Catoblepas

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    Con el artículo titulado […] «Dice el necio que el necio dice en su corazón ‘hay Dios’ (I)», publicado en el número 86 de la revista El Catoblepas, don Desiderio Parrilla Martínez, profesor de Filosofía de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, ha tenido a bien ofrecer una respuesta «en forma», extensa, detallada, al ateísmo esencial [...] defendido por Gustavo Bueno en su libro La fe del ateo (Temas de Hoy, Madrid 2007); una respuesta, sin duda que «crítica» por su alcance que, de dar por buenas al menos las palabras de su autor, habrá de hacer mella asimismo en el propio corazón doctrinal del materialismo filosófico desde el que dicho ateísmo esencial total estaría dibujándose. […] Ya contábamos en las páginas de esta misma revista [...] con otro trabajo firmado por el propio Parrilla que, bajo el título «¿Cómo traducir el apotegma credo quia absurdum?» habría sentado […] las bases de la labor demoledora que su autor pretendería llevar a cabo respecto a las premisas esenciales del materialismo filosófico. Una labor que, a juzgar por la «Parte prospectiva» que don Desiderio encaja en el índice de su «Dice el necio...», alcanzará, suponemos que en el momento indicado, a ofrecernos una prueba «antilogicista» de la existencia de Dios ejecutada desde el Realismo filosófico del que el propio autor parte.

    […] Lo que nos proponemos es, sencillamente, criticar su crítica y hacerlo así, por lo demás, desde las propias posiciones que Parrilla ha tratado de triturar.

    Ahora bien, una «crítica» (es decir, una clasificación) no puede en ningún caso ejecutarse desde el conjunto cero de premisas. [...] Y […] el trabajo de Parrilla […] aparece elaborado […] en virtud de las premisas ontológicas y gnoseológicas propias del «Realismo filosófico» desarrollado por autores como […] Esteban Gilson, Cornelio Fabro o Leonardo Polo. A esta nómina de precedentes, como es natural, Desiderio Parrilla gustaría de añadir –insistimos: emic– al mismo Santo Tomás de Aquino, sin perjuicio de las recaídas en el logicismo que al «Realismo filosófico» de Polo y de Parrilla le es dado detectar en las obras del Doctor Común. Y es que, ya sabe, nadie es perfecto... salvo, suponemos, el Ens Perfectissimum.

    Con ello, como se advertirá, vistas ahora las cosas desde el punto de vista etic, estará don Desiderio razonando desde [...] el […] «espiritualismo simple o asertivo», es decir […] que, sin negar por principio la existencia de vivientes corpóreos o incluso de cuerpos no vivientes (y aun dando enteramente por supuesta dicha existencia, a título por ejemplo de términos a quo en la línea del regressus como en las cinco vías tomistas o en la prueba ejecutada por Aristóteles del Motor Inmóvil desde la consideración de la eternidad del movimiento del mundo), contempla sin embargo, en alguno de sus tramos, la existencia de vivientes incorpóreos tales como puedan serlo inteligencias separadas, ángeles, demonios, Dios Padre, las almas del purgatorio, &c.

    Y más, […] estaría abriéndose paso desde las coordenadas esenciales de la filosofía exenta por modo dogmático o escolástico{4} […] tal y como esta tradición ha venido siendo administrada por una institución totalizadora como pueda serlo la Iglesia Católica Romana (incluyendo, por ejemplo, al Opus Dei o a los Legionarios de Cristo) […].


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    […] Nosotros ciertamente hemos de empezar por renunciar absolutamente a entrar a valorar lo que pueda dar de sí la «parte» prospectiva del trabajo de Parrilla y ello por la sencilla razón de que, fuera al menos de la ciencia media, dicha parte de su artículo simplemente no existe más que como parte intencional, es decir, no existe más que pintada o contenida en el más íntimo de los Secretum mentis de la subjetividad de don Desiderio […].

    La «refutación» del ateísmo esencial contenida en el trabajo de Desiderio Parilla sigue, esencialmente, la pauta siguiente: la idea de Dios carecería de esencia lógica (aunque, al parecer, podría tenerla muy bien «extralógica») en cuanto idea real y en este sentido, desde luego, no podría ser considerada como tal idea real –cosa que al Realismo filosófico no le duelen prendas en reconocer al ateísmo esencial– pero, eso sí, no tanto por constituir –como habría sostenido Gustavo Bueno– una pseudoidea compuesta de notas incompatibles entre sí, cuanto por representar un Principio que resultaría de una ampliación trascendental de nuestro conocimiento habitual del ser personal humano. En cuanto que tal Principio, según sigue afirmando don Desiderio, Dios ocupará sin duda una posición transcategorial que hará parecer vano, pueril, inane, al menos fuera del estrecho logicismo que se habría consolidado en la tradición filosófica a partir de Escoto, pretender contemplar las contradicciones que supuestamente mediarían entre las diferentes notas constitutivas de la esencia divina (entre sus atributos), o también entre tales notas y la existencia de las criaturas, puesto que la verdadera contradicción, ella misma responsable de todas las anomalías detectadas por el ateísmo esencial, no será ahora otra que la propia consideración de Dios como una idea.

    Y es que, en efecto, es esta concepción de Dios como pseudo-idea la que aparecerá ahora, a la luz irradiada por los presupuestos del Realismo, como una pseudo-idea o una para-idea de «orden superior». En este sentido, sería, parece reconocerse, mérito principal del Materialismo filosófico haber contribuido a aquilatar, por modus tollens, las nefastas consecuencias que se siguen del logicismo esencialista escotista, aunque sea explorando tales consecuencias hasta su aberrante final. Así al menos, parece insinuarse, otros, acaso tentados de incurrir en logicismos similares, podrán escarmentar en cabeza ajena.

    Pero si Dios no es una esencia lógica compuesta de una pluralidad de notas o atributos, ni, como lo sostiene expresamente nuestro autor, tampoco lo parece, no resultará por más tiempo posible tratar de «demostrar» la existencia de Dios a priori, partiendo, como tiende a hacerse en los argumentos anselmianos, de la perfección de la idea de Dios (pues tal cosa no existe), aunque pueda muy bien, probarse tal existencia a posteriori, sin apelar a su esencia, por mucho que tales argumentos –por ejemplo, y suponemos que muy principalmente, las cinco vías tomistas– no nos ofrecen tanto la idea, cuanto el nombre de Dios.

    […] Sucede sin embargo que no está en modo alguno nada claro qué quiera decir Parrilla con eso de que Dios no es tanto una idea cuanto un principio. […] Ante todo, porque la propia idea filosófica de principio, lejos de comparecer como una noción unívoca, es al menos análoga, queriendo por lo tanto decir diferentes cosas en diferentes contextos. […] No estará, creemos, fuera de lugar exigir algo más de claridad al respecto de lo que se quiera decir en este punto. Más en particular, y tomando, para mejor así argumentar ad hominem, como referencia de análisis la doctrina aristotélica tal y como esta misma permaneció operando sobre el tomismo tradicional, no sería lo mismo referirse, por un lado, a los principios del orden del conocimiento que a los principios del orden del ser.

    Así, mientras que los principios del ser podrían ser tanto intrínsecos (como puedan serlo la materia y la forma sustancial según la doctrina del hilemorfismo) como extrínsecos (las causas finales y eficientes) a un compuesto dado, los principios del conocimiento, de acuerdo a la doctrina aristotélica de la ciencia silogística, habrían de ser las proposiciones fundamentales de las que partiría todo proceso deductivo, proposiciones que por cierto no podrán a su vez ser demostradas pues que en tal caso, al tener que demostrarse por sus conclusiones (y, realmente, ¿cómo si no habrían de probarse tales principios?), parecería que todo podría ser demostrado circularmente. Consecuencia que desde luego a Aristóteles le interesaba bloquear a toda costa desde su concepción proposicionalista de la ciencia{5}. Tal y como lo señala Gustavo Bueno:

    «Ahora bien, si los principios del silogismo tuvieran que demostrarse por sus conclusiones (circularmente), parece que todo podría ser demostrado (pues las conclusiones formales serían, por serlo, las que apoyaban a los principios circularmente, por el hecho de haber sido deducidas de ellos); y si los principios del silogismo tuvieran a su vez que demostrarse por otros silogismos, parece que nada podría ser demostrado. Luego es necesario –concluye Aristóteles– que se den unos principios (distintos de las conclusiones y de la cadena silogística) procedentes del “exterior” de los cursos silogísticos formales; estos principios introducen la materia en el proceso científico.»{6}

    Ahora bien, damos por evidente que el Dios, ya sea el Dios ontoteológico de la Teología preambular, ya sea el Dios terciario de la Teología positiva católica, no es ni puede ser un principio del ser en el sentido intrínseco reseñado (y si lo fuera, es decir, si Dios fuese la forma sustancial de los compuestos hilemórficos, o bien la materia prima, entonces sin duda recaeríamos en el panteísmo o, incluso, en doctrinas como las defendidas en su momento por autores como pueda serlo David de Dinant, &c.). Pero entonces, ¿podrá acaso sostenerse que Dios es un principio del conocimiento?

    No sin duda, si hemos de atenernos a la doctrina del Doctor Angélico. Pues según Santo Tomás […] Dios mismo, sin perjuicio de comparecer sin duda como el Ser más excelente (es decir, como un Primum ontológico), no es ciertamente el Primum cognitum{7} del entendimiento en Teología Natural (no revelada) toda vez que este mismo, por lo menos in statu vitae, estaría representado más bien por la esencia de las substancias materiales, es decir, el mundus adspectabilis ordinario. Y es justamente desde ese mundus adspectabilis y a su través que el entendimiento de la criatura deberá, procediendo a posteriori según las vías ab effectibus ad causam, arribar regresivamente como a su término ad quem, a ese Ser al que «todos llaman Dios» y que se presupone, no se sabe muy bien por qué razones, es exactamente el mismo, con unidad numérica, para cada una de las vías. Con ello, nos parece evidente que Santo Tomás estará dando en todo momento por descontado que el Ipsum Esse Subsistens constituiría en todo caso un Summum Cognitum y no, sin duda, un Primum. De esto se dimana asimismo que, juzgando desde la perspectiva del tomismo,

    «Dios no es una idea simple primera, ni un principio primero, sino una idea compuesta de otras, o una conclusión»{8}.

    En Teología positiva por el contrario, Dios (o al menos la «revelación» de la que Dios hace partícipes a los hombres) puede figurar como un Primum cognitum en la medida en que Santo Tomás, precisamente procurando justificar el encaje de la doctrina sagrada respecto de los rigurosos criterios gnoseológicos ofrecidos por la teoría aristotélica de la ciencia, percibió como necesario poder retrotraer dicha doctrina, como a su contexto gnoseológico subordinante en el sentido de Aristóteles, a la Scientia Dei et beatorum, pero, eso sí, sólo a precio de disolver el carácter propiamente filosófico («de razón natural») de la conclusión teológica pues ahora, esta misma remitirá tan solo a principios que, por sí mismos, son «de fe». De otro modo: justificar la condición de Dios como principio del conocimiento en razón de la subordinación de la teología positiva a la revelación, a la ciencia de los beatos o a la propia ciencia divina supondría pedir enteramente el principio puesto que, presuponemos, la ciencia divina no existe por la sencilla razón de que Dios no existe tampoco.

    Sin embargo, Dios, visto ahora como una conclusión (más que como un principio) en el plano del conocimiento, podría, eso sí, ser considerado como un principio en el plano del ser si por tal entendemos un principio causal extrínseco, sea en sentido final, sea, sobre todo, en el sentido eficiente. Este es sin duda el camino recorrido por Santo Tomás en sus cinco vías, y es también, si no nos equivocamos en el diagnóstico, el camino que el Realismo filosófico ha podido transitar manteniéndose con ello en todo momento en la «mente del Angélico». En esta dirección, es justamente en tanto que creador del mundo ex nihilo sui et subjecti y también como conservador de todas las criaturas sobre el abismo de la nada del ser que Dios aparecería como principio. Y no se tratará tanto de demostrar –como de todas maneras nos veríamos forzados a hacerlo si procediésemos según la conclusión teológica dogmática– la existencia de Dios, ex consideratione novitatis mundi, puesto que el mundo podría ser muy bien eterno (posibilidad que Santo Tomás siempre consideró abierta para la razón natural), pero aunque lo fuese –es decir aunque fuese eterno según el tiempo– seguiría siendo creado por el Ser por esencia desde su propia eternidad. Desde tal punto de vista, ciertamente, la propia creación del mundus adspectabilis (del «ser por participación») por mano del Ipsum Esse (del «ser por esencia») podría muy bien comenzar a verse, desde el tomismo, en tanto que «producción del ser en cuanto ser», y ello frente a todas las demás producciones llevadas a términos por las causas segundas que propiamente no comprometerían al ser en cuanto ser sino, todo lo más, a tal ser o a tal otro{9}. Habría, en resolución, que darle la razón a F. Ocáriz cuando concluye:

    «La creación implica además –y sobre todo– una situación metafísica de la criatura: ser criatura no es sólo ni principalmente tener principio en el tiempo, sino que además indica ser sin ser el Ser: tener el ser implica la composición real de essentia y esse que lleva consigo la total dependencia de la criatura con respecto a Dios en el plano más radical: el del ser, y como consecuencia, también en el plano del obrar, ya que operari sequitur esse; es decir, en cuanto el actuar es un modo del ser.»{10}

    Ahora bien, esta consideración de la idea de creación ex nihilo (sobre cuya inteligibilidad, dicho sea de paso, nos permitimos comenzar por dudar{11}) nos pone muy cerca de las vías a posteriori recorridas por Santo Tomás. Y efectivamente es muy cierto (desde nuestra perspectiva) que las vías tomistas permiten, dadas sus premisas, remontarse con total comodidad regresiva desde la inmanencia del plano fenoménico a un principio causal ad quem al que, por hipótesis, «todos llaman Dios». Este regressus se configura, para el caso del sistema «pentalineal» de las vías tomistas, como cinco metábasis o pasos al límite independientes entre sí (vía del movimiento, de la eficiencia, de la contingencia, &c., &c.) que terminan por «desembocar», en virtud de una confluencia dialéctica ejecutada por catábasis{12}, en una sola referencia dotada, por así decir, de unidad numérica: y es esta referencia, sinalógicamente idéntica para cada una de las vías, lo que, se supondrá, todos llaman Dios.

    Con todo, lo que sucede en rigor es que cuando las cosas se plantean de este modo, la primera cuestión que se abre camino es la siguiente: ¿es siquiera posible interpretar a Dios como un principio del Ser en este sentido, es decir como una causa eficiente primera, cuando es el caso de que por aparecer como absolutamente infinita y también absolutamente simple, tal causa habría de anegar en su seno, abismándolos, sus propios efectos y ello, al precio de hacerse, a la postre, incompatible con ellos? Nos parece, en este sentido, que muy difícilmente podrá considerarse al Dios ontoteológico, obtenido por Santo Tomás en el límite de un regressus sobre el plano fenoménico, a título de principio (en sentido ontológico) del mundus adspectabilis desde el momento en que este mismo «principio», de existir como tal causa primera, haría imposible, por razones ontológicas bien diáfanas –y por cierto, ya recorridas a su modo por Parménides– la existencia «extra-causam» de toda criatura que no sea igualmente infinita. Tal regressus desde el mundo comprometería inmediatamente, tras su paso al límite, cualquier posibilidad de recuperar en el progressus todo «principiado», con lo que, no se trataría tanto de que Dios exista como principio cuanto de que si esto es así, es decir, si Él existe, lo que ya no podría existir con él (esto es: co-existir) en modo alguno es el propio mundo del que habríamos partido originalmente a quo. De otro modo: si el Máximo (para decirlo con Nicolás de Cusa) es un principio, entonces un tal Máximo es al mismo tiempo el Único.



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    Pero lo principal es lo siguiente: que aunque diésemos por supuesto ad hominem que Dios es desde luego un principio ontológico en el sentido indicado, no por ello, tal principio demostrado a posteriori desde el mundo, dejaría de aparecer como una quididad, esto es, como una esencia real (por hipótesis: realísima) que, al cabo, terminaría por identificarse con el propio Dios –pues en Dios no hay accidente ni nada en absoluto que difiera de su propia esencia{13}. Ahora bien, dicha quididad, sin perjuicio de la simplicidad que habría que presuponerle en todo momento, permitiría al entendimiento distinguir con fundamento in re por la parte del objeto una pluralidad de notas o atributos diferentes entre sí en las criaturas, y ello sin necesidad alguna de recaer en la doctrina –que no tenemos ningún inconveniente en calificar de «logicista» si don Desiderio insiste en ello– de la distintio formalis a parte rei expuesta por Escoto. Simplemente sucede que la distinción lógica de los atributos divinos está plenamente fundada y justificada, incluso por la parte del objeto, ya que:

    «Si bien en Dios la naturaleza y los atributos son en todo uno y lo mismo, a causa de su infinita perfección, equivalen a las innumerables realidades dispersas y distintas en las criaturas, cuya operación no es la esencia, y cuya esencia no es la existencia, &c. Tenemos, pues, por parte del objeto fundamentos reales para nuestras distinciones mentales.»{14}

    Es más, Dios en cuanto que tal esencia o quididad poseerá de una manera eminente, sin límite alguno, todas las perfecciones que puedan encontrarse en las criaturas (pues Él es, según el Concilio Vaticano I, Omnique perfectione infinitum) y aunque dichas perfecciones no estorben la simplicidad indivisa de la esencia, no por ello, dejará de ser enteramente legítimo distinguir en tal quididad su «ciencia» de su «infinitud», su «bondad», su «inmutabilidad», &c., &c.

    Y de hecho, como es bien conocido, la esencia, considerada como ella misma «posible», del Ens Perfectissimum representa, por así decir, el punto fundamental de arranque de todas las modulaciones de lo que Kant llamó «argumento ontológico» de la existencia de Dios [...]. Contra semejante argumento, al que desde luego nosotros comenzamos por reconocerle entera beligerancia crítica desde las posiciones propias del ateísmo esencial, ninguna fuerza pueden hacer las razones de Kant o de Gaunilo, pues estos filósofos, operando en este punto a la manera de verdaderos «insensatos» anselmianos, ni siquiera fueron capaces de reconocer la distancia que media entre unas «islas maravillosas» o «cien taleros posibles» y el Ens Realissimum ac Perfectissimum cuya esencia, presupuesta como necesaria, no puede ser sin contradicción meramente contingente.

    […] Suponer que la existencia de Dios no es absolutamente evidente quoad nos es algo que sólo puede hacerse si, a su vez, se comienza por desconectar, confusamente, su esencia de su existencia. Mas entonces, si tal desconexión es ciertamente posible (aunque, insistamos, ilegítima) para nosotros, esto, sólo querría decir que el argumento ontológico no es, en la tradición tomista, un argumento originario, quoad nos, y ello sin perjuicio de que una vez obtenida la esencia de Dios por otras vías, la propia conexión necesaria –secundum se– entre dicha esencia y su existencia real quedaría enteramente reconstruida dado que Dios en su calidad de Esse tantum, esto es precisamente por aparecer como el Ser por esencia, no puede no existir. Por eso no tiene ningún sentido sostener que Santo Tomás rechazó el argumento ontológico si tras ello, no se aclara inmediatamente que sólo lo rechazó para mejor así recuperarlo de otro modo:

    «Por consiguiente digo que la proposición “Dios existe”, en sí misma, es evidente, porque en ella el predicado se identifica con el sujeto, ya que Dios es su mismo ser. Pero con respecto a nosotros que desconocemos la naturaleza divina, no es evidente, sino que necesita ser demostrada por medio de cosas más conocidas de nosotros, aunque por su naturaleza sean menos evidentes, es decir, por sus efectos.» (Suma teológica, I, q. 2, a. 1, in c.)

    En estas condiciones, se sigue de lo dicho que sería una contradicción negar la existencia del Ipsum Esse subsistens al identificarse en él, pero no en los taleros kantianos o en las islas fabulosas del Liber pro-insipiente, su esencia y su existencia, con lo que Dios seguiría siendo, aunque sólo sea secundum se, una esencia necesaria.

    Ahora bien, si ello es así, ¿no se deberá a que se está dando en todo momento por sobre-entendido, en el ejercicio, que tal esencia necesaria es al mismo tiempo posible? Y ello porque si fuera el caso que ciertos atributos suyos como puedan serlo el ser y la infinitud (pero también su omnisciencia, o su omnipotencia, o su providencia, &c., &c.), fuesen incompatibles entre sí o con el mundo, entonces la propia esencia quedaría internamente pulverizada, triturada hasta su desaparición como tal esencia real (sea en el orden lógico sea también –y muy señaladamente– en el orden real), y ello en virtud del mismo argumento ontológico que como hemos visto Santo Tomás no rechaza ni puede rechazar en sí mismo. De donde, nos parece, no podría sino seguirse la siguiente conclusión: Dios no es desde luego una idea, pero no lo es no por ser un principio ontológico del ser (en cuyo caso el mundo no podría existir) sino porque ni siquiera es una esencia (ni lógica ni extra-lógica) y sí, más bien, una conjunción inconsistente de atributos incompatibles unos con otros y con el mundus adspectabilis.

    Sin embargo, cabría preguntar desde el «Realismo antilogicista», ¿por qué comenzar a tratar a Dios, que como tal Principio por fuerza habría de aparecer como «ahipotético», a la manera de una esencia «lógica» en lugar de conceptuarlo como un ser real en sentido extramental?, ¿no supondría esto jugar según el «reglamento» del logicismo que, «arriesgándonse a tener siempre razón», sólo parece capaz de encontrar «contradicciones» allá donde él mismo las ha introducido previamente, en un ejercicio de «metafísica prematura»? Cuando nos alejamos de las premisas del logicismo podrá concluirse que Dios, en la medida misma en que aparece como un Principio transcategorial, inevitablemente rebasará con mucho, sin perjuicio de su existencia extramental y precisamente por ella (es decir por ser su existencia efectivamente extra-mental), las nociones que sobre Él podamos fabricarnos. Esta circunstancia no significará, desde la perspectiva del Realismo filosófico, que la esencia divina sea contradictoria aunque desde luego se nos aparezca como oscura y confusa quoad nos, o incluso como constitutivamente paradójica dado ante todo que las buenas dosis de oscuridad y confusión que permanecen envolviéndola serán en todo caso el resultado de un «Misterio». […].

    Mas semejante planteamiento no tendría sentido alguno (o peor: tendría el sentido que es propio de una petición de principio) si comenzáramos por retirar no ya la existencia de Dios sino, justamente, la existencia de la esencia divina. Lo que con ello queremos decir es lo siguiente: no es dable comenzar por tratar a Dios como Acto de ser en su existencia «extra-lógica» o «real» por la sencilla razón de que es esta misma existencia la que, según se ha demostrado, resulta imposible. Y si don Desiderio afirma tener constancia de ella, tal «evidencia» que, según se ve, resultará «captable inmediatamente» tendrá forzosamente que haberle llegado a nuestro interlocutor por otros canales distintos que por sí mismos tendrán muy poco que ver con el Ipsum Esse Subsistens. Suponemos que don Desiderio no dispone de fuentes privilegiadas de conocimiento acerca de la naturaleza divina (puesto entre otras cosas que si dispusiera de revelaciones particulares de las que se hubiese hecho acreedor no se sabe muy bien por qué razones, la discusión no podría continuar o cambiaría enteramente de signo) [...], o podrá también tener «evidencia», emic, del carácter sacramental de un mundo en el que pueden «leerse» los vestigios de la divinidad{16}, pero no, en modo alguno, del Dios terciario cuya existencia se habrá retirado tras la destrucción de su esencia. Y la cuestión principal en este punto reside en que, retirada dicha existencia, por razón de su imposibilidad, las «evidencias» de las que parte nuestro interlocutor deberán inevitablemente reinterpretarse de otro modo, en particular desde un marco de referencias ontológicas entre las que ya no podrá figurar la idea del Dios terciario. Y es que como sostiene con toda razón Desiderio Parrilla:

    «Nadie, absolutamente nadie (ni Luis de Molina, ni Báñez, ni Fray Luis de León, ni Prudencio Montemayor, ni Kilber, ni...) tiene ni idea sobre Dios ni sobre la Libertad divina y, menos que nadie, Gustavo Bueno. Contra San Anselmo nadie tiene cierta idea de Dios, dado que Dios es un Principio sin ideado.»

    Ciertamente frente a tal declaración por parte de Desiderio Parrilla, lo único que podemos hacer por nuestra parte es convenir en que en efecto nadie, tampoco Gustavo Bueno, tiene ninguna idea de Dios de donde se sigue que nadie, incluyendo a Leonardo Polo y sus seguidores, se refiere a nada en absoluto al pronunciar el nombre del Altísimo y no tanto porque tal nombre carezca de sentido cognitivo genuino o genere pseudo-proposiciones en el sentido de Carnap, sino más bien porque lo que tal nombre denota es en realidad una pluralidad de ideas incompatibles entre sí.


    4


    Pues muy bien. Todos sabemos más o menos lo mismo acerca de Dios como esencia real, a saber: nada. En estas condiciones, y dando enteramente por evidente que Desiderio Parrilla no puede apelar a canales diferentes y privilegiados de conocimiento (de otro modo: dando por descontado que don Desiderio no es desde luego un iluminado en pleno delirio gnóstico) ni dispone tampoco de ninguna evidencia del Actus essendi (pues esta evidencia es imposible), lo que nos parece que se sigue de ello es que, así las cosas, Parrilla debería de tratar de demostrar que Dios puede existir aun siendo contradictorio. Esto es, Parrilla debería tratar de disolver –por mucho que ello signifique «jugar con el reglamento logicista»– las contradicciones, a nuestro juicio irrevocables, que se derivan de la conjunción de los diferentes atributos divinos así como del ensamblaje ad hoc del Dios ontoteológico de tradición aristotélica con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob de las religiones terciarias. En particular, haría muy bien don Desiderio en explicar cómo es posible que Dios, desde su eternidad y su simplicidad absoluta, pueda de hecho crear el mundo en el tiempo, o cómo puede un Ser perfecto desear absolutamente nada, o cómo es posible que un Ser que se comienza a conceptuar como omnipotente sea incapaz de transferir la virtud creadora a las propias criaturas, o también cómo es que Dios, desde su omnisciencia y omnipotencia, puede hacerse compatible con la existencia del «pecado de Judas» sin que tal pecado pueda reputarse tan obra de su providencia como la conversión de San Pablo. Y resulta forzoso añadir que mientras nuestro autor no remonte estas contradicciones por vía argumental, las «ironías» más o menos humorísticas, cuyo ingenio no negamos, que nos ha venido ofreciendo sobre tablas como las contenidas en el extraordinario trabajo de Javier Pérez Jara, «Materia y racionalidad. Sobre la inexistencia de la Idea de Dios», no tendrán, por sí mismas, más alcance que el que cuadra a la furia fideísta y anti-filosófica de una suerte de San Pedro Damián redivivo que quisiera alejar a los sencillos de la sabiduría del mundo bajo el muy paulino eslogan «alejaos de necias filosofías». Pero las contradicciones no desaparecen por eso.

    [...]

    Todo ello, creemos, da buena muestra del grado de cercanía que las posiciones de Parrilla mantienen con respecto a la falsa conciencia (siendo sí, el «cerrojazo teológico» una de las manifestaciones posibles de la misma); una falsa conciencia entendida en el presente contexto como una suerte de «atrofia» de la capacidad autocorrectora de un sistema de ortogramas en ejercicio tal que cualesquiera materiales conflictivos o contradictorios respecto del tal ortograma, puedan, ahora, quedar encapsulados […] de tal suerte que ante una masa crítica de contradicciones envueltas en la esencia del Dios terciario, un teólogo […] podrá sin duda «procesar» tales contradicciones sin necesidad ninguna de corregir sus posiciones de partida, simplemente enjaretando las anomalías a los presupuestos logicistas del adversario como también podría haberlas atribuido a las malvadas acechanzas de Satanás [...].

    Y nos parece muy bien. Queremos decir que quien no se consuela es, seguramente, porque dispone de un sistema de ortogramas suficientemente viciado como para poder dar cuenta de toda contradicción que se abra paso en el horizonte. Pero sea como sea, calcule don Desiderio que la esencia de Dios no va a dejar de ser contradictoria e inconsistente por ingeniosos que puedan ser los chistes –por no decir los insultos frailunos– con los que estime oportuno aderezar su celo antidialéctico. Chistes a los que, todo hay que decirlo, siempre será posible dar la vuelta añadiendo al lenguaje objeto un nuevo estrato metalingüístico del modo siguiente: «dice el necio que el necio dice que el necio dice en su corazón ‘hay Dios’».


  3. Adiós a Martin Gardner

    lunes, mayo 24, 2010


    Uno de los adalides del escepticismo contemporáneo, el deísta Martin Gardner, falleció el sábado. Alejandro Agostinelli lo recuerda en este perfil


    © Alejandro Agostinelli

    Publicado en Factor 302.4

    «Por desgracia la vida es corta, los científicos están muy ocupados y los chiflados se empeñan en escribir montones de libros y artículos», escribió alguna vez. Martin Gardner fue longevo y examinó por todos nosotros miles de libros, teorías, ensayos y afirmaciones de cientos de chiflados, farsantes y, desde luego, de autores buenamente convencidos de que sus ideas (ingenuas, delirantes, pseudocientíficas o todo a la vez) no sólo eran ciertas, sino que iban a poner patas arriba todo lo que la ciencia había dado por bueno en el inseguro, lento y provisorio proceso de crear conocimiento.
    Martin estudió filosofía en la Universidad de Chicago, se apasionó por las matemáticas y fue ilusionista aficionado. Pero, sobre todo, se consagró al periodismo científico y a la literatura. Publicó más de setenta libros. Fue su ópera prima, Fad and fallacies in the name of science (Modas y falacias en el nombre de la ciencia, 1957), la que animó al filósofo Paul Kurtz, al ilusionista James Randi, al psicólogo Ray Hyman y al sociólogo Marcelo Truzzi a crear en 1976 el CSICOP (hoy Committee for Skeptical Inquiry, CSI)), al que luego se iban a sumar Isaac Asimov, Philip Klass y Carl Sagan.
    Eran tiempos de extraña soledad para quienes decidieron hacer un hueco en sus rutinas para encender velas en la oscuridad.
    Hoy encontramos en cualquier librería, o podemos descargar de la web, cientos de títulos dedicados a desenmascarar falsas ciencias. Pues bien: Gardner estuvo entre los primeros y fue autor de las obras más lúcidas y documentadas, ocupándose de figuras, doctrinas y libros de creciente influencia antes de final de siglo XX, como la Cienciología de L. Ronald Hubbard, el psiconálisis de Sigmund Freud y sus seguidores, la locura de las abducciones, el auge de la cirugía psíquica, el creacionismo o la poco tranquilizadora afición de ciertos políticos a tomar decisiones basándose en el horóscopo.
    Gardner se hizo popular por divulgar la buena ciencia a partir de la mala o la falsa ciencia y por sus obras sobre juegos matemáticos, pero también fue autor de ensayos, filosofía y ficción. Escribió sus primeros artículos de divulgación científica en Scientific American (1956-1986). Sus columnas en The Skeptical Inquirer (1983-2002) fueron publicadas como obras de recopilación y traducidas al español, entre ellas La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso (Alianza Editorial, 1988), Orden y sorpresa (Alianza Editorial, 1987), La nueva era. Notas de un observador de lo marginal (Alianza Editorial, 1990) o Extravagancias y disparates (Alcor, 1993).
    Su estilo, ácido y frontal, fue polémico. Pero el rigor periodístico y bibliográfico con que pasaba revista a las disciplinas y autores que diseccionaba lo volvieron fuente de consulta obligada, incluso entre el mismo ambiente paranomalista que cuestionaba: Martin Gardner se convertía en especialista de cada tema que abordaba.
    En ¿Tenían ombligo Adán y Eva? (Debate, 2001), su última obra traducida al español, Gardner expresó su esperanza:

    «No espero que ninguno de mis libros, y tampoco éste, altere la manera de pensar de nadie, pero si alguna vez ayudan a un lector receptivo a descartar una creencia insensata, habrán servido para algo más que para proporcionar entretenimiento y risas a los escépticos».

    Falleció (…) [el] sábado 22 de mayo, en Norman, Oklahoma. Tenía 95 años.
    Quedan sus libros, que son mágicos: sus mejores lectores los convierten en un tesoro del que no se querrán separar.

  4. Llevar el Vaticano a la Justicia

    jueves, mayo 13, 2010


    © Sam Harris
    Publicado en Huffington Post
    Traducido por Anahí Seri

    Confieso que, como crítico de la religión, no he prestado suficiente atención al escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia Católica. A decir verdad, siempre me ha parecido poco deportivo apuntar a un blanco tan fácil. Este escándalo ha sido uno de los más espectaculares «goles en contra» en la historia de la religión, y no parecía que hubiese necesidad de mofarse de la fe en un momento en que ésta se encontraba tan vulnerable y humillada. Incluso retrospectivamente, es fácil comprender el impulso de apartar la vista: imagínese el lector a una madre y un padre beatos que envían a su queridísimo hijo a la Iglesia de las Miles Manos para que reciba instrucción espiritual, y se encuentran con que a éste lo violan y lo aterrorizan con amenazas del infierno para que mantenga el silencio. Y luego imagínese que esto les ocurre a decenas de miles de niños de nuestra época, y a innumerables niños a lo largo de mil años. Que el espectáculo de la fe se haya traicionado de un modo tan atroz es sencillamente demasiado deprimente para pensarlo.
    Pero siempre ha habido más aspectos de este fenómeno que deberían haberme llamado la atención. Pensemos en la ridícula ideología que lo hizo posible: la Iglesia Católica se ha pasado dos milenios demonizando la sexualidad humana hasta unos niveles inigualados por ninguna otra institución, convirtiendo en tabú los comportamientos más básicos, sanos, maduros, consensuados. De hecho, esta organización se sigue oponiendo al empleo de métodos anticonceptivos, y prefiere que las personas más pobres de la Tierra se vean bendecidas con las familias más grandes y las vidas más cortas. Como consecuencia de esta estupidez santificada e incorregible, la Iglesia ha condenado a generaciones de personas decentes a la vergüenza y la hipocresía, o bien a la fecundidad neolítica, pobreza, y muerte de sida. Añádase a este trato inhumano el artificio del celibato de clausura, y ya tenemos a una institución, una de las más ricas de la Tierra, que atrae con preferencia a pederastas, pedófilos y sádicos sexuales, los promueve hasta posiciones de autoridad y les concede un acceso privilegiado a los niños. Por último, consideremos que un enorme número de niños nacerán fuera del matrimonio, y sus madres solteras serán vilipendiadas allí donde dominan las enseñanzas de la Iglesia, gracias a lo cual miles de niños y niñas se entregan a orfelinatos de la Iglesia donde el clero los viola y aterroriza. Aquí, en esta maquinaria fantasmagórica, puesta en movimiento, a lo largo de los siglos, por los vientos de la vergüenza y el sadismo, nosotros los mortales podemos vislumbrar, al fin, la extraña perfección de los caminos del Señor.
    En 2009, la Comisión para Investigar el Abuso Infantil (CICA, por sus siglas en inglés), en Irlanda, investigó los sucesos de este tipo ocurridos en territorio irlandés. El informe es de 2.600 páginas. He leído tan sólo una pequeña fracción del documento, y puedo decir que cuando reflexiono sobre el abuso infantil por parte de los clérigos, es mejor no imaginar las sombras de la antigua Atenas y las lisonjas de un «amor que no se atreve a decir su nombre». Sí, sin duda ha habido pederastas caballerosos entre los sacerdotes, de aquellos que expresaban un afecto angustiado por chicos que iban a cumplir 18 años al día siguiente. Pero estas indiscreciones ocultan un continuo de abusos que llegan hasta una profunda maldad. El escándalo de la Iglesia Católica (bien podríamos decir, ahora, el escándalo que es la Iglesia Católica) incluye la violación y tortura sistemática de niños huérfanos y discapacitados. Las víctimas declaran haber sido azotadas con cinturones y sodomizadas hasta sangrar, a veces por varias personas, y luego se las volvía a azotar y se las amenazaba con la muerte y las torturas del infierno si decían algo sobre los abusos. Y sí, a muchos de los niños que estaban lo suficientemente desesperados y tuvieron la valentía de informar de estos crímenes, se les acusó de mentir y se los devolvió a sus torturadores para que los siguieran violando y torturando.
    Las pruebas sugieren que la desgracia de estos niños se vio facilitada y ocultada por la jerarquía de la Iglesia Católica a todos los niveles, llegando hasta el nivel de la corteza pre frontal del actual Papa. En su anterior capacidad como Cardenal Ratzinger, el Papa Benedicto supervisaba personalmente la repuesta del Vaticano a los informes sobre abusos sexuales en la Iglesia. ¿Qué hizo este hombre sabio y compasivo cuando se enteró de que sus empleados estaban violando a niños por miles? ¿Avisó inmediatamente a la policía, asegurando que se evitaría que siguieran torturando a las víctimas? Uno aún puede imaginar que se podría haber producido tal destello de cordura humana elemental, incluso dentro de la Iglesia. Sin embargo, se ignoraron quejas repetidas y cada vez más desesperadas referidas a abusos; se presionó a los testigos para que callaran; se alabó a los obispos que desafiaban a las autoridades laicas; y los sacerdotes delincuentes fueron trasladados, para que pudieran destrozar vidas frescas en parroquias donde no se sospechaba de ellos. No es exagerado afirmar que durante décadas (si no siglos) el Vaticano se ha ajustado a la definición formal de organización criminal, dedicada no al juego, la prostitución, las drogas u otro pecado venial, sino a la esclavización sexual de niños.
    Considérense los siguientes fragmentos del informe de la CICA:

    7.129 En relación con una escuela, cuatro testigos hicieron declaraciones detalladas de abusos sexuales, incluyendo violación en todos los casos, por parte de dos hermanos, y en una ocasión junto con un residente de más edad. Un testigo de la segunda escuela, de la cual había varios informes, describió cómo fue violado por tres hermanos: «me llevaron a la enfermería . . . me sostuvieron encima de la cama, eran animales . . . Me penetraron, yo sangraba». Otra víctima declaró que dos hermanos abusaban de él dos veces a la semana, determinados días, en los váteres junto al dormitorio:

    «Un hermano vigilaba mientras el otro abusaba de mí . . . (sexualmente) . . . luego se turnaban. Todas las veces acababa con fuertes azotes. Cuando se lo dije a un sacerdote durante la confesión, me llamó mentiroso. Nunca volví a hablar de ello.
    «Yo tenía que ir a la habitación del . . . (hermano X) siempre que él quería. Te pegaban si no ibas, y me hacía que lo . . . (masturbara). Una noche no . . . (lo masturbé) . . . y había otro hermano que me sujetó y me golpearon con un palo y me rompieron los dedos . . . muestra una cicatriz».

    . . .

    7.232 Los testigos declararon que pasaban mucho miedo por las noches cuando oían gritar a los residentes en los aseos, en los dormitorios o en las habitaciones de los empleados, cuando abusaban de ellos. Los testigos eran conscientes de que los otros residentes a quienes describían como huérfanos los pasaban especialmente mal:

    «Los niños huérfanos sufrían mucho. Yo sabía . . . (quiénes eran) . . por su talla, les preguntaba y ellos decían que venían de . . . nombra la institución . . . Estaban allí desde muy niños. Se oían los gritos desde la habitación cuando el hermano . . X. . . abusaba de ellos.
    Recuerdo una noche, yo no llevaba mucho tiempo y vi a uno de los hermanos en la cama con uno de los chicos jóvenes . . . y oí al muchacho gritando, llorando y el hermano . . X . . me dijo “si no te ocupas de lo tuyo, te pasará lo mismo”. . . .Oí a niños gritando, y sabes que están abusando de ellos, es una pesadilla para cualquier persona. Intentas huir. . . Yo tenía claro que eso a mí no me iba a ocurrir. Recuerdo a un niño que sangraba por detrás y yo decidí que de ninguna manera me iba a ocurrir a mí eso . . (violación anal) . . . Esas son las cosas que se me pasaban por la cabeza».


    Estos son los tipos de abusos que la Iglesia ha practicado y ocultado desde tiempos inmemoriales. Incluso el informe de la CICA se resistió a nombrar a los sacerdotes que habían cometido los delitos debido a presiones del Vaticano. Se siguen ocultando estas atrocidades.
    Lo que me ha sacado de mi irresponsable letargo en relación con estos asuntos son unos recientes informes de prensa y especialmente la elocuencia de mis colegas Christopher Hitchens y Richard Dawkins. Ambos han iniciado un esfuerzo público para que el Papa responda por la complicidad de la Iglesia en estos crímenes. Quiero aprovechar la ocasión para anunciar que Project Reason (Proyecto Razón), la fundación que mi esposa y yo hemos puesto en marcha para extender el pensamiento científico y los valores laicos, se ha unido a Hitchens y Dawkins (que forman parte de nuestro comité asesor) en el esfuerzo de acabar con la inmunidad diplomática que, según el Vaticano, protege al Papa de cualquier responsabilidad. Agradeceríamos mucho que nos apoyaran en esta causa.

  5. El código ateo

    viernes, mayo 07, 2010


    Un teólogo protestante promueve un ateísmo «humanista y humano»

    (C) Anahí Seri

    «La fe religiosa es una creencia en contra de la realidad. La fe atea es una creencia basada en la realidad»
    Paul Schulz

    Una señora de 84 años ha concertado una cita con su párroco. Quiere hacerle una pregunta muy importante a la que desea que éste responda dándole su opinión personal. «De acuerdo, lo intentaré», asiente el pastor. La señora pregunta: «¿Cree usted en la vida después de la muerte?», y se da cuenta de que el pastor vacila. «No quiero explicaciones teológicas, quiero que me dé su opinión personal». «No, no creo en la vida después de la muerte».
    Ambos siguen conversando durante dos horas sin que vuelva a salir el tema. Dos días más tarde, el párroco recibe una llamada telefónica de la hija de la señora. «¿Qué le ha dicho usted a mi madre?». El párroco se estremece, se arrrepiente de haber sido tan directo. Su interlocutora le explica lo sucedido: «Ayer me llamó mi madre para que fuera a verla. Había abierto una botella de vino, ella que nunca bebe, y quería que brindáramos. Me explicó: el pastor me ha dicho que no hay vida después de la muerte, que no hay juicio final ni infierno. Ahora puedo morir en paz».
    Con esta anécdota comienza el segundo capítulo de Atheistischer Glaube (La fe atea), el segundo libro de Paul Schulz, quien en 2006 ya había publicado Codex atheos. Die Kraft des Atheismus. Grundpositionen des abendländischen Denkens ohne Gott (Codex atheos. La fuerza del ateísmo. Las bases del pensamiento occidental sin Dios).
    Paul Schulz, nacido en 1937 en Francfort, se licenció en teología y se doctoró con una tesis sobre los Manuscritos del Mar Muerto. En los años ’70, fue párroco en la iglesia de San Jacobo de Hamburgo. En 1975 la Iglesia luterana evangélica inició contra él un proceso por herejía, entre otras cosas, por haber afirmado, desde su púlpito, que la existencia de Dios es «una consoladora invención de la criatura humana» y que la oración sólo es «una reflexión personal». En 1979 se vio privado de su ordenación como sacerdote y trabajó entonces durante unos años en la empresa privada, pero cambió de rumbo en 1995 con la fundación de una «academia de la tercera edad» desde la cual, intentando seguir el ejemplo de Sócrates, promueve un ateísmo humanista y humano.
    El libro Atheistischer Glaube (La fe atea) consta de siete capítulos, cada uno subdividido en cinco secciones, y estas 35 secciones corresponden a las 35 tesis de su Manifiesto ateo. El manifiesto parte de la idea de que el hombre debe rechazar a Dios para recuperar su autonomía como ser humano. Utiliza términos como «nacimiento racional» en relación con ese proceso de desprenderse de lo divino. Define la «fe atea» sobre tres niveles: el primer nivel consiste en aceptar la realidad como tal, sin Dios. El segundo nivel consiste en hallar la responsabilidad y el sentido de la vida de forma autónoma. El tercer nivel (meta nivel) apunta a una filosofía de la existencia más allá de la naturaleza. A lo largo del libro, se entra en más detalles relacionados con la vida, la muerte, la estética, el sentido de la vida. Cada capítulo comienza con una anécdota concreta como punto de partida para sus reflexiones. Lástima que los editores españoles no se hayan interesado por esta obra, que creo que podría atraer bastante interés entre los lectores de lengua castellana.

  6. El Papa debería ser procesado

    domingo, abril 18, 2010

    Benedicto XVI.
    Caricatura de Mechaín Doroteo. Visto en
    La Caja Negra.



    © Richard Dawkins
    Publicado en The Guardian, el 13/04/2010
    Traducción de
    Anahí Seri

    ¿Por qué la gente se sorprende cuando Christopher Hitchens y yo hacemos un llamamiento para que se procese al Papa? Hay un asunto del que debe responder.
    La pederastia no es exclusiva de la Iglesia Católica Romana, y Josef Ratzinger no es uno de esos sacerdotes que violaron a monaguillos abusando de una posición de dominio y confianza. Pero como tantas veces, es el subsiguiente encubrimiento, incluso más que los delitos originales, lo que deshonra una institución, y ahí el Papa está en un buen lío.
    El Papa Benedicto XVI es el jefe de la institución en su conjunto, pero no se puede culpar al jefe actual de lo que se hizo antes de que él asumiera el cargo. Salvo que en este caso particular, como arzobispo de Munich y como Cardenal Ratzinger, jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe (lo que antes se llamaba Inquisición), lo mínimo que se puede decir es que hay un asunto del cual debe responder. El último cuerpo del delito es la carta de 1985 facilitado por Associated Press, firmada por el entonces Cardenal Ratzinger, dirigida a la diócesis de Oakland en relación con el caso del Padre Stephen Kiesle.
    Dando palos de ciego de pura desesperación, los portavoces de la Iglesia están ahora echándole la culpa de su grave situación a todo el mundo menos a sí mismos, situación que uno de los portavoces oficiales compara con los peores aspectos del antisemitismo (y yo me digo, ¿cuáles son los mejores aspectos?). Entre los presuntos culpables figuran los medios de comunicación, los judíos e incluso Satanás. La Iglesia se está pertrechando detrás de un río de excusas aparentemente inagotable por haber faltado a su obligación legal y moral de comunicar unos delitos graves a las correspondientes autoridades civiles. Pero es la responsabilidad oficial del Cardenal Ratzinger a la hora de determinar la respuesta de la Iglesia frente a las acusaciones de pederastia, así como su carta en el caso de Kiesle, lo que dejar ver, de forma explícita, la auténtica motivación. Estas son sus palabras literales, traducidas del latín en el informe de AP:

    «Este tribunal, si bien considera muy significativos en este caso los argumentos presentados a favor de la dispensa, no obstante cree necesario tener en cuenta el bien de la Iglesia universal junto con el del demandante, y tampoco es capaz de minimizar el daño que la concesión de la dispensa puede provocar en la comunidad de los fieles de Cristo, sobre todo teniendo en cuenta la temprana edad del demandante».


    «La temprana edad del demandante» se refiere a Kiesle, que entonces tenía 38 años, no a la edad de los chicos a los que ató y violó (11 y 13 años). Queda muy claro que, junto con el guiño a la protección del «joven» sacerdote, la primera preocupación de Ratzinger, y la razón por la cual se negó a apartar del sacerdocio a Kiesle (quien siguió cometiendo delitos), era «el bien de la Iglesia universal».
    Esta costumbre de poner la imagen pública de la Iglesia por encima del bien de los niños que están bajo su protección (y eso es una forma muy suave de expresarlo) se repite una y otra vez en los casos de encubrimiento que están saliendo a la luz en todo el mundo. Y el propio Ratzinger lo expresó con claridad fulminante en esta carta que es un cuerpo del delito.
    En este caso, estaba negando la encarecida petición del obispo local de que se apartara del sacerdocio a Kiesle. Según el reglamento del Vaticano, de estos casos no debía informarse a las autoridades civiles sino a la propia Iglesia. La actual campaña en el sentido de pedir cuentas a la Iglesia es el motivo por el que acaben de cambiar este reglamento, a fecha de 12 de abril de 2010. Más vale tarde que nunca, como habría dicho Galileo en 1979, cuando el Vaticano finalmente se decidió a presentar sus disculpas de manera póstuma.
    Supongamos que el Ministro de educación británico recibiera, de una autoridad municipal de educación, un informe digno de crédito sobre un profesor que ata y viola a sus alumnos. Supongamos que, en lugar de comunicarlo a la policía, simplemente trasladara al delincuente a otro colegio donde éste siguiera violando niños. Eso ya sería gordo. Pero ahora imaginemos que justificase su decisión en términos como éstos:

    «Si bien considero muy significativos en este caso los argumentos presentados a favor del procesamiento, no obstante creo necesario tener en cuenta el bien del Gobierno junto con el del profesor que ha cometido los actos, y tampoco soy capaz de minimizar el daño que el procesamiento puede provocar entre los votantes, sobre todo teniendo en cuenta la temprana edad del demandante».


    En lo que falla la analogía es que no estamos hablando de un cura que ha cometido delitos, sino de muchos miles, en todo el mundo.
    ¿Por qué se permite a la Iglesia que se salga con éstas, cuando cualquier ministro a quien se pillase escribiendo una carta de este tipo tendría que dimitir inmediamente y de forma ignominiosa, y ser a su vez procesado? Un líder religioso como el Papa no debería ser diferente. Esta es la razón por la cual, junto con Christopher Hitchens, apoyo la investigación de Geoffrey Robertson, QC 1 y Mark Stephens. Estos excelentes abogados piensan que, para empezar, hay razones de peso para poner en duda el estatus del Vaticano como estado soberano, basándose en que aquello no fue más que una ocurrencia ad hoc motivada por la política interior italiana bajo Mussolini, y que la ONU nunca le ha concedido un estatus pleno. Si tienen éxito con este argumento inicial, el Papa no podría acogerse a la inmunidad diplomática como jefe de estado, y podría ser detenido al pisar suelo británico.
    ¿Por qué debería alguien sorprenderse, menos aún escandalizarse, cuando Christopher Hitchens y yo abogamos por que se procese al Papa si sigue adelante con su visita prevista al Reino Unido? Lo único extraño de nuestra propuesta es que tuviera que venir de nosotros: ¿dónde han estado los gobiernos del mundo todo este tiempo? ¿Dónde está su fibra moral? ¿Dónde está su compromiso con la justicia universal, la Ley que es igual para todos? El gobierno del Reino Unido, en lugar de ponerse del lado de las víctimas inocentes de la Iglesia Católica, está preparando darle la bienvenida a este hombre grotescamente mancillado en su visita oficial a nuestro país para que pueda «proporcionarnos una guía moral». Léase de nuevo: «proporcionarnos una guía moral».
    Por desgracia debo concluir pasando de los sublime a lo trivial, con una corrección necesaria de un error en otro periódico. El 11 de abril, el Sunday Times puso el siguiente pie de foto en portada: «Richard Dawkins: Arrestaré al Papa Benedicto XVI». Esto trae a la mente, y esa fue sin duda la intención, una imagen ridícula en la que yo agarro al pontífice con unas esposas y lo llevo a rastras. Fue duro, pero finalmente conseguí persuadir a ese periódico de Murdoch de que cambiaran el titular en su edición en línea.
    Dejando de lado los titulares inventados por subeditores ignorantes, nosotros vamos en serio. Debería ser un tribunal, un tribunal civil y no un tribunal eclesiástico encubridor, el que decidiera si el caso contra Ratzinger es tan grave como parece. Si es inocente, démosle la oportunidad de demostrarlo ante los tribunales. Si es culpable, que se enfrente a la justicia. Como cualquier otra persona.

  7. Jesucristo super...dotado

    sábado, abril 17, 2010



    Polémico crucifijo no será sacado de iglesia de Oklahoma pese a controversia


    Washington, 16 abr (EFE).- La máxima autoridad de la iglesia católica de San Carlos Borromeo, en el estado de Oklahoma, anunció que no sacará del templo un polémico crucifijo en el que los músculos abdominales de Jesucristo tienen la apariencia de un pene erecto.
    El controvertido crucifijo de unos tres metros de altura fue colgado frente al altar mayor de la iglesia en febrero y el escándalo ha llevado a muchos fieles a concurrir a otros templos.
    El declaraciones publicadas hoy por el diario The Oklahoman en su página de internet, el reverendo Philip Seeton señaló que el crucifijo fue pintado de acuerdo con ciertas normas específicas de la iconografía y el arte eclesiástico. Añadió que no lo preocupa la controversia y que hasta ahora no existe ningún plan para sacarlo del lugar que ocupa en la iglesia.
    Seeton admitió que como resultado del escándalo algunos fieles han decidido acudir a servicios en otras iglesias de la localidad de Warr Acres.
    “Hay algunas personas que se han ido de la parroquia. Hay otros que, aunque no les ha gustado (el crucifijo) han decidido quedarse”, manifestó.
    Según los críticos del crucifijo, éste muestra un pene que cubre la zona abdominal, pero Setton manifestó que se trata de un Jesucristo que muestra la distensión de sus músculos, no sus genitales. Seeton manifestó que “algunas personas han dicho que lo que ven es un pene, pero también hay otras que dicen no verlo”.
    Monseñor Edward Weisenburger, de la arquidiócesis de Oklahoma City, también manifestó que la Iglesia no tiene problemas con el crucifijo y que no ha recibido quejas por su instalación frente al altar mayor.
    Sin embargo, The Oklahoman aseguró hoy que esta semana recibió quejas de muchos fieles que dijeron estar indignados por lo que calificaron como “una presentación pornográfica” de Jesucristo.
    “El crucifijo es la gota que rebasó el vaso”, manifestó al diario Rita Cook, una de las fieles de la iglesia de San Carlos Borromeo durante más de 25 años en alusión a los recientes escándalos de pederastia que han afectado a sus sacerdotes.
    “Es una vergüenza para nuestro Señor. Una vergüenza para los feligreses... y también creo que avergüenza a nuestros visitantes”, añadió.
    El diario también citó declaraciones de Seannene Smith, quien dijo haber visitado la iglesia este viernes y haberse sentido horrorizada ante el crucifijo.
    “Creo en la libertad de expresión. Creo en la libertad artística. La iglesia es un lugar sagrado... pero me sentí abrumada, sorprendida y si no hubiese estado preparada me habría enfermado”, indicó.
    El crucifijo es obra del artista local Reggie Jaime, quien manifestó que no le preocupa la controversia.
    “No se puede evitar que alguien vea cosas”, señaló en declaraciones publicadas por The Oklahoman.

  8. La militancia de los ateos

    miércoles, abril 07, 2010

    Sobre el Congreso de Ateísmo celebrado en Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires, Argentina)

    © Mariana Carbajal
    Publicado en Página/12 el 3 de abril de 2010

    «El concepto de Dios es de un gran autoritarismo ideológico», sostuvo Fernando Lozada. Completamente pelado, y con una barba enrulada de varios centímetros que le cuelga desde la punta del mentón, este ingeniero mecánico y artista plástico, de treinta y pocos, parece un monje budista. Pero está claro que no lo es. Dice que milita para eliminar la «superstición» de la educación pública y que no cree en nada «sobrenatural». En su casilla de email todos los días recibe mensajes con insultos, que lo señalan como «demoníaco». Provocador, él se divierte. Ayer, poco después del mediodía, Lozada inauguró en esta ciudad, atiborrada de turistas pascuales, el II Congreso Nacional de Ateísmo, que finaliza mañana.
    «Elegimos la libertad, rechazamos el dogma», es el lema del encuentro. El debate por el derecho al aborto fue uno de los ejes de la primera jornada. «La lucha por el derecho al aborto es una lucha por el control de nuestros propios cuerpos», sostuvo la docente Ruth Zurbrieger, integrante de la colectiva feminista La Revuelta, de Neuquén, en uno de los paneles.
    La empatía que generan las religiones fue otro de los temas de discusión: el biólogo e investigador del Conicet Diego Golombek se encargó de responder la pregunta del millón: ¿Dios existe? «Sí, y está en nuestros cerebros», aseguró, tras mostrar con evidencia científica cómo el comportamiento neuronal favorece el fervor por la práctica religiosa. «El rezo activa áreas dopaminérgicas en el cerebro. Está avalado por estudios de imágenes cerebrales. Se siente placer al rezar. Es un comportamiento adictivo como el consumo de drogas», afirmó. También explicó que hay «casos de epilepsia que generan visiones, alucinaciones», y recordó que en distintas oportunidades estos cuadros «han sido aprovechados por muchas religiones». «En un ataque de epilepsia una persona puede hablar en otro idioma, que alguna vez escuchó. No tiene ningún diablo. No hay que exorcizarla. Simplemente, tiene epilepsia», indicó Golombek.

    Tras los pasos de Fort
    Más de 200 participantes llegados de distintas ciudades donde están floreciendo grupos de ateos colmaron las instalaciones del Teatro Diagonal, en el centro de la ciudad. Curioso: el mismo ámbito que durante el verano llenó Ricardo Fort con su show Fortuna. El teatro es propiedad de una biblioteca fundada por anarquistas españoles que el año próximo cumplirá 100 años. Hasta hace cuatro años lo alquilaban como templo evangélico. «Se fue Ricardo Fort y no quedó ni Dios», bromeaba Lozada ayer. Hace dos años, después del I Congreso que tuvo lugar también en esta ciudad, Lozada fundó la Asociación de Ateos de Mar del Plata. «Que se acostumbren a que existimos los no creyentes», lanzó desde el escenario.
    «¿Está creciendo el movimiento de ateos en el país?», le preguntó luego este diario.
    –No podría afirmarlo. Lo que sí observamos es que nos estamos organizando más. Hay grupos de ateos en Córdoba, La Plata, Rosario, Capital Federal y Mendoza, entre otras ciudades. Lo que nos falta es mayor reconocimiento social, que no seamos vistos como amorales por las personas que practican una religión.
    La encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas, que se hizo desde el Conicet en 2008, dirigida por Fortunato Mallimaci, detectó que hay en el país un 11 por ciento de «indiferentes» a la religión.
    –¿Qué objetivos tienen como ateos militantes?
    –Eliminar los prejuicios sobre los ateos, mostrarnos como sujetos potencialmente valiosos. Lograr la total separación de la Iglesia y el Estado, lograr un Estado laico. Eliminar los íconos religiosos de los lugares públicos y la religión de las escuelas públicas. La difusión de una ética humanista, que lucha por una sociedad más tolerante, más pacífica.
    Lozada abrió el Congreso con una ponencia sobre el ateísmo «adogmático». «Uno tiene que armar su propio sistema racional de creencias, construirlo permanentemente. Si es estático, es dogmático», señaló.
    Hoy está prevista, entre otras actividades, un panel sobre «sexualidad y género» con la participación de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).

    Apóstatas
    La fecha elegida para el encuentro no es casual. Mientras en el país –y en la mayoría del mundo occidental y cristiano– se disfruta de unos días de descanso impuesto por la liturgia católica, los ateos reunidos en esta ciudad prefieren resignificar el feriado. «Son muchísimos los feriados que estamos obligados a compartir», apunta Lozada. El Primer Congreso lo hicieron cerca del 8 de diciembre, Día de la Virgen, también jornada no laborable.
    Entre los concurrentes estuvieron ayer los porteños Andrés Miñones y María Eugenia Bengolea, integrantes de la Campaña de Apostasía Colectiva «No en mi nombre», que hace un año entregó en el Arzobispado de Buenos Aires más de un millar de firmas de católicos que quieren desbautizarse y así dejar de formar parte de la Iglesia. Bengolea hizo el trámite personal de la apostasía. Todavía espera una respuesta. «Queremos mostrar que hay un discurso opositor a la influencia de la Iglesia Católica sobre la vida privada», indicó Bengolea, activista Glttb. Miñones agregó: «Los preceptos morales que esgrime la jerarquía no se practican en la realidad. Se afirma que la Argentina es un país católico pero resulta que las personas católicas se divorcian, usan preservativos, tiene relaciones antes del matrimonio». Y abortan.


    ---

    La página del Congreso fue hackeada. Aquí una captura de pantalla de cómo se ve actualmente:

    Por otra parte, se reportaron agresiones a los organizadores. Ver aquí.


  9. Un abogado está estudiando denunciar a la Iglesia por la «posibilidad de que constituya una organización criminal». Al mismo tiempo, se están concretando las exigencias de que los casos de abusos se investiguen por parte del Estado.

    Publicado en Die Presse (Austria), 25.3.2010

    Traducido por Anahí Seri

    VIERNA- El abogado economista Georg Zanger se plantea dar nuevos pasos en la lucha contra los abusos en instituciones católicas. «Habría que pensar en presentar denuncias contra organizaciones de las instituciones eclesiásticas por la posibilidad de que se trate de organizaciones criminales». Esta denuncia se basaría en el artículo 278a del Código Penal austríaco e iría dirigida a la fiscalía.
    Son justamente estos antecedentes de hecho (con amenaza de 6 meses a 5 años de prisión) los que actualmente se les imputan, en un proceso en curso en Wiener Neustadt, a 13 defensores de los derechos de los animales. Zanger opina: «Pienso que el artículo 278 no está pensado exclusivamente para defensores de los animales». En su opinión, ahora habría que estudiar hasta qué punto hay una conducta organizada detrás de los ocultamientos que ha habido, y por tanto detrás de la violencia y los abusos sexuales.
    Zanger explica: «Si hay un solo educador detrás de los abusos, la situación es muy distinta de si estos hechos se han producido con el consentimiento de otros». Si en alguna de las instituciones resultara que los abusos son «inherentes al sistema», estaría justificada una denuncia conforme al artículo 278a del Código Penal austríaco.
    Hasta el momento, hay 15 personas que se han asociado para pedirle ayuda a Zanger, quien también quiere actuar en otro frente. Hace años, ya consiguió indemnizaciones en cantidades millonarias como abogado de víctimas del nazismo que habían sido obligados a trabajos forzados. Ahora podría actuar como defensor para las víctimas de violencia y abusos de la Iglesia. Opina que, en el caso de la Iglesia, a la larga no tiene mucha importancia el que las demandas hayan prescrito.
    Algunas víctimas también están pensando en reclamar indemnizaciones de las diócesis. Según informaciones de este periódico, se va a estudiar también una denuncia contra el cardenal Christoph Schönborn en cuanto responsable de la archidiócesis de Viena. Ahora bien, al margen de la cuestión de que los hechos hayan prescrito o no, a un obispo sólo se le podría demandar en su calidad de superior jerárquico si se pudiera demostrar que él debía tener «muy claro» que era previsible que el autor iba a seguir cometiendo delitos, como explica el especialista en derecho Helmut Fuchs.
    ¿Y cómo está el asunto de las indemnizaciones en cuanto al derecho civil? ¿Quién tiene la responsabilidad: el obispo, la diócesis? En opinión del experto en derecho privado Andreas Kletecka, sería muy difícil demandar a un obispo. Otra cosa es lo de las diócesis. Si el autor de los delitos es un sacerdote, se le debe considerar como representante de un organismo, la diócesis, contra la cual se podrían presentar demandas de indemnización. Hay un problema, que es que para personas jurídicas las demandas prescriben a los tres años. Para los autores del delito, hay un plazo de treinta años. La opinión de Kletecka sobre esta ventaja de la que gozan las personas jurídicas: «ahora mismo, el asunto se está debatiendo, está 50 - 50». Es posible que el Tribunal Supremo modifique la judicatura y amplíe el plazo de prescripción hasta los treinta años.
    Mientras tanto, se están concretando las exigencias de que los casos de abusos se investiguen por parte del Estado. Por una parte, se dice que hay que hablar tanto con los representantes de las víctimas como con la Iglesia. Jarolim, portavoz de justicia del SP (partido socialdemócrata), especifica más. Él pide una comisión de investigación constituida por cinco personas, que debería dirigir un presidente anterior del Tribunal Constitucional. A dos representantes los debería nombrar la Iglesia, y a otros dos las organizaciones de víctimas, afirmó Jarolim en televisión. La archidiócesis de Viena se muestra de acuerdo. Su portavoz Erich Leitenberger dijo que se cooperará al máximo con las instituciones del Estado.
    El ejemplo lo constituye Irlanda, donde ya se constituyó hace años una comisión de investigación en materia de abusos. Y también en Alemania: allí se ha formado ahora una mesa redonda sobre abusos infantiles, y se ha nombrado a la socialdemócrata Christine Bergmann como representante del Gobierno. La plataforma Afectados por la Violencia de la Iglesia apoyan la idea de una comisión estatal. La plataforma ofrece desde el martes un número de teléfono de ayuda a las víctimas.
    Por otra parte, la diócesis Gurk-Klagenfurt piensa recurrir, a partir de ahora, a las instancias estatales ante cualquier sospecha de abuso o maltrato. Si bien el derecho penal no establece en general la obligación de declarar los hechos, el obispo Alois Schwarz esclarecerá los hechos incluso en los casos que ya hayan prescrito de acuerdo con el derecho penal.


  10. Philip Pullella/Reuters
    Especial para UNO

    CIUDAD DEL VATICANO– El papa Benedicto XVI se disculpó ayer con las víctimas de abusos sexuales por parte del clero en Irlanda y anunció una investigación formal del Vaticano en las diócesis y seminarios irlandeses afectados por el escándalo.
    Las acciones del Papa en torno a las diócesis y seminarios del país europeo fueron los pasos más concretos adoptados desde que una ola de casos de abusos afectó a los cleros de Irlanda, Alemania, Austria y Holanda. Sin embargo, las medidas fueron recibidas con decepción por las víctimas en Irlanda.
    Una carta del Papa dirigida a la gente, obispos, sacerdotes y víctimas de abusos en la Irlanda mayormente católica no hizo referencia específica a los escándalos que involucran a iglesias de otras naciones, particularmente la natal Alemania del pontífice. «Ustedes han sufrido gravemente y sinceramente lo lamento (...) Expreso abiertamente la vergüenza y remordimiento que todos sentimos», dijo en la misiva sin precedentes en la que mencionó las denuncias de pedofilia en el clero irlandés. «Sólo puedo compartir el dolor y el sentido de traición que muchos de ustedes han experimentado al saber de estos actos criminales y pecaminosos, y de la forma en que las autoridades irlandeses los afrontaron», sostuvo.
    Benedicto XVI, en efecto, no abordó los numerosos llamados en Irlanda por una reestructuración de la iglesia en el país y no dijo que los obispos implicados en el escándalo deberían renunciar.
    Las víctimas irlandesas expresaron más tarde su profunda decepción.
    «Sentimos que la carta no logra abordar las preocupaciones de las víctimas», dijo a Reuters Maeve Lewis, del grupo One in Four. Indicó que la misiva papal se centra muy limitadamente en los sacerdotes irlandeses sin reconocer la responsabilidad del Vaticano. «No hay nada en esta carta que sugiera que exista cualquier nueva visión de liderazgo en la iglesia Católica», comentó.

    Dura crítica de organizaciones alemanas

    BERLÍN (Télam)– Organizaciones católicas alemanas criticaron ayer duramente al papa Benedicto XVI por la versión que ofreció de los casos de abuso sexual ocurridos en Irlanda y por su silencio frente a los casos que salieron a la luz en Alemania.
    «En lugar de un manejo efectivo de la crisis, el Vaticano ofrece el espectáculo de una institución autista: de acuerdo con esta autopercepción hubo sólo unos pocos perpetradores, que sucumbieron a la seducción de la época», dice un comunicado que la organización Iniciativa Iglesia de Abajo (Ikuvi) difundió ayer en Bonn.
    Para Ikvu, el Papa se niega a ver las causas estructurales de los hechos y los reduce a casos aislados. La organización exigió la formación de una comisión de investigación independiente de los poderes eclesiásticos para los casos alemanes, según el modelo al que se recurrió en Irlanda.

    Lo que el Vaticano no se atreve a reconocer.



  11. En Mar del Plata ya circula el primer colectivo ateo. Forma parte de la campaña de Ateos Mar del Plata quienes organizan un congreso que se realizará en abril en la ciudad feliz.


    Publicado en Perfil el 4 de marzo de 2010


    Las unidades de ocho líneas de colectivos del transporte público de pasajeros circulan por las calles de Mar del Plata con la leyenda «Probablemente Dios no existe, así que relajate y disfrutá la vida», en la primera versión argentina y también latinoamericana del «Autobús ateo». La campaña es organizada por Ateos Mar del Plata y tiene como objeto promocionar el Segundo Congreso Nacional de Ateísmo, por realizarse entre el 2 y el 4 de abril en esa ciudad balnearia con el lema «Elegimos la libertad, rechazamos el dogma».
    La principal empresa marplatense muestra desde el pasado martes el eslogan ateo en sus unidades durante 20 horas al día.
    Mar del Plata se convirtió así, según esa organización, en la primera ciudad de América Latina en la que circula el «autobús ateo». Sin embargo, esta iniciativa durará apenas 30 días, dado que el Concejo Deliberante local tiene en estudio un proyecto para prohibir toda publicidad, y no sólo ésta, del transporte público de pasajeros.
    Ni el obispado de Mar del Plata, ni las numerosas Iglesias evangélicas de la ciudad, se pronunciaron sobre la campaña supuestamente anticristiana. En tanto, la organización atea marplatense ya cosechó el apoyo la Asociación Civil de Ateos en Argentina (ArgAtea), que prevé llevar la campaña a otras ciudades del país.
    «En la vía pública se ven muchas afirmaciones acerca de la existencia de divinidades y sus propiedades y nadie piensa que puede ofender a un ateo. Por eso, la campaña no debería ofender porque planteemos la posibilidad de que lo sobrenatural sea sólo ficción», explicó a la prensa Fernando Lozada, presidente de Ateos de Mar del Plata.
    El primer autobús ateo recorrió las calles de Londres en marzo de 2009 por iniciativa de una periodista, que logró en breve lapso del apoyo del científico evolucionista Richard Dawkins y organizaciones de derechos humanos. Luego se extendió a otras ciudades británicas por el aporte voluntario de los ciudadanos, que llegaron a recaudar 150 mil euros para fomentarla. El mensaje ateo se expandió luego al transporte público de España e Italia, donde fue resistido por las Iglesias cristianas, que hasta organizaron contracampañas colocando en los ómnibus la leyenda: «Dios existe, disfutá de la vida en Cristo».
    Después otros organizaciones ateas llevaron la propuesta a Canadá, Estados Unidos, Alemania, Finlandia, Brasil, Suiza y Croacia.
    En algunos país, la leyenda fue considerada «ofensiva» y algunos pasajeros se negaron a viajar en las unidades que la llevaban.