La cuestión del aborto ofrece un «escenario» significativo para hacer jugar a los principios bioéticos, sin olvidar que puede darse el caso de un gran desacuerdo en los principios, junto con un amplio consenso en determinadas resoluciones. Por ejemplo, puede mantenerse el consenso cuanto a la validez ética del aborto antes de transcurridos los tres primeros meses del embarazo, razonando desde principios muy diversos. Presupondrán algunos que, aunque el hombre sólo es hombre por el alma racional, el embrión o el feto todavía no ha recibido ese alma racional y, por consiguiente, su destrucción no tiene que ver con un asesinato; negarán otros que el hombre sea hombre en virtud de la recepción de un alma espiritual, pero convendrán en que antes de las seis semanas no existe actividad cerebral en el embrión; unos terceros argumentarán a partir del supuesto de que el feto es propiedad de la madre, que tendría sobre él el ius utendi et abutendi. Otras veces, los principios imponen resoluciones que excluyen todo consenso con quienes admiten principios opuestos sobre el particular: tal es el caso de las resoluciones derivadas de los principios asumidos por la Iglesia Católica (el Catecismo de 1992 excluye el aborto en todos los supuestos). Ahora bien, la mayor parte de los principios alegados, adolecen de su carácter ad hoc y, más que como principios, podrían interpretarse como postulados establecidos a fin de justificar una resolución ya previamente tomada («es legítimo el aborto porque el feto de menos de tres meses no es un ser humano, por lo que hablar de asesinato está fuera de lugar»; o bien «es ilegítimo porque el feto es un ser dotado de alma racional», &c.). En cualquier caso, los principios bioéticos aplicables al aborto, sean o no postulados ad hoc, habría que clasificarlos en dos grandes grupos:
(1) Principios distributivos, es decir, aplicables distributivamente a cada uno de los organismos biológicos humanos (embriones, fetos, &c.)
(2) Principios atributivos, aplicables a cada organismo en relación con otros organismos de su grupo.
Entre los principios distributivos contamos, ante todo, a los que postulan el carácter sagrado de la vida, o de la vida humana, que tendría el embrión o el feto: cada embrión o cada feto, en la medida en que sea humano, se considerará como una realidad exenta dotada por sí misma de la máxima dignidad. Adviértase que la perspectiva distributiva salta por encima de la línea que separa la «vida potencial» y la vida actual, que alguien (con P. Singer) invoca como criterio verdaderamente pertinente para la discusión (el embrión, aunque no sea persona, ni ser humano en acto, es persona o ser humano en potencia); porque una tal potencialidad sigue siendo predicada del sujeto distributivamente. Entre los principios atributivos contaremos a todos aquellos que parten de las relaciones de la vida humana (o de la persona humana) con otras personas en general, y con el grupo de referencia en particular. Quienes justifican el aborto, por ejemplo, en el supuesto de que el desarrollo del feto ponga en peligro la vida de la madre, están de hecho situados en una perspectiva atributiva, la que relaciona, por enfrentamiento dialéctico, la vida de la madre con la del hijo. Se planteará entonces la cuestión del aborto en el contexto de la lucha por la vida, de la «defensa propia», &c., en el supuesto de que sea preciso elegir entre la vida de la madre y la vida del feto. Desde esta perspectiva caben, sin embargo, dos resoluciones totalmente enfrentadas: la de quienes optan por la vida del feto, en cuanto persona más débil y desprotegida -al menos en la etapa anterior a una ley del aborto que le protegiera- o los que optan por la vida de la madre en cuanto actualmente es una vida más valiosa que la de una simple promesa o la de una vida potencial. Más en general, la de quienes saludan con gozo a los futuros organismos que renuevan la vida y la de quienes ven en ellos advenedizos invasores que entran en competencia con la suya propia. Y esta diferencia de perspectiva no obedece únicamente a motivos psicológicos: en una sociedad que dispone, por conquista o por cualquier otro motivo, de tierras cultivables abundantes, de mares o ríos explotables, la venida de los hijos será percibida como una bendición de Dios, que envía nuevos brazos para trabajar; en una sociedad adaptada a unas tierras pobres, sin futuro, los hijos que llegan y, sobre todo las hijas, serán bioéticamente percibidos como enemigos, cuyo avance será preciso frenar mediante procedimientos tan expeditivos como pueda serlo el infanticidio de las hembras («diez varones y una mujer, un hijo al año; diez mujeres y un varón, diez hijos al año»).
Ana Rosa Gazzolli. Mendocina. Madre de una joven que abortó a los 20 años después de su firme pedido. Su hija había sido violada. Padecía una especie de epilepsia que la obligaba a tomar medicamentos incompatibles con su embarazo. Debido a que pidió gritos el aborto para salvar la vida de su hija, grupos católicos intentaron amedrentar a los médicos incluso con avisos de bombas en uno de los hospitales. Finalmente, se realizó el aborto terapéutico, acorde con la legislación argentina, bastantes días después de su pedido.
La perspectiva materialista, en tanto que subraya la pluralidad en la estructura de cualquier tipo de materia, se inclinará abiertamente por los principios que tengan un significado atributivo. Por ejemplo, rechazará la concepción del embrión (o del feto) como «parte exclusiva del cuerpo de la madre» (como si la vida del embrión o del feto no hubiera requerido también el concurso del varón, y como si esa vida no interesase también al grupo, por ejemplo, a través del derecho de herencia o de cualquier otra circunstancia). En cambio considerará secundaria la distinción entre estado potencial y estado actual de un organismo biológico humano (en virtud de la especificidad de su ADN, pongamos por caso), cuando el estado potencial se define de modo positivo. Y la razón es que un estado potencial, aunque sólo alcance su significado en función del acto ulterior, sin embargo, en un campo biológico, y en particular humano, en el cual las fases del desarrollo de los organismos han de considerarse como momentos internos ontogenéticos del propio organismo, los estados potenciales antecedentes alcanzan una realidad por lo menos del mismo rango que los estados posteriores. Sólo mediante la atención a las crías, a los embriones, &c., es posible el curso de la vida; de otro modo, crías o embriones son sin duda tratados, desde una perspectiva proléptica, como seres potenciales; pero la perspectiva proléptica es tal que ha de contar con la realidad futura actual; que es la que confiere sentido, por lo que es impertinente la apelación a su estado potencial. A veces se argumenta alegando la probabilidad de que un embrión sea potencialmente un genio, por lo que habría que protegerlo aún más que a un adulto sea persona en acto, pero no genial. Tan solo puede comenzar a ser pertinente la consideración del estado potencial del embrión desde una perspectiva negativa o limitativa, a saber, cuando se cree saber con certeza que un embrión malformado tiene limitadas sus potencialidades. Desde estas coordenadas, la decisión acerca de la viabilidad bioética de un aborto, no se harán depender de principios solemnes que, aunque tengan que ver con la «dignidad de la vida», o de la «persona» que va a nacer, o con la presencia o ausencia en su organismo de un alma espiritual, sean meramente declarativos, sino que se hará depender de principios que tienen que ver con el conflicto dialéctico entre las personas vivientes, con los principios de la lucha por la vida, ya se encuentren los contendientes en estado potencial o en estado actual. Conflictos dialécticos que se plantean sin menoscabo de la dignidad (cuando alguien, en defensa propia, no se detiene a matar a su agresor, no ha esperado a que el agresor haya perdido su dignidad; aun reconociéndola, la vida que la soporta será un objetivo de nuestra pistola o de nuestro puñal). En líneas generales, el aborto quedará bioéticamente justificado (en nombre de la misma vida humana) en todas aquellas situaciones en las cuales la continuidad del embrión ponga en peligro la continuidad de la vida de la madre o la del grupo social (en general: el control de la natalidad, que incluye la destrucción de los bancos de gametos que puedan existir). Nos encontramos entonces en el conflicto entre la generosidad y la firmeza, como virtudes éticas fundamentales. La generosidad ante el embrión indefenso (en función de su futuro) cederá ante la firmeza debida a la madre; si esta firmeza está comprometida por el embarazo, sea a través de la misma vida orgánica, sea a través de la vida ulterior (por ejemplo si el feto está malformado o si es fruto de una violación de la que pueda asegurarse que dará lugar a la presencia en el hijo de rasgos fenotípicos indeseables del padre). Cuando una madre ve comprometida su vida por el hijo que depende de ella, lo abortará «bioéticamente» no porque sea parte de su cuerpo, ni porque no tenga aún la dignidad de persona, sino simplemente porque es su enemigo en la lucha por la vida (otra cosa es que lo sea realmente). Mutatis mutandis daremos análogos juicios en lo que concierne al control de la natalidad. Si una proliferación excesiva de embriones pusiera en peligro no ya la vida de las madres, sino la vida del grupo social, este tendría que defenderse de sus futuros competidores en nombre de su propia vida. En cualquier caso, desde los principios del materialismo bioético, cabe derivar un juicio condenatorio contra la práctica incondicional del aborto de embriones o de fetos bien formados, fundada en la simple premisa de no haber sido deseado el embarazo». Quien sostiene haber partido de esta premisa, debiera también haber conocido los procedimientos de control de la natalidad de los cuales nuestro presente dispone; y el no haberlos utilizado implicará en principio una gran negligencia, de efectos potenciales o actuales muy graves (riesgo de la vida, despilfarro de quirófanos, atenciones hospitalarias, &c.) que habría que imputar a la madre que propició el aborto y que, en consecuencia, debería compensar con una pena proporcionada (fuerte multa, prisión, &c.) al ordenamiento jurídico.
Londres, 17 sep (EFE).- Un directivo de la Royal Society británica que abogó durante una reunión científica por no discriminar al creacionismo en las escuelas británicas ha dimitido a raíz del escándalo que originó su propuesta. Michael Reiss, director de educación de esa prestigiosa institución científica, y que une a su condición de biólogo la de sacerdote de la Iglesia Anglicana, se ha visto obligado a dar ese paso después de que sus colegas llegasen a la conclusión de que sus comentarios habían dañado la reputación de esa entidad. En una reciente intervención en el Festival de la Ciencia, celebrado en Liverpool, Reiss dijo que era contraproducente desterrar de las aulas las teorías alternativas sobre el origen de la vida y del universo, basándose en que carecen de base científica. Según Reiss, los profesores de ciencia no deberían ver en el creacionismo una «idea equivocada», sino una cosmovisión alternativa, en la que creen muchos niños que han crecido en el seno de familias cristianas y musulmanas. El premio Nobel de Medicina Richard Roberts describió las opiniones expresadas en público por su colega de «escandalosas» y escribió una carta al presidente de la Royal Society, lord Rees of Ludlow, en la que exigía el despido de Reiss. El premio Nobel de Química Harry Kroto, miembro también de la Royal Society, escribió por su parte otra carta recordando que había advertido en su día del peligro de nombrar a un religioso como Reiss director de educación de esa institución. Tras la polémica originada, la Royal Society publicó un comunicado en el que explicaba que los comentarios del profesor Reiss, que se había expresado en su condición de directivo de esa entidad, podían fácilmente «malinterpretarse». «Aunque no era ésa su intención, se ha dañado la reputación de la Sociedad», señala el comunicado. Según la Royal Society, «el creacionismo carece de base científica y no debería formar parte del currículo científico. Y si un joven suscita el tema del creacionismo en una clase de ciencia, los profesores deberían poder explicar por qué la evolución es una teoría de sólida base científica, lo que no es el caso, de modo alguno, del creacionismo». Muchos miembros de la Royal Society, entre ellos también el biólogo y divulgador científico Richard Dawkins, han expresado su preocupación por la proliferación de escuelas religiosas en el ReinoUnido y la influencia creciente de la fundación Templeton, de Estados Unidos, que trata de establecer vínculos entre ciencia y religión. Harry Kroto pone como ejemplo de lo que puede suceder si no se le pone coto a tiempo lo que ocurre en Estados Unidos, donde la derecha fundamentalista religiosa cada vez ejerce mayor control sobre la política, la judicatura, la educación y los medios de comunicación. «Bastaría que saliese elegido presidente (el republicano John) McCain y que fuese víctima de un ataque cardíaco para encontrarnos al frente del país más poderoso del mundo a (la candidata a la vicepresidencia) Sarah Palin, una partidaria del creacionismo», advirtió Kroto recientemente.
Con la edición de Dios no es bueno. Alegato contra la religión (Debate), de Christopher Hitchens, que ahora aparece en español, se completa la «pequeña biblioteca infiel» de los llamados «cuatro jinetes ateos» en habla inglesa.
Así, después de El espejismo de Dios (Richard Dawkins), The End of Faith y Letter to a Christian Nation (Sam Harris) y Romper el hechizo (Daniel Dennett), llega el libro de este periodista británico residente en Estados Unidos, entrenado corresponsal de guerra y autor de Juicio a Kissinger y La victoria de Orwell, entre otros títulos. Este cuarteto de obras sigue, en cierto modo, el legado del clásico Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell. Si Dawkins la emprende contra el fundamentalismo cristiano y detalla todo lo que desde la ciencia puede decirse para contradecir la explicación «divina», Harris propone desnudar la puerilidad de algunos argumentos teológicos y Dennett sumergirse en los meandros de la neurología y en las «ventajas» evolutivas de la creencia religiosa, Hitchens se propone directamente un recuento escandaloso del mal religioso.
Es cierto que Hitchens no se mete con la teología ni, en líneas generales, con la tradición filosófica. Pero a cambio ofrece, con su pluma admirablemente vigorosa, una prolija exposición de la premisa que enuncia su título original inglés, que se pierde en la traducción castellana.
En efecto, Hitchens va página por página mostrando «cómo la religión lo envenena todo». Y lo hace mirando el devenir de la historia, y no sólo la reciente (el 11-S, el escándalo por las caricaturas de Mahoma).
Para Hitchens, «en este sentido, la religión es como el racismo. Cualquier versión de cualquiera de las dos anima y desencadena la otra (...). La religión ha sido un inmenso multiplicador de la desconfianza y el odio tribales, según la cual los miembros de cada uno de los grupos hablan de los otros exactamente con el mismo tono de intolerancia». En ese recorrido por «los males» de la religiosidad, uno de los capítulos más destacados es el que Hitchens dedica a uno de los totems contemporáneos: la Madre Teresa. El periodista (quien publicó antes un libro dedicado a la monja) es implacable para con esta figura, a quien acusa de haber sido inconsecuente, aduladora de los ricos y poco menos que vampira de los pobres. Cabe recordar que el Vaticano citó oficialmente a Hitchens para las investigaciones acerca de la canonización de la religiosa India, aceptando que sabe lo que dice.
El libro es, en suma, una «ateodicea». Es decir, una recopilación de evidencias de los males del mundo (apañados, para colmo, por la fe), los cuales demuestran para Hitchens no que dios no es bueno o dios no es grande, sino que simplemente «no es». Publicado en Diario Uno de Mendoza.
Estoy en desacuerdo con la mayor parte de lo que usa Sam Harris como centro de esta conferencia. Me parece que el problema que plantea tiene que ver, fundamentalmente, con su deficiente posición ontológica y su muy básica filosofía de la religión. En este sentido, los hablantes hispanos podemos, si se quiere, enorgullecernos de que algunos de nuestros adalides ateos (Bueno, Puente Ojea, Pérez Jara) están en un nivel muy superior para hablar de estas cuestiones. Por lo general, Harris me parece mejor fundamentador que sus colegas de estas lides Dawkins y Hitchens. Pero, en fin, dado el interés polémico de mucho de lo que aquí expone, ofrezco el texto que sigue.
Fernando G. Toledo
En una charla en la conferencia de la Atheist Alliance que tuvo lugar en Washington D.C. el 28 de septiembre de 2007, Sam Harris dejó caer una idea que desde entonces ha tenido profundo impacto en la prensa humanista de todo el mundo. ¿Hasta qué punto debe el humanista secular hoy en día celebrar ser considerado “ateo”? ¿No han sido ya el nihilismo o el existencialismo movimientos de una más expresiva militancia atea, y sin embargo modelos éticos de una naturaleza completamente distinta? Tom Flynn, editor de Free Inquiry, resumió a la perfección la inquietud de Harris. Merece la pena sin embargo reseñar la charla completa, uno de los manifiestos humanistas más provocativos redactados durante el presente siglo.
Para empezar, me gustaría tomarme un momento para reseñar cómo de extraño resulta que una reunión como esta sea de hecho necesaria.
Estamos en 2007, y todos aquí hemos tenido que robarle tiempo a nuestras atareadas vidas, y algunos que viajar grandes distancias, sólo para poder reunirnos para pensar una estrategia para sobrevivir en un mundo en el que la mayor parte de la gente cree en un dios imaginario. Estados Unidos es una nación en la que viven 300 millones de personas, que influyen en el curso del mundo más que cualquier otro grupo en la historia humana, y aun esta influencia queda corrompida, y se muestra decadente, porque 240 millones de estas personas aparentemente están convencidas de que de un momento a otro Jesús va a volver y a orquestar el fin del mundo con sus poderes mágicos. Por supuesto, podemos especular con cuánta de esa gente que dice creer en esas cosas, realmente lo hace. Sé que Christopher —Hitchens— y Richard —Dawkins— son optimistas acerca de que el resultado de este tipo de sondeos de opinión realmente refleje lo que la gente profesa privadamente.
Pero no hay duda de que la mayor parte de nuestros vecinos realmente actúan como si creyeran este tipo de cosas, y de que dichas profesiones han tenido un efecto desastroso en nuestro discurso político, en nuestras actuaciones públicas, en la enseñanza de la ciencia y en nuestra reputación ante el mundo. Aún si sólo una tercera o una cuarta parte de nuestros vecinos creen realmente en lo que luego profesan, creo que tenemos un buen problema del que preocuparnos. No me encuentro a menudo en un salón como éste, rodeado de gente con la que más o menos tengo la garantía de estar de acuerdo en el tema de la religión. Al pensar en lo que podría deciros esta noche, me pareció que podía elegir entre arrojar carne fresca a los leones del ateísmo, o llevar la conversación a un terreno en el que podríamos no estar de acuerdo. Me he permitido, a riesgo de afectar a vuestro humor, elegir la segunda opción, y decir un par de cosas que podrían crear controversia. Dada la ausencia de evidencias de la existencia de Dios, y la estupidez y el sufrimiento que aún hoy surgen bajo el manto de la religión, declararse a uno mismo «ateo» podría parecer la única respuesta adecuada. Y es la posición que muchos de nosotros hemos adoptado orgullosamente en público. Hoy voy a sugerir que nuestro uso de esta etiqueta es un error, y un error con consecuencias.
Mis inquietudes con el uso del término «ateo» son filosóficas y estratégicas. Hablo desde una posición de alguna forma inusual e incluso paradójica, dado que soy una de las voces públicas del ateísmo. Sin embargo, nunca me consideré a mí mismo ateo antes de ser invitado a hablar como si lo fuese. Incluso no utilizo el término en The End of Faith, que sigue siendo mi crítica más sustancial a la religión. Tal y como razono brevemente en Letter to a Christian Nation, creo que «ateo» es una etiqueta que no necesitamos, de la misma forma que no necesitamos una palabra para definir a los que no creen en la astrología. No les llamamos «no-astrológicos» ni nada parecido. Sólo necesitamos palabras como «razón», «evidencia», «sentido común» y «caca de vaca» —N. de. T. bullshit en el original, ciertamente un término favorito de Harris— para poner a quienes practican la astrología en su sitio. Lo mismo debería poder hacerse con la religión. Si la comparación con la astrología parece demasiado fácil, considérese el problema del racismo. El racismo es probablemente el problema social más intratable que hemos tenido en este país. Hablo de convicciones realmente enraizadas. Estoy seguro de que todos hemos visto fotos de linchamientos durante la primera mitad del siglo pasado, donde pueblos enteros del Sur, miles de hombres, mujeres y niños; banqueros, abogados, médicos, profesores, prelados, editores de prensa, policías, o de vez en cuando senadores u hombres del congreso, se pasaban por sangrientos carnavales en los que un joven de color era torturado hasta la muerte y después empalado en un lugar público a la vista de todos. En esas fotos, los pueblerinos, con sus mejores ropas de domingo, se hacían felices fotos de postal bajo jóvenes de color linchados, lacerados e incluso quemados. Gente normal, por supuesto religiosa, que se llevaba a casa souvenirs para enseñar a sus amigos; dientes, orejas, dedos, trozos de rodilla, órganos internos. Incluso los mostraban en sus lugares de trabajo.
No pretendo sugerir, por supuesto, que el racismo ya no es un problema en este país. Pero sí que quien piense que el problema es tan serio como siempre lo ha sido simplemente ha olvidado o nunca ha aprendido cómo de serio llegó a ser en realidad. Así que, nos podemos preguntar, ¿cómo ha llegado la gente de bien y de sentido común a decidirse a combatir el racismo? Estaban los movimientos por los derechos civiles, por supuesto. El KKK fue desplazado a los límites de la sociedad. Hubo cambios importantes y, pienso, irrevocables en la forma en la que se hablaba de la cuestión de la raza —en particular nuestros periódicos dejaron de publicar artículos de opinión manifiestamente racistas, tal y como sí hacían hace un siglo—. Ahora pregúntese, ¿cuántos de nosotros hemos tenido que identificarnos a nosotros mismos como «no-racistas» para participar en este movimiento? ¿Existe en alguna parte una «alianza de no-racistas» a la que me pueda apuntar? Darle a algo una etiqueta comporta responsabilidades, especialmente si la cosa que estás nombrando ni siquiera es una cosa. Y el ateísmo, me atrevo a discutirlo, no es «una cosa». No es una filosofía, tal y como el «no-racismo» tampoco lo es. El ateísmo no es un punto de vista sobre el mundo, a pesar de que mucha gente lo vea así y lo ataque como si lo fuera. Los que no creemos en Dios estamos colaborando en este malentendido consintiendo ser llamados o incluso llamándonos a nosotros mismos así.
Otro problema es que al aceptar una etiqueta, particularmente la de «ateos», parecemos estar consintiendo ser vistos como parte de una subcultura maniática. Estamos permitiendo que nos vean como un grupo con un interés marginal que se reúne en las salas de billar de los hoteles. No digo que reuniones como ésta no sean importantes; no estaría aquí si pensase que no lo son. Lo que afirmo es que desde el punto de vista filosófico somos culpables de confusión y desde el punto de vista estratégico, hemos caído en una trampa. Una trampa, además, que ha sido deliberadamente puesta bajo nosotros, y a la que nos hemos lanzado con los dos pies por delante. Es un honor encontrarme continuamente asociado con Dan —Dennett—, Richard —Dawkins— y Christopher —Hitchens— como si fuesemos una persona con cuatro cabezas. Sin embargo, esta noción de «nuevos ateos» o de «ateos militantes» ha sido utilizada para mantener nuestras críticas a la religión bajo cuerda, y ha permitido a muchos rechazar nuestros argumentos sin pensar en necesitar realmente replicarlos. Mientras que nuestros libros se han hecho notar realmente, creo sin embargo que nuestro discurso sobre la lucha entre fe y razón o entre religión y ciencia ha sido y va a seguir siendo marginalizada con éxito bajo el letrero del ateísmo. Así pues, voy a hacer explícita mi propuesta, un tanto sediciosa; no nos llamemos a nosotros mismos «ateos». No nos llamemos a nosotros mismos «secularistas». Tampoco «humanistas» o «humanistas seculares» o «naturalistas» o «escépticos» o «antiteístas» o «racionalistas» o «librepensadores» o «brillantes» (brights). No nos llamemos a nosotros de ninguna forma. Simplemente sigamos siendo gente decente y responsable, encendamos el radar y enfrentémonos a las malas ideas allá donde las encontremos. Porque resulta que la religión es más aún que una sarta de malas ideas. Sigue siendo el único sistema de pensamiento donde el proceso de mantener esas malas ideas en una perpetua inmunidad a la crítica se considera un acto sagrado. El acto de la fe. Y sigo convencido de que la fe religiosa es uno de los más perversos malos usos de la inteligencia que la humanidad ha ideado nunca. Así que seguiremos, irremediablemente, criticando el pensamiento religioso. Pero, por favor, no nos definamos ni nos nombremos a nosotros mismos a partir de nuestra oposición a esa forma de pensar.
Así que, ¿qué significa esto en términos prácticos, aparte de que Margaret Downey tenga que cambiar el letrero? [Risas]. Bien, mejor que declararnos «ateos» en oposición a las religiones, creo que no deberíamos hacer nada más que declararnos a favor de la razón y de la honestidad intelectual; lo que nos hace colisionar, no con la religión como tal, sino con creencias religiosas específicas. Porque para nosotros no existe «la religión como tal». El problema es que el concepto de ateísmo nos impone la falsa carga de tener que permanecer obsesionados con las creencias de la gente sobre Dios y con nuestro tratamiento de la religión. No deberíamos darle un tratamiento fijo a nada. De hecho deberíamos tener la habilidad de apuntar rápidamente a la diferencia entre religiones; por dos razones: Primero; las diferencias hacen aparecer a las religiones como contingentes, y de ahí estúpidas. Considérense las características únicas del mormonismo; el cual podría jugar un importante papel en las próximas presidenciales. El mormonismo me parece objetivamente un poco más idiota que el cristianismo. Lo cual es lógico dado que el mormonismo es cristianismo más un par de ideas realmente estúpidas. Por ejemplo, los mormones piensan que Jesús volverá a la tierra y administrará sus mil años de paz, al menos temporalmente, desde el estado de Missouri. ¿Por qué esto hace del mormonismo un movimiento más improbable que el cristianismo? Porque no importa cómo de pequeña sea la posibilidad que le des a la idea de que Jesús va a volver, la probabilidad de que lo haga a su casa de verano en Jackson Country es aún más pequeña.
Si Mitt Romney quiere ser el próximo presidente, deberíamos hacerle llegar nuestra incredulidad sobre el mormonismo. Podemos incluso hacer causa común con los cristianos. ¿En qué cree este hombre? El mundo debería saberlo. Y existe la garantía de que nos avergonzaría a muchos, incluso a quienes creen en el Dios bíblico. El segundo punto de atención hacia las diferencias entre las distintas religiones es que dichas diferencias son hoy en día asunto de vida o muerte. Hay pocos de nosotros preocupados o sin poder dormir por las noches pensando en los Amish. No es accidental. No tengo duda de que los Amish hacen mal impidiendo que sus niños tengan una educación adecuada; pero no secuestran aviones y los estrellan contra edificios. Considérese cómo nosotros, como ateos, tendemos a opinar sobre el Islam. Los cristianos suelen quejarse de que los ateos y el mundo secular en general, solemos equilibrar nuestras críticas al extremismo islámico con críticas al extremismo cristiano. La tendencia usual es considerar que ellos tienen jihadistas y nosotros gente que asesina a médicos abortistas. Nuestros vecinos cristianos, incluso los más tarados, tienen sin embargo razón al quejarse de esta pretensión de equilibrio, dado que la verdad es que el Islam asusta más y es más culpable hoy en día de la miseria humana de lo que el cristianismo lleva siendo durante siglos. El mundo debe despertar ante este hecho. Los musulmanes mismos deben. Y pueden. Recordarán un artículo reciente de Thomas Friedman sobre Irak, informando de que milicias sunníes colaboran con las fuerzas estadounidenses en la lucha contra los jihadistas. Cuando Friedman preguntó a un militante sunní sobre esto, respondió que hacía poco había visto a un miembro de al-Qaeda decapitar a una niña de 8 años, y que esto le convenció de que el invasor estadounidense era el menos malo de los dos males. Así que, hasta un militante sunní puede distinguir entre el Islam ordinariamente loco y el Islam extraordinariamente loco, una vez que se encuentra con la sangre derramada de niñas. Es suelo para la esperanza.
Pero tenemos que ser devastadoramente honestos con lo que hay al otro lado de esta línea. Esto es contra lo que estamos el mundo civilizado y el semicivilizado; contra la locura fanática y la barbarie en nombre del Islam. Dignificadas por mucha de la teología convencional, me entristece decir. Cuando intentas ser justo al hablar sobre el problema con el Islam es cuando malentiendes dicho problema. El refrán «todas las religiones tienen sus extremismos» es simplemente basura. Es el que hace que muchos occidentales se hayan echado a dormir. No todas las religiones tienen extremismos así. Algunas nunca los han tenido. En el mundo musulmán, el apoyo al extremismo no es extremo en el sentido de que es raro. En una reciente encuesta se reveló que la tercera perte de los musulmanes británicos querrían vivir bajo la ley de la Sharía, y otros tantos opinaban que la pena por apostasía debería ser la muerte. Y son musulmanes británicos. El 68% piensa que aquellos de sus vecinos que insultan al Islam deben ser arrestados, y que los caricaturistas daneses deberían ser llevados ante la justicia. Son gente que simplemente no tiene ni idea de lo que es una sociedad civil. E informes así viniendo de comunidades musulmanas que viven en nuestros países deberían preocuparnos mucho; más de lo que cualquier otra cosa sobre cualquier otra religión debería hacerlo.
El ateísmo es un instrumento sin punta cuando intentas usarlo en momentos como éste. Ahora tenemos un panorama espléndido de la ignorancia humana, con sus picos y sus valles; pero el concepto de ateísmo hace que nos fijemos en sólo una parte de este panorama; la parte relacionada con el teísmo. Porque para ser consistentes como ateos tenemos que oponernos, o hacer como que nos oponemos, a todas las fes por igual. Esto es una pérdida de tiempo y energía, y destruye la confianza que de otra forma tendríamos de muchos que fácilmente estarían de acuerdo en muchos de nuestros razonamientos. No estoy sugiriendo que debemos considerar intocables las creencias religiosas profundas y la fe —soy el tipo de tipo que escribe artículos con títulos tan resbaladizos como «La ciencia debe destruir la religión»— pero me parece que no tenemos que perder de vista distinciones muy importantes y muy útiles. Otro problema con llamarnos a nosotros mismos «ateos» es que cada religioso piensa que tiene un argumento decisivo contra el ateísmo. Ya nos sabemos esos argumentos, y vamos a seguir oyéndolos tanto tiempo como insistamos en llamarnos a nosotros mismos «ateos». Cosas como: el ateo no puede probar que Dios no existe o el ateo reclama saber que no hay Dios, y eso es arrogancia. Tal y como Rick Warren lo dijo cuando debatimos para Newsweek, un hombre razonable como él «no tiene la suficiente fe como para ser ateo». La idea de que el universo puede haber sucedido sin un creador necesita, para él, la mayor fe de todas. Por supuesto, como argumento para la verdad de cualquier doctrina religiosa, es puro travesti. Ya sabemos cómo salir de esta situación; tenemos la tetera de Russell, miles de dioses antiguos muertos, y ahora incluso el Monstruo Spaghetti Volador. Y la no-existencia de ninguno de ellos puede ser probada; aunque la creencia en los mismos sería de inmediato considerada una ridiculez por cualquiera. El problema es que tenemos que seguir con el mismo argumento una y otra vez; y tenemos que hacerlo sólo porque seguimos utilizando el término «ateos». Lo mismo con el argumento de los mayores criminales del siglo pasado. ¿Cuántas veces tenemos que enfrentarnos a la acusación de que Stalin, Hitler y Pol Pot son la cumbre del ateísmo? Tengo noticias para vosotros; este argumento no va a desaparecer. Ya lo discutí en The End of Faith, y me fue devuelto a la cara en cientos de revisiones del libro como si no lo hubiera mencionado. Así que lo volví a argumentar en el epílogo a su edición de bolsillo y me volvió a ocurrir lo mismo.
A riesgo de aburrir a la gente, volví a argumentar en Letter to a Christian Nation, Richard hizo lo mismo en The God Delusion y Christopher lo dio también de pasada en God is Not Great. Os aseguro que tendremos este argumento encima por tanto tiempo como sigamos etiquetándonos como «ateos». Y es que a los religiosos les convence. Convence a los moderados y a los liberales. Demonios, incluso convence a los ateos ocasionales. ¿Por qué tenemos que caer en esta trampa? ¿Por qué tenemos que situarnos obedientemente en el pedazo de realidad que nos aloja el esquema conceptual de la religión teísta? Es como si antes de empezar el debate, nuestros rivales dibujasen la silueta de la víctima con tiza en el suelo, y nosotros fuésemos y nos tumbásemos encima. En lugar de hacer esto, considérese qué ocurriría si simplemente usásemos palabras como «razón» o «evidencia». ¿Cuál es el argumento contra la razón? Unos pocos morderán el anzuelo y argumentarán que, en sí misma, la razón es un problema, que la Ilustración fue un proyecto fallido, etc. Pero la verdad es que hay muy pocos ahí afuera, incluso de entre los fundamentalistas religiosos, que se reconozcan a sí mismos como enemigos de la razón. De hecho estos fundamentalistas tienden a verse a sí mismos como campeones de la razón; pensando que existe una y muy buena para creer en Dios. A nadie le gusta reconocer que cree cosas basadas en una pésima evidencia.
El deseo de saber cómo funciona realmente el mundo es difícil de competir. Mientras aparecemos como ahítos de ese conocimiento, nos mostramos como duros de pelar. No es un deseo reducible al de un grupo de interés; no es un club, no es algo a lo que simplemente te apuntas. Y si lo ves así, reduces su influencia. El último problema con el ateísmo del que me gustaría hablar es de cómo se relaciona con algunas de las experiencias que yacen como núcleo de muchas tradiciones religiosas, quizá no todas, y que se suelen definir con mayor o menor claridad en la literatura espiritual y mística. Quienes hayan leído The End of Faith saben que no estoy del todo en línea con Dan, Richar y Christopher en mi tratamiento de estos temas, así que me gustaría tomarme un poco de tiempo para discutirlo. Mientras que siempre uso términos como «espiritual» o «místico» entre comillas, me tomo la molestia de desnudarlos de metafísica. La correspondencia que recibo de mis camaradas me sugiere que muchos encuentran problemático mi interés en estos temas.
Permítaseme primero describir el fenómeno general al que me refiero. Esto es lo que generalmente ocurre: una persona, en sea cual sea la cultura en la que vive, descubre que la vida es difícil. Incluso en los mejores momentos —tiene salud, nadie cercano ha muerto, la nevera está llena de cerveza, hace buen tiempo afuera— descubre que su experiencia del momento es tal que parece siempre estar moviéndose buscando la felicidad, y sólo apartándose momentáneamente de esta búsqueda. Todo lo hemos notado. Buscamos agradables vistas, sonidos, sabores, sensaciones, actitudes. Intentamos satisfacer nuestra curiosidad intelectual y nuestro deseo de amistad y romance. Nos hacemos conocedores del arte, de la música y del cine. Pero nuestros placeres son, por naturaleza, perecederos. Y no podemos hacer otra cosa que simplemente recuperarlos tan a menudo como seamos capaces. Cuando se disfruta de un éxito profesional, nuestro sentimiemto de plenitud es vívido, intoxicante, durante unas horas, quizás un día, pero entonces nos empiezan a preguntar «¿qué vas a hacer ahora?», «¿qué hay en tu libro de planes?». Steve Jobs lanza el iPhone, y probablemente no pasaron veinte minutos hasta que alguien preguntó «¿cuándo lo vas a hacer más pequeño?». Nótese que muy pocos, en este punto, y sin importar lo grande que sea lo que han conseguido, dicen «lo hice, he conseguido todas mis metas, ahora me voy a quedar aquí comiendo helado hasta morir delante de ti». Incluso cuando todo va todo lo bien que puede llegar a ir, la búsqueda de la felicidad continúa, y el esfuerzo requerido para apartar la duda, la insatisfacción y el aburrimiento continúa momento a momento. Aún cuando nada más lo hace, la certeza de la muerte y la experiencia de perder a los seres queridos apuñala la existencia mejor ordenada y más gratificante. En este contexto, algunos se han preguntado tradicionalmente si existen formas más profundas de bienestar. Si hay, por decirlo así, alguna forma de felicidad que no depende de reiterar placeres y éxitos y evitar dolores. Si hay alguna forma de felicidad que no depende de poder poner en la lengua la comida favorita de cada uno, de tener a todos los amados al alcance de los brazos, de disponer de buenos libros que leer, o de tener un buen plan para el fin de semana. ¿Es posible ser simplemente feliz antes de que nada ocurra, antes de que los deseos sean gratificados y a pesar de las inevitables dificultables de la vida, del dolor físico, de la vejez, la enfermedad, la muerte? Esta pregunta, creo, rodea la periferia de la consciencia de todos. Vivimos, hasta cierto punto, nuestra respuesta a esa pregunta; y muchos de nosotros vivimos como si la respuesta fuese no. No, no hay nada más profundo que repetir placeres y evitar el dolor. No hay nada más profundo que buscar la satisfacción, la sensorial y la intelectual. Muchos pensamos que lo único que hay que hacer en la vida es pisar el acelerador hasta que la carretera se acaba. Pero algunos, por el motivo que sea, sospechamos que la experiencia humana puede aspirar a mas. De hecho muchos lo sospechan gracias a la religión, a las reivindicaciones de gente como Buda o Jesús o muchas otras celebradas figuras religiosas. Y esa gente puede empezar a practicar varias disciplinas de la atención, a menudo llamadas «meditación» o «contemplación» como una manera de examinar su experiencia tan cercanamente como sea posible para averiguar si alguna forma más profunda de bienestar es realmente encontrable. Tal persona podría encerrarse en una cueva, o en un monasterio, durante meses o años, para facilitar este proceso. ¿Por qué hacer eso? Bien, en realidad es un experimento simple. Ésta es la lógica; si hay alguna forma de bienestar psicológico que no es dependiente de simplemente repetir placeres, entonces debería estar disponible incluso si esas fuentes de placer ya no están.
Si existe, esa felicidad debería poder alcanzarse incluso si se ha renunciado a las posesiones materiales, se ha renunciado a una relación con la chica que te gustaba del instituto, y se ha cambiado el lugar de residencia por una cueva o por cualquier otro punto definitivamente incompatible con la satisfacción de los deseos y las aspiraciones ordinarias. Una pista sobre cómo puede llegar a asustar un proyecto vital de este tipo es el hecho de que el confinamiento solitario —de lo que estamos hablando— se considera un castigo incluso dentro de una prisión. Incluso cuando estás rodeado de homicidas y violadores, prefieres su compañía a estar solo en un recinto cerrado. Aún así, durante miles de años, los contemplativos han reivindicado haber encontrado un bienestar extraordinariamente profundo mientras perdían mucho tiempo en soledad total. Me parece que, como seres racionales, sin importar si nos llamamos a nosotros mismos «ateos» o no, podemos elegir cómo vemos este asunto. Bien la literatura contemplativa es un mero catálogo de ilusiones religiosas, fraude deliberado y psicopatología, bien realmente hay quien ha tenido experiencias interesantes bajo la etiqueta de «espiritualidad» o «misticismo» durante miles de años.
Permítaseme afirmar, a partir de mi propio estudio y experiencia, que no tengo ninguna duda de que a través de prácticas tradicionales como la meditación, mucha gente ha mejorado su vida emocional, su entendimiento, sus intuiciones éticas, e incluso han llegado a un profundo conocimiento de la subjetividad. Por supuesto, dejando de lado la metafísica, la mitología, y otras chorradas, lo que contemplativos y místicos llevan miles de años reivindicando haber descubierto es que hay una alternativa a simplemente vivir a merced del siguiente pensamiento neurótico que nos traiga nuestra consciencia. Hay una alternativa al hechizo permamente de la conversación que tenemos con nosotros mismos. La mayor parte de nosotros, al ver a alguien caminar por la calle hablando en voz alta con sí mismo, no siendo capaz de censurarse frente a los demás, pensará que está mentalmente enfermo. Sin embargo, todos nosotros hablamos con nosotros mismos durante todo el día, pensando, pensando, pensando, recuperando conversaciones recientes, pensando en lo que dijimos, en lo que no dijimos, en lo que deberíamos haber dicho, abrumándonos a nosotros mismos con lo que esperamos que suceda, lo que ha sucedido, lo que casi sucede, lo que debería haber sucedido… Pero como sabemos hacer que esta conversación sea privada, lo consideramos normal. Compatible con la salud mental. Bien, esto no es lo que la experiencia de millones de contemplativos sugiere.
Por supuesto, no estoy negando la importancia de pensar. No hay duda de que el pensamiento lingüístico es indispensable para nosotros. En gran parte es lo que nos hace humanos. Es la fábrica de cada cultura, y de cada relación social. Es la base de toda la ciencia. Y es seguramente responsable de nuestra capacidad cognitiva, de la más rudimentaria, integrando creencias, planes, el aprendizaje, el razonamiento moral, y muchas otras capacidades mentales. Incluso hablar con nosotros mismos en voz alta, en ocasiones sirve una útil función. Desde el punto de vista de nuestra tradición contemplativa, sin embargo —llevado a una versión caricaturesca que ignora por completo cualquier disputa esotérica— nuestra identificación habitual con el pensamiento discursivo, nuestro fallo al reconocer que los pensamientos son simplemente pensamientos, es una fuente importante de sufrimiento humano. Cuando alguien rompe esta cadena, pasa a disponer de una fuente de liberación extraordinaria. El problema de una reivindicación contemplativa de este tipo es que no puedes tomar prestadas las herramientas de otro para ponerla a prueba. El problema es que para ponerla a prueba cada uno tiene que construirse sus propias herramientas contemplativas, algo que también sirve para apreciar con qué distracción llegamos a tomarnoslo en primer lugar.
Imagínese cómo sería la astronomía si fuese necesario que cada uno tuviese que construirse un telescopio incluso antes de llegar a la conclusión de que merece la pena perder el tiempo con ella. No haría que el cielo fuese más o menos interesante de observar, pero sí habría hecho inmensamente más difícil establecer que la astronomía es una ciencia. Para juzgar las reivindicaciones empíricas de los contemplativos, te tienes que construir tu propio telescopio. Juzgar una reivindicación metafísica es otro asunto; es fácil descartarla como mala ciencia o incluso mala filosofía simplemente pensando sobre ella. Pero para juzgar si determinadas experiencias son posibles, y de ser posibles, son deseables, tenemos que utilizar nuestra atención de una manera determinada. Tenemos que romper nuestra identificación con el pensamiento discursivo al menos por unos momentos. Y esto requiere mucho trabajo, como mínimo porque no es un trabajo sobre el que nuestra cultura sepa gran cosa.
Un problema del ateísmo como pensamiento, es que aparece como sinónimo de no estar interesado en lo que alguien como Buda o Jesús podrían haber experimentado. De hecho, muchos ateos rechazan esas experiencias de antemano, como imposibles, o si posibles, en absoluto interesantes. Otro error común es imaginar que dichas experiencias son necesariamente equivalentes a estados mentales con los que ya estamos familiarizados; la fascinación científica, la apreciación estética, la inspiración artística, etc. Como alguien que ha hecho sus modestos progresos en este área, permítaseme asegurar que cuando una persona se retira en soledad y se entrena a sí misma en la meditación durante 15 o 18 horas al día, durante meses o años, en silencio, no haciendo nada más, no leyendo, no hablando, no escribiendo, sólo haciendo un esfuerzo sostenido, momento tras momento, para simplemente observar qué contiene su consciencia, no perdiéndose en el pensamiento; experiencia cosas que muchos científicos y artistas no saben que es posible experimentar, a no ser que hayan hecho el mismo esfuerzo de introspección. Y que estas experiencias dicen mucho de la plasticidad de la mente humana y de las posibilidades de la felicidad. Así que, además de llevar vuestra atención a estos fenómenos, me gustaría apuntaros que, como ateos, nuestro rechazo a este tipo de experiencia humana nos pone en desventaja. Porque millones de personas han tenido estas experiencias, millones de personas creen haber estado cerca de tenerlas, y nosotros, como ateos, las rechazamos de principio porque siempre han tenido asociaciones religiosas. Dado que muchas veces estas experiencias constituyen el momento más decisivo y transformador de la vida de una persona, no reconocer que son posibles e importantes nos hará fácilmente aparecer como menos sabios que incluso los más locos de nuestros oponentes religiosos. Mi miedo es que el ateísmo pueda llegar fácilmente a la posición de no interesarse en ciertas posibilidades útiles. No sé si el universo es, como decía Haldane, «no sólo más extraño de lo que suponemos, sino más extraño de lo que podemos llegar a suponer». Pero estoy seguro de que es más extraño de cómo nosotros, como «ateos» tendemos a representarlo mientras promovemos el ateísmo. Como ateos damos a los demás, e incluso a nosotros mismos, la sensación de que estamos muy avanzados en la tarea de despojar al universo de misterio.
Sin embargo, como representantes de la razón, sabemos en realidad que el misterio va a estar mucho tiempo entre nosotros. De hecho hay buenas razones para creer que el misterio no se puede erradicar de nuestra circunstancia humana dado que por mucho que sepamos siempre habrá hechos que no podemos representar y que simplemente debemos dar por entendidos si queremos tener explicación para todo lo demás. Igual es un problema epistemológico, pero no es desde luego un problema para la vida y la solidaridad humanas. No despoja de sentido nuestras vidas. Y no es una barrera para nuestra felicidad. Nos encontramos, sin embargo, ante el desafío de contagiar este punto de vista a los demás. Nos encontramos ante el desafío de persuadir a un mundo infectado por mitos que el amor y la curiosidad son suficientes y que no necesitamos consolar o asustarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos con cuentos de hadas de la edad de hierro. Creo que no hay ninguna batalla intelectual que sea más importante ganar; hay que combatir desde cien frentes, al mismo tiempo y sin detenerse. Pero creo que esa lucha no ha de librarse en filas ordenadas y vistiendo las casacas rojas del ateísmo. Finalmente, creo que es útil dar una visión de cómo será nuestra victoria. De nuevo, la analogía con el racismo me parece instructiva. ¿Cómo aparecerá la victoria contra el racismo, si alguna vez llega ese día feliz? No será ciertamente un mundo en el que muchos se profesen no-racistas. En su lugar, será un mundo en el que el concepto de las razas distintas habrá perdido su significado. Habremos ganado nuestra guerra de ideas contra la religión cuando el ateísmo sea incomprensible como concepto. Nos encontraremos simplemente en un mundo en el que la gente no se agrede pretendiendo saber cosas que en realidad no sabe. Es un futuro por el que merece la pena luchar. Podría ser de hecho el único futuro compatible con nuestra supervivencia a largo plazo como especie. Pero el único camino entre ahora y entonces, el único que diviso, pasa por que seamos rigurosamente honestos hoy en día. Creo que la honestidad intelectual ya es, y va a ser siempre, algo más profundo y más fácilmente contagiable que el «ateísmo».
En el primer estudio que se hace a gran escala surge que el número de creyentes de la principal religión bajó del 90% al 76,5% de la población. Un 9% se declara evangélico. El 70,8% de la gente dice que sus hijos deben elegir su propio credo.
En consonancia con una impresión generalizada en la sociedad, el porcentaje de católicos del país bajó en casi el último medio siglo, aunque quizá no de una manera tan pronunciada como algunos piensan. Pero, a la vez, la gran mayoría de los fieles no van frecuentemente a misa y prefieren un vínculo directo con sus creencias. Según se desprende de una encuesta del CONICET y cuatro universidades nacionales, el porcentaje de católicos cayó en los últimos 48 años un 14%, al pasar del 90,48% que alcanzaba en 1960 -dato del último censo nacional que preguntó acerca de la filiación religiosa-, al 76,5% a comienzos de este año. El estudio también confirma el escaso vínculo de los creyentes, en general, con sus organizaciones religiosas y, en particular, de los católicos con su Iglesia. El 61,1% dijo relacionarse con Dios «por su cuenta»; sólo el 23,1 % manifestó hacerlo a través de su institución eclesial (de ellos, casi la mitad se declaran evangélicos, lo que evidencia que éstos son más institucionales que los católicos), y apenas un 4,2 % a través de grupos o comunidades. Esta realidad se confirma al preguntar sobre la frecuencia en la asistencia al culto: sólo el 23,8 % lo hace muy frecuentemente (de ellos, el 60,8% son evangélicos, o sea, éstos van más al templo); el 49,1%, poco, y el 28, 8%, nunca. La encuesta fue presentada ayer en la secretaría de Culto de la Nación por su titular, Guillermo Oliveri, quien destacó «el rigor científico y la buena fe» con la que fue hecha, si bien aclaró que no puede equipararse con un censo. El trabajo fue presentado por su director, el sociólogo Fortunato Mallimaci, y por el coordinador, Juan Cruz Esquivel, ambos expertos en religión. También participaron peritos de las universidades nacionales de Buenos Aires, Rosario, Cuyo y Santiago del Estero, que participaron del relevamiento. La Argentina es el único país de América cuyos censos no preguntan sobre religión. El sondeo pone de manifiesto, además, la religiosidad de los argentinos. El 91,1% dice creer en Dios; el 4%, que a veces o que duda, y el 4,9% que no. Y el 45 % dice que acude a él «en momentos de sufrimiento». Paralelamente, el 91, 8 % cree en Jesucristo, o sea, aunque resulte difícil decodificar este dato, todo el que dice cree, cree en Jesucristo; un 84% en la el Espíritu Santo, y un 80% en la Virgen María. Todo esto confirma la fuerte impronta cristiana. Además, el 95,3 % dice estar bautizado en su culto, cosa que baja al 73,1% en el caso del casamiento. Un 23,3% dice que, si forma un matrimonio, no piensa pasar por el templo. La oración en la casa es la manera más común de asumir la religión: dice que lo hace el 78,3 %, en tanto que 42,8% leyó la Biblia en el último año, particularmente, los evangélicos; el 31% concurrió a un santuario y el 9% fue a misionar. Pero, además, el 31,5% dice que alguna vez consultó a un curandero. En tanto que el 70,8% considera que sus hijos deben elegir su propia religión y el 26 % que deben tener su misma religión. Del estudio surge, por otra parte, que la mitad de los argentinos considera que el Estado debe financiar a todas las confesiones religiosas o a ninguna. Mientras que el 59,9 % rechaza que financie sólo a la católica, un 19% esta algo de acuerdo y un 15,4% muy de acuerdo. En cambio, el 75% opina que el Estado debe colaborar con el trabajo social de las confesiones, un 53,6% en el mantenimiento de templos y sólo un 26% que debe pagar el salario de obispos y pastores. A su vez, el 55% considera que debe haber una materia de religión en las escuelas, un 27% que no y un 14% cree que debe darse religión católica. Además, el 69% está de acuerdo con que el Estado ayude a las escuelas religiosas que atienden a poblaciones pobres.
Paz Vega interpreta a Teresa de Jesús en Teresa: el cuerpo de Cristo.
Roma (Efe).- La Iglesia católica italiana también tendrá su propia Miss después de que el sacerdote Antonio Rungi haya lanzado un concurso en internet para elegir a la monja más guapa del país, informaron los medios de comunicación locales. «Sister Italia 2008» (Hermana Italia 2008) es el concurso de belleza ideado por el teólogo Rungi para acabar "con algunos prejuicios sobre que se hacen monjas las chicas menos atractivas". Para participar en este particular concurso, las monjas no desfilarán con sus hábitos ni mostrarán sus dotes, sólo tendrán que enviar una foto que será publicada posteriormente en una página de internet. Como en todos los concursos, también «Miss Monja» impone unos requisitos: las participantes podrán ser novicias o profesas y tienen que tener más de 18 años y menos de 40. Las monjas tendrán que enviar «fotos bonitas y expresivas, que muestren la belleza tanto en el plano estético como espiritual», explicó el sacerdote. Después serán los internautas los encargados de votar a la monja más guapa de Italia. «Una monja santa, inteligente, pero también guapa puede dar mucho en la misión de la evangelización y de la pastoral juvenil», agregó el sacerdote, que pidió que sean numerosas las monjas que revelen su belleza en este concurso. «Vivimos en tiempos en los que la visibilidad es muy importante y puede servir a las monjas para que se conozca su instituto o el carisma de una fundación religiosa», añadió. Además, según Rungi, el concurso servirá para hacer cambiar «la imagen que se tiene de que las monjas son mujeres tristes, desilusionadas de la vida y no realizadas» y «hará aumentar las vocaciones entre las jóvenes». Rungi explicó que su verdadero objetivo es organizar en un futuro un verdadero concurso de belleza para monjas, en el que se puedan ganar premios para destinar a las iniciativas humanitarias de los institutos religiosos a los que pertenecen.
Agnes Gonxha Bojaxhiu (Madre Teresa de Calcuta). Podría haber participado.
Lanzan un reality que convierte a los participantes al cristianismo en el Reino Unido
Periodismo.com.- El programa fue creado por un reverendo, con el propósito de devolver una forma de vida «más cristiana» a la sociedad británica, que se encuentra en «decadencia moral». El nuevo reality Make me a Christian (Hazme Cristiano) llegó a la televisión del Reino Unido. En este programa un grupo de participantes voluntarios debe abandonar su vida normal para tratar de vivir como cristianos durante tres semanas. Esta propuesta fue creada por el reverendo George Hargreaves, quien cree que la sociedad británica se encuentra en un estado de «decadencia moral». La serie se divide en tres partes. En la primera se celebrará una eucaristía en una catedral de más de mil años. En la segunda etapa el reverendo les regalará Biblias a los participantes, que deberán leerla todos los días. Además, asesores visitarán sus casas para darle ciertas pautas sobre cómo llevar una vida como cristianos. Los concursantes son siete. Entre ellos se encuentran un ciclista ateo; un joven educado en el cristianismo hasta los 12 años, que tiene una novia embarazada; una representante de bailarines adicta a los zapatos de diseño; una pareja que no tiene tiempo para dedicarle a sus hijos; un hombre mujeriego; y una lesbiana que tiene amantes masculinos de modo esporádico.
No se pierdan la página oficial del reality show y la galería de participantes.
LOS ANGELES.- Es una de las actrices en ascenso más bellas y sensuales de Hollywood. Tal vez por eso, su aparición en una comedia en la que interpreta nada menos que a la madre Teresa de Calculta generó un gran revuelo en todo el mundo. El escándalo estalló hace un par de días, cuando se difundió el trailer de Teresa: the making of a saint, donde la ardiente Megan Fox (la estrella de Transformers) interpreta a la religiosa albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu, mucho más conocida como la Madre Teresa de Calcuta. En el momento más fuerte del avance se puede ver cómo un joven cura frota su pulgar sobre los labios de la hermana.
Ficción dentro de la ficción ¿Quién se volvió loco en Hollywood y le dio luz verde a una película biográfica muy subida de tono sobre una de las figuras religiosas más importantes de nuestra época? Por ahora, nadie. Sucede que el trailer de Teresa: the making of a saint es una ficción dentro de una ficción, es decir, un fragmento de la comedia How to Lose Friends and Alienate People que se estrenará el 3 de octubre en Estados Unidos y que está protagonizada por Kirsten Dunst, la novia del Hombre araña. La película es una comedia basada en la vida de un torpe periodista de la farándula, que está interpretado por el popular humorista inglés Simon Pegg.
El papel de Megan Fox en la película es el de la joven estrella Sophie Maes, que protagoniza el cuestionado filme biográfico sobre la vida íntima de la Madre Teresa. Más allá de la humorada, las primeras protestas por lo que se considera una abierta blasfemia ya se hicieron oír en Hollywood. De hecho, agrupaciones cristianas han iniciado una campaña para boicotear el estreno del filme. Megan Fox, considerada por los críticos como la sucesora de Angelina Jolie, no quiso formular declaraciones sobre el tema, aunque se mostró bastante molesta con su imagen de símbolo sexual. «No estoy cómoda con eso. Me molesta», declaró la protagonista de Transformers. Los trailers falsos son la última moda en la industria del cine. La tendencia parece haber comenzado con Grindhouse, el doble programa dirigido por Quentin Tarantino y Robert Rodriguez que incluye las publicidades falsas de películas de terror y de explotación sexual. Los cortos tuvieron tal repercusión que Robert Rodríguez decidió filmar Machete tras el éxito del trailer. Una guerra de película, de próximo estreno, recibió más de una crítica por Simple Jack, un corto falso donde el personaje de Ben Stiller interpreta a un joven con problemas mentales. De hecho, Una guerra de película comienza con tres trailers apócrifos. La parodia Teresa: the making of a saint parece haberse originado por la película española Teresa: el cuerpo de Cristo, filme biográfico estrenado el año pasado sobre la santa española Teresa de Jesús. La película está protagonizada por Paz Vega y levantó revuelo en España por su fuerte contenido erótico.
Retirada una novela sobre la niña esposa de Mahoma por miedo a «incitar la violencia». La editorial, Random House, intenta proteger así a la autora, los editores y los libreros de la ira religiosa
REUTERS.- Para no incitar la violencia religiosa, mejor retirar el libro, han pensado en la editorial Random House. The jewel of Medina, la novela de debut de la periodista Sherry Jones, de 46 años, tenía que publicarse el 12 de agosto en la editorial Random House, del grupo Bertelsmann AG, y ya se había programado una campaña publicitaria en ocho ciudades, según ha declarado la autora. La novela rastrea la vida de A’isha desde que se convierte en la prometida de Mahoma, con seis años, hasta la muerte del profeta. Jones asegura que está sorprendida tras enterarse, el pasado mayo, de que la publicación iba a ser pospuesta indefinidamente. «He escrito deliberada y conscientemente con todo respeto sobre el Islam y Mahoma (...) y creía que mi libro contribuiría a acercar posiciones». El editor adjunto de Randon House Thomas Perry ha señalado en un comunicado que la compañía ha recibido «la advertencia de que la publicación del libro podría ser ofensiva no sólo entre la comunidad islámica sino que también podría incitar actos de violencia por parte de un pequeño segmento radical». «Ante esta tesitura, hemos decidido, tras mucha deliberación, que se pospondrá la publicación por la seguridad de la autora, de los empleados de Randon House, de los libreros y de todos los implicados en la distribución y la venta de la novela», añadió Perry. La novelista, que acaba de completar una secuela de la novela en la que aborda la vida posterior de su heroína, es libre de vender su libro a otras editoriales, según ha señalado el editor adjunto de Random House. La decisión ha suscitado la controversia en internet y en los círculos académicos. Hay quien ha comparado la controversia con otros casos anteriores en los que las recreaciones del islam han provocado la violencia. Fue el caso de las protestas y manifestaciones que estallaron en varios países islámicos en 2006, a raíz de la publicación de diversas caricaturas, como algunas que mostraban a Mahoma con una bomba en el turbante, en un diario danés. Al menos 50 personas murieron y las embajadas danesas fueron asaltadas. El libro Los versos satánicos (1988), del novelista británico Salman Rushdie, desató revueltas en todo el mundo islámico. Rushdie tuvo que ocultarse durante varios años después de el ayatolá Jomeini, por entonces la autoridad religiosa suprema de Irán, proclamara una condena a muerte (o fatwa) contra él. La autora de The jewel of Medina ha visitado Oriente Próximo y ha estudiado durante años la historia árabe ha señalado que la novela es una síntesis de todo lo que ha aprendido. «Vivieron una gran historia de amor», ha afirmado Jones sobre Mahoma y A’isha, a quien a menudo se alude como la esposa favorita de Mahoma. «Él murió con la cabeza reposando en el pecho de ella».
Estuve viendo los blogs de Jeff Shallit y PZ Myers, que respondían a un ensayo del The Scientist titulado «Lo que entienden bien los neo-creacionistas», de Gordy Slack, periodista y autor de un libro excelente, The Battle Over the Meaning of Everything: Evolution, Intelligent Design, and a School Board in Dover, PA. (Y la respuesta de Slack a PZ y la contra-respuesta de P.) Slack argumentaba que parte de la razón de la persistencia del creacionismo es que los evolucionistas a menudo reaccionan con «furia ridícula y con pretensiones de superioridad» sobre algunas cuestiones en las que los creacionistas podrían tener un buen argumento, o al menos no estaban tan claramente equivocados. Considero que tanto Slack y sus amigos y colegas críticos, y ambas partes de la discusión, tienen algunos argumentos válidos. Pero creo que muchos de los argumentos que tanto Slack como sus críticos hacen sobre este ejemplo en particular, no funcionan.
El Origen de la Vida (ODLV)
Slack lista unos «pocos argumentos valorables» que hacen los creacionistas. Aquí está el primero:
Antes, tengo que estar de acuerdo con la gente del Diseño Inteligente (DI) de que hay preguntas muy grandes (y, francamente, excitantes) que deben mantener humildes a los evolucionistas. Mientras que hay importantes trabajos que están avanzando en el área de la biogénesis, por ejemplo, creo que es honesto decir que la ciencia aún está en la oscuridad acerca de esta pregunta fundamental.
Antes, una pequeña digresión: Shallit puntualiza que «biogénesis» significa la producción de vida mediante la vida, mientras que Slack está hablando acerca del origen de la vida (ODLV). Ups. Una digresión mayor: PZ dice que, con toda seguridad, las grandes y excitantes preguntas no respondidas sobre el origen de la vida existen en la ciencia, pero que los científicos han dicho esto antes, y además las consideran como oportunidades de investigación, no fallas. Shallit separa el ODLV de la evolución, diciendo que la evolución es lo que sucede después de que ya hay vida; Shallit hace esto al enfrentar la afirmación de Slack de que esta respuesta es poco honesta. Shallit también argumenta un poco más sobre si hemos hecho o no sólo un «pequeño progreso» en la comprensión del ODLV, pero dice que aún si sólo hemos hecho un pequeño progreso, es mejor que el DI. Este mini-debate apunta a lo que yo creo, y que frecuentemente he dicho en las conversaciones, es una de las mayores fallas en cómo se responde a los creacionistas. Demasiado frecuentemente, cuando el ODLV llega a las discusiones populares (periodistas, debates en línea, etc.), el anti-creacionista responde con alguna variación de «seguro, es un problema difícil aún no resuelto, pero estamos trabajando en ello», o el marchito aserto «en realidad, el ODLV está fuera del dominio de la biología evolucionista», o finalmente «estamos casi a oscuras acerca del ODLV, pero por lo menos lo que tenemos es mejor que los creacionistas diciendo que abandonan y diciendo que ha ocurrido un milagro». Mi posición: Ya es tiempo de que todos estos argumentos sean descartados o modificados significativamente. Son básicamente perezosos, respuestas demasiado fáciles que se basan en detalles técnicos rebuscados o afirmaciones casi filosóficas del tipo «aún si en este punto los creacionistas tuvieran empíricamente la razón -que no la tienen, pero estoy demasiado ocupado para explicarlo en este momento-, no tendría importancia». Y lo peor es que estos tres tipos de afirmaciones describen incorrectamente del estado actual de la ciencia entre la gente que trabaja en ese campo. Simplemente, no es verdad que nosotros, la comunidad científica, no sepamos casi nada acerca del ODLV (lo que un individuo que se dedica a trabajar con fósiles o moscas de la fruta o especiación podría conocer personalmente, es un tema diferente). Aquí está una corta lista de cosas que hemos descubierto o confirmado en los últimos 50 años, aproximadamente, en lo concerniente al origen de la vida. En mi opinión, todos estas razones han alcanzado una confianza tan suficientemente alta, que es poco probable que cambien demasiado con descubrimientos futuros, y nuestra confianza en ellos no depende de incertidumbres en las preguntas que quedan sin responder.
Descubrimiento del ODLV Nº 1: Toda la vida conocida puede rastrearse hacia atrás hasta un único ancestro común que, comparado con lo que la mayoría de la gente entiende como vida actual (es decir, plantas y animales), era relativamente simple -microscópico, unicelular, posiblemente tan complejo como una bacteria promedio o quizás algo menos que eso. Como muchos de los creacionistas, y a veces otros, son un poco lentos de sesera para entender correctamente este punto, permítanme que despeje algunos errores comunes. La expresión «único ancestro común» no se refiere –y nunca se ha referido para la gente que presta atención suficiente– a un único organismo individual, en sentido literal. Imagínense un arbol filogenético con los humanos y los chimpancés en las ramas. Cuando seguimos el rastro hacia atrás hacia el «ancestro común» de los chimpancés y los humanos, ¿ese nodo representa a un único individuo, en sentido literal? No, ¡por supuesto que no! Todos (bueno, todos los que prestan atención) se dan cuenta de que ese nodo ancestral representa una especie o población que comparte genes en un acervo genético (gene pool, en el original). Lo mismo se aplica a todos los nodos ancestrales de un árbol filogenético, incluyendo al Último Ancestro Común (UAC) de la vida conocida. Con esto entendido, el debate iniciado por Ford Doolittle y otros acerca de la naturaleza precisa del Último Ancestro Común –ellos argumentan que era una población de unicelulares que estaban desenfrenadamente traficando genes– puede ser ubicado en el contexto correcto. Es básicamente un debate acerca de cuán amplio o estrecho es el cuello de botella que representa el Último Ancestro Común, y en qué medida (por ejemplo) la vida moderna podría contener algunos genes derivados de una transferencia lateral proveniente de linajes pre-UAC, que ahora están extinguidos. Estos debates son fascinantes y altamente técnicos, pero no menoscaban de ninguna manera el Punto Nº 1. De alguna manera, irónica y contraintuitivamente, aquellos que dicen que hubo una transferencia desenfrenada lateral –ésta se supone que es la posición «radical» que «arranca de raíz el Árbol de la Vida» cuando sus proponentes se enojan– en realidad están empujando al UAC hacia algo más y más parecido al banco común de genes tradicional -es decir, especies; es decir, lo que todos los demás nodos del árbol filogenético representan. De cualquier forma que la seccionemos, toda la vida conocida (con excepciones derivadas menores, y exceptuando a los virus) comparte un conjunto de proteínas y genes de RNA, un sistema de proteínas DNA-RNA y un código genético mayoritariamente estándar (otra vez, con excepciones derivadas menores), etc. Aún si varios otros trozos de la vida moderna viniera de otros linajes ancestrales (poco probable para muchas características, en mi opinión, pero podría haber algunas excepciones), este sistema compartido señala que toda la vida conocida -es decir, toda la que no está extinguida- desciende de un cuello de botella bastante bueno, en el que estas características quedaron fijadas en la «población». Y este ancestro reconstruido es quizás tan complejo como una bacteria típica, y probablemente menos que eso. Podría haber sucedido que en los últimos 50 años, la ciencia descubriera que la vida conocida tuviera en realidad múltiples orígenes, o que en la raíz del árbol hubiera un organismo multicelular complejo, con 30.000 genes y un enorme, elaboradamente regulado, genoma, pero por el contrario encontramos un unicelular con un genoma relativamente pequeño y simple. Varias advertencias, importantes para los científicos pero irrelevantes para gente de educación de nivel inicial y que trate con creacionistas (por ejemplo, algunos genes más podrían haber pasado a través del cuello de botella en algunos pero no en todos los organismos si el UAC fuera más que una comunidad que intercambiaba genes) no deberían permitir que se nos distraiga del Punto Principal: la ciencia ha confirmado la hipótesis, que se remonta por lo menos hasta Darwin, de que el ancestro de la vida moderna era mucho menos complejo que la vida de hoy.
Descubrimiento del ODLV Nº 2: El Último Ancestro Común mismo fue el producto de la evolución de otro ancestro aún más simple. El trozo más simple de evidencia para esto es que una cantidad de genes encontrados en el Último Ancestro Común son homólogos, y por lo tanto, derivados de un solo ancestro común por duplicación y modificación. En otras palabras, el Último Ancestro Común tenía un conjunto de proteínas ATPasa que ya habían evolucionado desde una única proteína ancestro por duplicación y eventos de divergencia que todavía son detectables estadísticamente al día de hoy. Y hay una cantidad de otros genes para los cuales puede decirse lo mismo, e indudablemente muchos otros que sucedieron pero no son estadísticamente detectables miles de millones de años después, debido al debilitamiento de la señal. Hasta aquí hemos establecido que cualquiera –creacionista, evolucionista o lo que sea–, que diga que la comprensión científica del origen de la vida es químicos -> misterio -> complejidad en la vida moderna, no conoce los principios acerca de lo que está ladrando. Como mínimo tenemos químicos -> misterio -> precursor bastante simple del UAC -> UAC -> vida moderna. Pero hay todavía más cosas que ya sabemos.
Descubrimiento del ODLV Nº 3: La vida basada en las proteínas DNA/RNA fue precedida por algo aún más simple: un mundo RNA o por lo menos un mundo fuerte de RNA. El mundo RNA ha tenido mayor atención en la prensa que los Descubrimientos del ODLV Nº 1 y Nº 2, así que voy a tomarme menos tiempo con él. Lea la página en Wikipedia a modo introductorio y particularmente la página EvoWiki para algunas de las principales pruebas que la avalan. Hay dos puntos que vale la pena hacer acerca del mundo RNA que deberían ser hechos cada vez que este tema se discute en las discusiones populares o de refuerzo relacionadas con el creacionismo. Primero: hubo un tiempo, no hace demasiado, en que el hecho de que el DNA codificaba las proteínas, y las proteínas eran necesarias para hacer el DNA, parecían el definitivo e intrínsecamente problema insoluble en el estudio del origen de la vida. Es, en definitiva, el problema del huevo y la gallina o, si prefieres, el definitivo problema de la «complejidad irreductible». Y aún así, los científicos trabajaron en él durante unas pocas décadas y descubrieron una solución factible y sorprendentemente simple. Segundo: bastante sorprendentemente esta solución, el mundo RNA, no se ha sentado como una acumulación de cuentos puramente teórica. Se ha construido un programa de investigación altamente productivo sobre el concepto del Mundo RNA. Las áreas que han experimentado éxitos sustanciales en la última década o dos, incluyen: el descubrimiento de crecientemente variadas capacidades catalíticas del RNA; la evolución de nuevas capacidades en el RNA replicado y evolucionado; la evolución del código genético que traduce DNA a RNA a proteína; y el origen prebiótico de componentes de RNA. Cada una de estas áreas se ha desarrollado en un subcampo que ha experimentado descubrimientos de investigación muy importantes en los años recientes. Por ejemplo, sobre el origen del código genético, este trabajo recopila docenas de indicadores sobre el orden en que los aminoácidos son añadidos, paso a paso, al código genético y muestra que la evidencia respalda fuertemente un escenario bastante específico (que comparte muchas similitudes con escenarios más tempranos, más especulativos construidos sobre la base de sólo unas pocas líneas de evidencia). Ergo, no sólo sabemos que el Último Ancentro Común de la Vida era simple, y que su ancestro era más simple, y que su ancestro era un bicho dominado por el RNA aún más simple; es más, tenemos una idea decente acerca del orden de los pasos por los cuales evolucionó el código genético mismo.
Descubrimiento del ODLV Nº 4: Los crecientemente simples ancestros de la vida moderna no estaban hechos de cualquier cosa, estaban hechos de químicos que da la casualidad que se generaban por plausibles mecanismos abióticos encontrados en los tempranos sistemas solares. Esta área también es bien conocida, pero muchos, tanto creacionistas como científicos y periodistas que no han pensado suficientemente en ello, tienden a pensar en la química prebiótica como el principio y el final de los estudios sobre el origen de la vida, y por alguna razón extremadamente tonta que no puedo entender, probablemente simple falta de cuidado, tienden a pensar que hasta que los químicos hagan aparecer la vida en un tubo de ensayo no «sabemos nada» acerca del origen de la vida. Aquí va una corta lista de los descubrimientos hechos en química prebiótica, todos los cuales aumentan nuestra confianza en la idea de que el origen de la vida fue un proceso gradual, desde químicos abióticos a replicadores simples a los ancestros simples de la vida moderna que fueron descubiertos más arriba. Incluiré algunas sutilezas que he visto que en ocasiones conducen a la gente por mal camino.
* El agua es uno de los compuestos más comunes en el universo, y era/es común en el sistema solar (sutileza: la mayoría de ella está congelada, pero recuerden que en cualquier planeta con cosas calientes afueras y cosas frías y heladas afuera, habrá una región intermedia correcta en donde el agua será líquida). * Los planetas parecidos a la Tierra son, probablemente, razonablemente comunes (sutileza: no los hemos descubierto directamente todavía, pero esto no es porque no estén allí, es porque nuestros instrumentos actuales son sólo lo suficientemente sensibles para detectar planetas grandes y próximos en otras estrellas. Sin embargo, la distribución de las cosas que podemos detectar, sugieren fuertemente que hay montones de planetas parecidos a la Tierra en órbitas parecidas a la de la Tierra que serán descubiertos en el futuro cercano. Eso es una predicción, los científicos la testearán, eso es la ciencia para ti. Recuerden que, volviendo a los 1990’s, el proponente del Diseño Inteligente William Dembsky era escéptico sobre la idea entera de planetas extrasolares. ¡Ups!). * Los aminoácidos son fáciles de generar, por una variedad de procesos, y esto no sólo está respaldado por los experimentos sino por observaciones de aminoácidos en meteoritos y otro material extraterrestre. (Sutileza: Hay un cuerpo de pensamiento científico serio que sugiere que la atmósfera temprana de la Tierra era más neutral y menos reductiva de los que se pensaba algunas décadas atrás, pero (1) esto no es seguro, la química redox de las rocas y la atmósfera de la Tierra es un asunto complejo (y me pregunto si el impacto que produjo la luna, al remover gran parte del manto pero dejando la Tierra enriquecida de hierro pesado podría haber hecho la atmósfera terrestre más reductiva, por lo menos al principio - ¿comentarios?); (2) aún en una atmósfera u océano neutral habría condiciones reductivas localmente - ¡caramba! hay condiciones reductivas locales en la Tierra en este momento, aún con nuestra corteza y atmósfera fuertemente oxidada; (3) según parece, aún las atmósferas neutrales, de todos modos pueden producir aminoácidos con rendimientos respetables; y (4) todo este sub-debate es de alguna manera dudoso, ya que tenemos evidencia directa de formación de aminoácidos en el sistema solar, por ej., en meteoritos). * Los precursores de RNA son, de alguna manera, más difíciles, pero ha habido también progreso en esa área, y de todos modos no hay ningún requisito de que el primer replicador deba haber sido el RNA; se han sugerido numerosos otros «mundo» más simples y están siendo explorados (PNA, ácidos nucleicos péptidos; otros NAs de varios tipos; y mundos lípidos, que tienen el encanto distintivo de la capacidad de replicación instantánea y herencia estadística, con burbujas hijas que contienen una submuestra de los químicos que forman las burbujas madres, y el crecimiento ocurre por incorporación de lípidos desde el ambiente y de otras burbujas; así que posiblemente los primeros «replicantes» fueron aún más simples de lo que alguno pensó). * La principal fuente de energía de la vida actual es la ATP y otras moléculas energizadas con fosfato. Entonces, ¿cuál fue la fuente prebiótica de estas? Resulta ser que los polifosfatos inorgánicos (cadenas del tipo fosfato-fosfato-fosfato-fosfato) tienen vínculos energéticos muy similares a los de la ATP (que es adenina-fosfato-fosfato-fosfato), y aún pueden ser formados por el calentamiento simple de ciertas rocas. * Menos conocido es el hecho de que los orígenes prebióticos de muchos cofactores y otros pequeños compuestos bióticos universales también han sido reconstruidos.
En qué se está trabajando realmente. Lo anterior debería convencer que la idea de que no sabemos nada o muy poco acerca del ODLV es sólo tontería desinformada. El campo ha hecho grandes progresos. Quedan todavía algunos famosos rompecabezas, pero no cuadran con el «no sabemos nada sobre el origen de la vida». Además, algunos de los rompecabezas que los creacionistas, y a veces otros, consideran que son grandes problemas, no necesariamente son así. Por ejemplo:
* El origen de la quiralidad (el giro a la izquierda de los aminoácidos). Esto es un rompecabezas importante si se hace la suposición extremadamente tonta e insensata (como lo hacen los creacionistas, pero a veces otros) que el primer uso de los aminoácidos en la vida temprana se supone que es en largas cadenas de aminoácidos, hechas de más de 100 aminoácidos montados al azar desde otra mezcla de más de 20 aminoácidos diferentes con otra mezcla de aminoácidos girados a la derecha y a la izquierda. Pero aquí, en el mundo real, donde el origen del código genético ha sido reconstruido con algún detalle, sabemos lo siguiente: el primer código genético primitivo usaba sólo uno o unos pocos aminoácidos, y uno de los primeros fue glicina, que es el aminoácido más simples, el aminoácido más común producido en experimentos prebióticos, y que es aquiral (sin diferencia de giro a derecha y a izquierda). Hay algunos trabajos muy interesantes que indican que la naturaleza tiene varios procesos que podrían incrementar la proporción de aminoácidos girados a la izquierda, pero no es del todo claro que esto hubiera sido necesario para explicar la quiralidad. * El origen del primer replicante. Este es, en realidad, el gran tema de la discusión sobre el ODLV, y donde todavía están sucediendo los grandes y contenciosos debates dentro de la ciencia, pero otra vez encuentro que muchos de los que discuten operan con asunciones burdas e ingenuas acerca de lo que «deberían» haber parecido los replicantes tempranos y qué experimentos prebióticos «deberían» ser capaces de producir para «solucionar» este problema. Es una mini-versión de la ridiculez: «produzca una célula moderna en un tubo de ensayo para mí, o no habrás resuelto el ODLV», es decir, «produzca un Mundo RNA auto replicante, con «secuencias genéticas con información» que se dupliquen en el tubo de ensayo, y hasta que no lo hagas, no puedes decir que sabemos cualquier cosa sobre el origen de los replicantes». De nuevo, aquí en la «tierra de la realidad», las distinciones entre replicantes y no replicantes no son tan claras. Ya he mencionado las ideas sobre el «mundo lípido» y el concepto de «herencia estadística», donde en general se transmiten o acumulan propiedades químicas, sin necesidad de herencia exacta de una secuencia. Conceptos similares han sido aplicados por los trabajadores del ODLV a los aminoácidos y a las «secuencias» de ácido nucleico, donde antes de conseguir una herencia exacta de secuencia, podría haber una etapa en donde estuviera ocurriendo una incorporación inexacta de un rango de bases químicamente similares. Otra sutileza es la diferencia entre «auto-replicación» y procesos en donde los componentes prebióticos atraviesan una serie de procesos químicos, y las diferencias en la cinética química aumenta la frecuencia de componentes que tienen cinéticas más rápidas; si estos componentes son auto-catalíticos, pueden iniciar un sistema de retroalimentación en el que los químicos con cinéticas mayores toman parte en un sistema de proto-selección. Extrañamente, a pesar de que todos los que estudian química en la universidad aprenden que el producto de las reacciones químicas es una combinación de termodinámica y cinética, muchas discusiones del ODLV que vienen de los científicos, y todas las trilladas críticas de los creacionistas, se han enfocado en la termodinámica. Esto es particularmente extraño, ya que la auto-replicación es el ejemplo más acabado de la cinética superando a la termodinámica.
¿Cuál es el punto de esta sub-discusión? Bien, si es el caso de que el origen del primer «replicante» fue, como todo lo demás que hemos descubierto en el estudio del ODLV, un proceso lento, gradual (es decir, paso a paso) y acumulativo, entonces es bastante tonto tener en nuestras cabezas la idea de que los experimentos del ODLV deberían producir replicantes enteros de una sola vez para que los experimentos sean exitosos. Esta es, básicamente, una expectativa insostenible, que expresa confusión conceptual acerca de lo que un origen de la vida evolutivo «debería» parecer.
El punto principal
Ahora que he reseñado brevemente el campo del ODLV y discutido los mayores descubrimientos y algunos de los errores comunes, volvamos a la afirmación que cité al principio. ¿Es realmente verdadero que la «ciencia todavía está a oscuras» sobre el ODLV, como dijo Slack? De ninguna manera. Si vivimos en un mundo donde realmente parecía que las primeras cosas vivas eran tan complejas o más complejas que la vida actual, o donde el último ancestro común no contuviera absolutamente ninguna prueba de una historia evolutiva, o donde grandes rompecabezas obvios como la interdependencia de DNA/RNA/proteína no tuviera ninguna insinuación de solución, o donde los bloques constitutivos de la vida estuvieran completamente no relacionados con aquellos producidos en experimentos prebióticos; todas estas cosas serían verdaderas, digamos, en un planeta robótico sin vida microscópica, en donde los robots fueran replicados por cadenas de montaje macroscópicas dirigidas por otros robots, y que funcionan abrochándolos a una parrilla de plantas de fusión - entonces podríamos decir «la ciencia todavía está a oscuras» sobre el origen de esta biosfera robótica. Pero, en su lugar, tenemos numerosas líneas de evidencia, todas apuntando hacia la noción de que la vida actual desciende de un ancestro relativamente simple, y ese ancestro desciende de una serie de ascentros aún más simples. ¿Por qué cualquiera de esta evidencia debería existir si la vida fue traída a la existencia toda de un solo paso, que es lo que los creacionistas y proponentes del Diseño Inteligente piensan que sucedió, aún cuando no lo admitirán porque no son lo suficientemente valientes para defender lo que realmente piensan? Adicionalmente, ¿por qué los rompecabezas que quedan, particularmente acerca del origen del primer replicante, provocan una inusual cantidad de malestar para los científicos? Ya sea que ese rompecabezas se resuelva o no, la brecha entre los experimentos prebióticos y los primeros replicantes (o mejor aún, seudo-replicantes con herencia estadística) es un vestigio de brecha drásticamente reducido, comparado con la brecha tal como se veía en, digamos, 1950. Cuando piensas en ello, el intento creacionista de meter la intervención divina milagrosa dentro de esta brecha pequeña y estrecha que queda, es realmente lastimoso, y un comentario bastante triste sobre el estado al que han sido reducidos el creacionismo y el Diseño Inteligente. El versículo «Y Dios dijo: hagamos que los precursores de NA se junten en una corta cadena no codificada y favorecida cinéticamente y se seudo-repliquen aproximadamente estadísticamente, de acuerdo a su especie» no tiene el mismo sonido para ellos. De manera similar, si mi caracterización del estado de la ciencia es certera, es altamente irresponsable que los científicos contesten los argumentos de los creacionistas acerca del origen de la vida con frases como: «aún si en este punto los creacionistas tuvieran empíricamente la razón -que no la tienen, pero estoy demasiado ocupado para explicarlo en este momento-, no tendría importancia», o «en realidad, el ODLV está fuera del dominio de la biología evolutiva». La primera afirmación se rinde sin argumentos ante un punto de discusión falaz favorito de los creacionistas, y así confirma y contagia su desinformación, aún si la evolución «gana» el argumento en su propia cabeza acerca de algún punto filosófico más amplio. En lugar de poner al creacionista de vuelta sobre sus talones con una ola de evidencia contradictoria, ese tipo de respuesta, aún si el punto filosófico es válido, deja al creacionista y a cualquiera de sus lectores receptivos airado de que el punto empírico no ha sido tratado, y que la posición creacionista o del Diseño Inteligente está siendo excluida por las reglas del juego. El hecho de que este tipo de respuesta es mucho más fácil y rápida de armar, no la hace la mejor. La segunda afirmación -dividir el ODLV de la teoría de la evolución- es sólo correcta técnicamente, en una suerte de camino legalista, traído de los pelos. Seguro, es verdad que técnicamente «la evolución» sólo sucede una vez que hay vida, o al menos replicantes, pero ir de los replicantes al último ancestro común es más de lo que mucha gente cree cuando están pensando sobre el origen de la vida, es decir, «¿de dónde vino el ancestro evolutivo de toda la vida actual?» y todo eso es evolución, de todas formas. Además, aún el origen del primer «replicador» clásico fue él mismo, muy probablemente, un proceso evolutivo, en el sentido de que ocurrió de manera gradual, y no todo-a-la-vez, y que el primer replicante fue probablemente precedido por varios tipos de seudo-replicación, herencia estadística y desvíos cinéticos. Si eliminas la evolución de tu pensamiento acerca del origen del primer replicante, entonces es muy probable que nunca entenderás cómo sucedió, o de qué se trata la investigación actual sobre la cuestión. Finalmente, aún aparte de estas detalladas consideraciones, «la evolución» tiene razonablemente un significado más amplio -la evolución del universo, del sistema solar, del planeta y la geoquímica del planeta, y el origen de la vida y el origen del primer replicante deben ser entendidas como parte de esa historia evolutiva más larga. Otro punto revelador es que la respuesta a la afirmación «pero el ODLV está fuera de la teoría evolutiva» también tiene el problema de simplemente esquivar el trabajo difícil de describir los descubrimientos y el trabajo de la ciencia moderna, un problema que ya he descripto. En conclusión, si estuviera a mi alcance, desecharía completamente esta afirmación de la caja de herramientas retórica de los defensores de la evolución.
Ateísmo esencial total desde la perspectiva del materialismo filosófico.
El autor
Fernando G. Toledo
Poeta, narrador y periodista. Soy Licenciado en Comunicación Social. Soy editor en Diario Los Andes. Fui director periodístico de InMendoza y Grupo Post y periodista en Radio Nihuil. Fui jefe de espectáculos de Diario Uno y periodista de Canal 7 Mendoza. Publiqué en poesía: Hotel Alejamiento (1998), Diapasón (2003), Secuencia del caos (Premio Vendimia, 2006), Viajero inmóvil (2009), Mortal en la noche (2013), Plano secuencia. Antología poética 1998-2018 (2018) y «Cirugía de extracción» (2026). En narrativa: «La luz mala», como parte de Mitos y leyendas cuyanos (Alfaguara, 1998), la novela de no ficción De Mendoza a Tokio (2014), El mar de los sueños equivocados (2016, Premio Vendimia de novela Juvenil), el e-book Magia y pasión de Liliana Bodoc (2019) y las crónicas La ilusión de un gran final (2022). En ensayo: Cruz y ficción (2021, edición ampliada en 2025). En 2016 se estrenó mi obra teatral De Mendoza a Tokio y en 2017, Los sonidos de la buena memoria. Para entender el mundo, uso las herramientas del materialismo filosófico. Soy ateo esencial total y publico desde 2005 el blog Razón Atea.Soy el creador y director del Festival Internacional de Poesía de Mendoza.