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  1. El 36 por ciento de los franceses afirma creer en Dios, mientras que un 34 por ciento dice no creer en Él, señala el sondeo, que revela que el 22 por ciento de los consultados se pregunta sobre la existencia de Dios.
    Estos franceses que afirman que se cuestionan si Dios existe o no aseguran desconocer si creen o no, frente al 8 por ciento de los que dijeron que tampoco saben si creen pero que ni se plantean esa duda.
    La encuesta fue realizada a propósito del estreno, la próxima semana, del filme Qui a envie d'être aimé? (¿Quién tiene ganas de que le amen?), dirigido por Anne Giafferi y en el que se cuenta la historia de la conversión religiosa de un hombre de 40 años.
    Preguntados por los factores que dan sentido a su vida, los interrogados aseguraron en un 92 por ciento que el principal es «encontrar el amor» y el 87 por ciento respondieron que esa pregunta se contesta con el hecho de tener descendencia.
    Creer en Dios como el principal elemento que da sentido a la propia vida sólo lo consideran el 45 por ciento de los consultados en el sondeo de Harris Interactive para el periódico.
    El 42 por ciento de los consultados manifestaron que es difícil para ellos hablar de Dios y el 44 por ciento estiman que ese asunto tiene una naturaleza íntima, aunque el 62 por ciento confiesan que les gustaría tratar del tema con personas de su confianza.
    El 11 por ciento de los consultados, a la hora de responder a la cuestión de por qué les resulta difícil hablar sobre sus dudas acerca de Dios, responden que tienen miedo al juicio que otras personas puedan tener de ellos.

  2. Ateísmo

    jueves, enero 20, 2011



    Este video forma parte de la colección de Teselas, de Gustavo Bueno.

  3. Materialismo, Navidad y religión

    martes, enero 04, 2011



    La adoración de los pastores, por El Greco


    © Manuel Gala 


    Existe entre muchos auto-considerados miembros de «la izquierda» una extendida corriente de opinión en torno a las festividades que componen la Navidad consistente en negarles su importancia, reducirlas a un mero evento sociológico de hipocresía consumista y excesos de todo tipo o incluso, entre una ínfima minoría consecuente, en no celebrarlas o parodiarlas. Un ejemplo muy obvio del último caso se dio en la pasada Nochebuena [en España] cuando la cadena televisiva Cuatro –conocida en España por pertenecer al grupo empresarial Prisa y, por tanto, al ámbito de influencia mediática del PSOE– emitió la celebérrima película de los humoristas británicos Monty Python: La vida de Brian.
    Naturalmente, en España esta tendencia de rechazo forma parte de una larga tradición anticlerical, hoy descafeinada aunque muy presente, que caló hondo desde finales del siglo XIX entre diversos partidos, sindicatos y agrupaciones políticas del ámbito radical republicano, socialista y anarquista. En buena medida, este profundo antagonismo en una sociedad paradójica y tradicionalmente conocida en la historia por ser blasón y espada del catolicismo durante la Edad Moderna, aparte de deberse a la obvia tensión dialéctica vivida en todo el ámbito occidental tras las revoluciones burguesas ilustradas y la muerte del Antiguo Régimen, vino reforzada por la influencia de las corrientes más liberales de la francmasonería en un contexto de descomposición imperial que propició una visión pesimista sobre la capacidad de la nación para volver a formar parte de la primera línea de la política internacional y equiparar sus logros socioeconómicos, comerciales, industriales, científicos y educativos a la experiencia adquirida por sus vecinos septentrionales. Este atraso se achacaba de forma muy acusada, y no sin parte de razón, a la profunda influencia de la Iglesia Católica en todos los ámbitos de la sociedad, como bridas que pretendían someter al corcel de un «progreso» indomable.
    Sin embargo, la acusada miopía idealista de muchos miembros nacionales de las distintas generaciones de izquierda no les permitió ver la importancia sociológica de instituciones tan enraizadas en la católica España, lanzándose a construir la casa por el tejado en una, en ocasiones literal, guerra sin cuartel a todo aquello que oliera a incensario. Esto les granjeó abundantes enemistades entre amplios sectores de la sociedad que, en principio, podrían haber apoyado muchas de sus posiciones políticas y que acabaron por darles la espalda en momentos críticos de la historia española, tal como pueden representar los últimos compases de la II República.
    En Izquierda Hispánica seguimos una filosofía materialista heredera de la Academia clásica y del racionalismo moderno e ilustrado, sin obviar importantes aportaciones intermedias y, por supuesto, el propio materialismo histórico de Marx y Engels. Somos ateos, sí, y no de cualquier clase. No decimos no creer en Dios por no haberse hallado evidencia científica de su existencia (ateísmo existencial), algo que en nuestra opinión no anula su posibilidad de forma nítida, sino que directamente consideramos la propia idea de Dios como un conjunto ilógico de propiedades contradictorias incapaz de acontecer, en tanto que no puede existir nada que sea causa de sí mismo, infinito y personal o egoiforme al mismo tiempo, así como resulta inverosímil suponer una totalidad monista simplísima que no anegue su propia creación, que por otra parte surge de una Nada imposible, o una mente omnisciente que desborde la propia materia que hace posible la misma consciencia. Negamos la propia esencia de Dios (ateísmo esencial) y lo reconocemos como una idea emanada de una larga tradición evolutiva de cultos religiosos sobre la que ahora no cabe extenderse.
    No obstante, y dicho esto, consideramos también como materialistas que las instituciones sociales desbordan la condición superestructural que les atribuía el economicismo propio del marxismo más vulgar y que, más allá de estar relacionadas causalmente de forma unívoca con el trabajo y las relaciones de producción económica – sin negar sus evidentes conexiones (y sus desconexiones)–, constituyen y alimentan la propia conciencia racional sobre el Mundo de los sujetos operatorios dentro de las sociedades donde tienen vigencia, pudiendo desarrollar sus propias dialécticas. Efectivamente, toda forma institucional de cierta trascendencia (desde la asamblea y el Estado hasta el rito religioso, pasando por la familia, la gramática, la táctica y el armamento militar, las costumbres gastronómicas, el arte o la programación televisiva) configura los cimientos estructurales de generaciones de nuevos sujetos socializados bajo su influencia y de sus relaciones entre sí, además de condicionar el trato entre las distintas sociedades en sus conflictos interinstitucionales.
    Es indudable que la religión católica, junto con la filosofía escolástica, durante muchos siglos ha prolongado la racionalidad objetivista de los Platón y Aristóteles, constituyendo el puente entre la Antigüedad clásica y la Modernidad ilustrada y lidiando con sofismos gnósticos y subjetivistas de distinto calado –hoy exitosos expandiendo los valores individualistas de las sociedades capitalistas protestantes- durante buena parte de su existencia, además de haber servido y seguir sirviendo aún en buena medida como cemento de cohesión moral en la edificación de las distintas sociedades políticas a través de tradiciones, ritos, instituciones oficiales, calendario y preceptos éticos de conducta, siendo que estos últimos invaden muchas de las concepciones y códigos del derecho positivo contemporáneo. Su influencia es tal que pretender borrarla en su totalidad de un plumazo, aparte de imposible por mucho que se conciba a la educación pública como el bálsamo de Fierabrás que todo lo puede en la socialización institucional, es de poco a nada inteligente y, en ocasiones, incluso indeseable. Huyendo del utopismo de la revolución instantánea y nihilista, y siguiendo a Maquiavelo o al propio Lenin («Un revolucionario ha de saber cuándo ha de ser reformista y cuándo ha de ser revolucionario»), debemos tomar a los hombres y las repúblicas tal como son y no tal como supuestamente debieran ser según las ideas de algún iluminado.
    En tanto que los hombres no nacen como tabula rasa ni son partículas atómicas libres con las que se pueda experimentar en un laboratorio aislado, se han de tener en cuenta aun en procesos transformadores tanto sus tendencias instintivas como su socialización familiar mediante costumbres, tradiciones y códigos compartidos, pues la cohesión social sirve al buen orden del Estado, especialmente en periodos convulsos o revolucionarios. Tal como explicábamos en otro artículo (Izquierda Hispánica ante una teoría de la Revolución Política):

    «Asimismo, queremos ser contundentes en nuestro posicionamiento sobre lo que creemos han de ser los pilares de cualquier teoría revolucionaria política sin manchas nihilistas, es decir, hay que determinar qué es lo que se conserva y qué es lo que se destruye en el proceso revolucionario. En este sentido, la vida de los ciudadanos y algunas instituciones básicas son, sin lugar a dudas, los componentes esenciales a conservar en dicho proceso, lo que podríamos denominar el Principio de Conservación de la Revolución Política. Por esta razón, pensamos que la revolución política ha de ser de algún modo «conservadora» si no quiere caer en el nihilismo, aun cuando las consecuencias del proceso de transformación, más o menos lento, puedan ser radicales en sus resultados, subvirtiendo el orden establecido».


    Tomadas estas precauciones, cabe entonces decir que la Navidad como institución en nuestra sociedad católica no sólo es de suma importancia para los creyentes al conmemorar la encarnación de Dios en el hombre haciéndole partícipe de su divinidad y razón, algo fundamental en el desarrollo filosófico posterior que hace del cristianismo una religión de gran racionalidad objetivista y consideración hacia el sujeto. Además, es reflejo de su correlato natural en el solsticio de invierno, al comenzar a remontar el sol en el horizonte y ganar horas de luz en el hemisferio norte, como anuncio de esperanza sobre el porvenir y el retorno de la vida en primavera. Esta tradición festiva, que pasó en el Imperio Romano de formar parte de las Saturnales y el culto al Sol Invictus a ser institución fundamental del cristianismo, influye sobre la psicología de muchos sujetos que encuentran en la Navidad un momento de reflexión y balance sobre la cosecha del año vencido, y de recogimiento con los seres queridos aguardando la entrada del nuevo. Ignorar o despreciar esta tradición, vaciarla de contenido copiando las costumbres de otras sociedades como culto a la «diferencia» y el consumo especializado, ya sea con la típica pose orientalista o con la imitación de las navidades capitalistas americanas del Santa Claus de la Coca-cola, o tratar de borrarla de cualquier manera, constituye un ataque a toda una herencia histórica de creencias, tradiciones y sentimientos compartidos por infinidad de españoles, a una parte importante de los cimientos de su cohesión social.
    El político inteligente que quiera combatir la superstición religiosa deberá ser muy prudente al tratar de transformar o eliminar determinadas instituciones, y deberá saber que más vale una sustitución muy lenta y paulatina (o incluso la conservación) de la forma de una institución de cierta trascendencia que destruirla por completo ignorando a los sujetos que operan en el mismo medio que él pretende transformar sin asumir consecuencias. Tal como decía Robespierre en plena Revolución Francesa:

    «El movimiento que se ha hecho contra el culto católico ha tenido pues dos grandes objetivos. El primero, reclutar la Vendée, alienar a los pueblos de la nación francesa y emplear la filosofía de la destrucción de la libertad. El segundo, turbar la tranquilidad pública y distraer todos los espíritus, cuando es necesario reunirlos todos para asentar los fundamentos inamovibles de la revolución.
    «Hay hombres que quieren ir más lejos, que con el pretexto de querer destruir la superstición quieren hacer del mismo ateísmo una especie de religión. Todo filósofo, todo individuo puede adoptar sobre el particular la opinión que le plazca. Insensato será quien crea que por esto comete un crimen; pero el hombre público, el legislador, sería cien veces más insensato si adoptara semejante sistema. La Convención nacional lo proscribe. La Convención nacional no es un fabricante de libros, un autor de sistemas metafísicos; es un cuerpo político y popular encargado de hacer respetar no solamente los derechos, sino el carácter del pueblo francés».

  4. Laicismo

    sábado, diciembre 11, 2010



    Video de Gustavo Bueno, correspondiente a la colección de Teselas.



  5. Afirman que utilizar el preservativo es siempre inmoral


    © Juan G. Bedoya
    Publicado en El País de Madrid, el 27/11/2010

    El portavoz de los obispos españoles, Juan Antonio Martínez Camino, se unió ayer a la ceremonia de la confusión en el orbe católico sobre el preservativo. Benedicto XVI justifica su uso «en algunos casos», el Vaticano lo niega y la Conferencia Episcopal se pone sin matices de parte de la supuesta doctrina clásica. La conclusión es que el preservativo siempre es inmoral. Lo dijo ayer Martínez Camino como cierre de la Asamblea Plenaria del episcopado. «En las palabras del Papa no hay, ni de lejos, una legitimación del preservativo. Leyendo detenidamente el libro, no se puede sacar esa conclusión», sentenció. Se refería a Luz del mundo, de Peter Seewald, que acaba de publicarse.
    La comprensión del Papa hacia el uso del preservativo «en algunos casos» ya fue matizada el martes nada menos que por el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Federico Lombardi. L'Osservatore Romano había publicado el día anterior que Benedicto XVI afirmaba en el libro que «pueden existir casos individuales en los que se justifique la utilización del preservativo». El Vaticano, en un comunicado emitido al día siguiente, negó que esto supusiera un viraje. «El Papa no reforma o cambia la enseñanza de la Iglesia, sino que la reafirma».
    Dos días después, era el Papa quien afirmaba que sus palabras no necesitaban de matizaciones, ratificando lo escrito por Seewald. Esto es lo dicho por Benedicto XVI en el libro, cuando habla sobre centros de enfermos de sida gestionados por católicos en África:

    «La realidad es que, siempre que alguien lo requiere, se tienen preservativos a disposición».


    Líneas más abajo alude a su uso para

    «casos fundados de carácter aislado, por ejemplo, cuando un prostituido utiliza un preservativo, pudiendo ser esto un primer acto de moralización y de responsabilidad».


    Consciente Seewald de que lo dicho por el Papa supone una inusitada novedad, repregunta: «¿Significa esto que la Iglesia católica no está por principio en contra de la utilización del preservativo?» Responde Benedicto XVI:

    «Es obvio que no lo ve como una solución real y moral. No obstante, puede ser, en atención de reducir el peligro de contagio, un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente».


    Pero el portavoz de los obispos españoles vuelve a la doctrina clásica: «El uso del preservativo siempre se produce en un contexto de inmoralidad».

  6. Fernando Cuartero

    Apoyo a Fernando Cuartero


    © Luis Alfonso Gámez

    En Magonia

    Fernando Cuartero, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos y subdirector académico del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), ha sido condenado a pagar una multa de 204 euros como autor de una falta de injurias por haber calificado en una carta de «vulgares estafadores» a los organizadores de un seminario espiritista celebrado en esa institución académica, en Albacete, el 31 de octubre y 1 de noviembre del año pasado. La titular del Juzgado de Instrucción Nº 1 de Albacete, Otilia Martínez Palacios, considera en la sentencia que, «aunque sea una crítica social aceptada el hablar de la parapsicología como pseudociencia, no lo es el decir que son vulgares estafadores, porque socialmente estas expresiones son ofensivas y menoscaban y quebrantan la fama y prestigio de la persona a la que van dirigidas».
    El llamado II Seminario Vida después de la Vida contó en octubre de 2009 con la presencia del el parapsicólogo Raymond Moody, autor del libro Vida después de la vida (1976), y la médium Marylin Rossner, que protagonizó una sesión espiritista en el paraninfo de la universidad castellano-manchega. El organizador del acto, Rafael Campillo, incluyó en un principio el logotipo de la UCLM en la convocatoria del acto y presentó a la institución como colaboradora del mismo, pero tuvo que quitarlo cuando varios profesores alertaron de ello a los responsables académicos. Uno de los docentes que protestó enérgicamente por la celebración de un acto de estas características en al UCLM fue Fernando Cuartero, quien dirigió una carta al vicerrector del campus de Albacete que publiqué con su permiso.

    «Pura pseudociencia y charlatanería»
    El catedrático recordaba, en su misiva, que el seminario era «pura pseudociencia y charlatanería, algo completamente impropio de una institución científica y seria como es una universidad», y manifestaba su «total desaprobación a este tipo de actos, como también a sesiones de astrología, quiromancia, videncias, y otras supercherías que no deben tener cabida en una sede como la nuestra». Pedía la suspensión del acto y consideraba «un insulto doloroso» que en la publicidad del seminario pusiera «Colabora la UCLM» y «se incluyera el logotipo de la institución», al tiempo que se preguntaba cómo se permitía que alguien usara indebidamente la imagen de la UCLM. «Aquí me permito recordarte que es eso precisamente lo que buscan. Este tipo de vulgares estafadores, por el módico pago de unas tasas, obtienen, mediante una mala práctica, un pretendido amparo académico que es completamente falso. Y, en cualquier caso, si han hecho un uso indebido de nuestra imagen, me parece que es otro motivo para cancelar el acto, acreditada su mala fe, o al menos exigirles de manera inmediata que cesen en ese uso. Me permito hacerte notar que, el mero hecho de que el que la universidad ceda sus instalaciones, y que además aparezca como colaborador del evento, va a transmitir la impresión de que de algún modo la UCLM da credibilidad a este tipo de actividades, con todo lo que ello supondría para la imagen de la universidad, y sea o no cierto que se otorga ningún tipo de aval», escribía Cuartero.
    De todo lo argumentado, Rafael Campillo considero ofensiva la frase que dice: «Este tipo de vulgares estafadores, por el módico pago de unas tasas, obtienen, mediante una mala práctica, un pretendido amparo académico que es completamente falso». Y demandó a Cuartero. La jueza considera ahora «que dichas expresiones son innecesarias para la crítica del seminario, excediendo de ese animus criticandi. De la misma manera que no eran necesarias para poner de relieve que la parapsicología no es una ciencia». La magistrada, que condena a Cuartero al pago de una multa de 204 euros y de las costas procesales, saca a colación el significado de estafar según la RAE y dice que, al usar estafador, el catedrático «se está excediendo de la crítica al evento para pasar a menoscabar la fama y el honor de quien organizase el mismo». Cuartero ya explicó en su día que usó la expresión no en referencia a estafa económica, sino como símil de embaucador, charlatán y farsante que, en este caso, estafa moralmente a la sociedad al apropiarse del nombre e imagen de la UCLM para legitimar un acto anticientífico, como queda claro a cualquiera que lea la frase objeto de litigio.
    La juez añade que, «aunque sea una crítica social aceptada el hablar de la parapsicología como pseudociencia, no lo es el decir que son vulgares estafadores, porque socialmente estas expresiones son ofensivas y menoscaban y quebrantan la fama y prestigio de la persona a la que van dirigidas». Es decir que, si alguien practica magia y cobra por ello, no se le puede llamar estafador, aunque la magia no exista. O, trasladado al acto celebrado hace un año en la UCLM, si alguien cobra a un montón de crédulos por ponerles en contacto con sus seres queridos muertos y simula hacerlo mediante todo tipo de artimañas, no se le puede llamar estafador ni a él ni a su agente o promotor que se han aprovechado de la ingenuidad del público. De verdad, ¡manda narices!
    No sé si Fernando Cuartero recurrirá o no la sentencia. Sea cual sea el caso, merece que quienes abogamos por el pensamiento crítico le ofrezcamos nuestro apoyo moral y, si fuera necesario, económico. Si quieren dar el primer paso, únanse en Facebook al grupo Apoyo al profesor Fernando Cuartero.



  7. Roma, Italia.- El Vaticano presentó el decreto del Papa con el cual puso en marcha una estrategia para combatir la descristianización de históricos bastiones católicos del mundo que actualmente sufren el embate del ateísmo.
    La sala de prensa vaticana difundió la carta Ubicumque et Semper con la cual Benedicto XVI instauró oficialmente el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, el organismo que coordinará las acciones de esta nueva estrategia.
    La carta apostólica estableció las competencias y la estructura que deberá tener el nuevo organismo, que deberá regirse por el mandato que «la Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y donde sea el Evangelio de Jesús».
    Advirtió que una de las características del mundo actual es el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas históricamente cristianas.
    Según lo establecido en el decreto, el Pontífice otorgó al nuevo consejo la finalidad de estimular diversas reflexiones sobre la nueva evangelización, identificando y promoviendo formas e instrumentos encaminados a realizarla.
    En coordinación con los obispos de cada país deberá promover iniciativas de estudio o de formación, así como impulsar el uso de las formas modernas de comunicación y el conocimiento del catecismo de la Iglesia Católica.



  8. La Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales aboga por una alternativa a los brujos y diablos

    Agencia EFE
    Publicado en Público

    Londres.- La Iglesia católica británica ha hecho un llamamiento a los niños a disfrazarse de santos en lugar de hacerlo de brujos o diablos en la popular fiesta de Halloween. San Jorge, Santa Lucía, San Francisco de Asís o Santa María Magdalena podrían ser elecciones muy populares para los niños, según la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales.
    Los pequeños deberían recortar las típicas calabazas para convertirlas en rostros sonrientes y pintarse cruces en la frente en lugar de ennegrecer o blanquear sus rostros o utilizar máscaras que infundan miedo, dicen los obispos. Éstos quieren que los cristianos reconozcan el origen religioso de Halloween, que ha pasado a identificarse con una noche de brujas, pero tiene, según ellos, origen religioso ya que se deriva de la vieja expresión inglesa All Hallow's Eve o víspera del Día de Todos los Santos.
    «Es hora de recordar a los cristianos lo que es realmente Halloween», dijo el reverendo Kieran Conry, obispo de la diócesis Arundel y Brighton (sur de Inglaterra), citado hoy por el diario Daily Telegraph. A los adultos se les recomienda además que pongan luces en las ventanas de sus casas para indicar que «Cristo es la luz de todos nosotros».
    Halloween se celebra principalmente en la noche del último día de octubre y tiene un doble origen pagano (la festividad celta del Samhain) y cristiano: Todos los Santos. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de esa tradición a América del Norte durante la gran hambruna irlandesa de 1840, y gracias a la televisión y al cine, desde EEUU se ha ido extendiendo en su versión pagana a todo el mundo.



  9. En EEUU, ateos y agnósticos saben más de religión que los creyentes

    Washington, 28 sep (EFE).- Los estadounidenses se consideran uno de los pueblos más religiosos del planeta pero una encuesta divulgada hoy indica que los ateos y los agnósticos se cuentan entre quienes más saben sobre credos.
    El Foro Pew sobre Religión y Vida Pública hizo su encuesta en junio entre 3.412 adultos con 32 preguntas y, en promedio, los participantes fueron capaces de responder la mitad del cuestionario.
    Los ateos y agnósticos tuvieron un promedio de 20,9 respuestas correctas y de cerca les siguieron los judíos, con un promedio de 20,5 y los mormones con un promedio de 20,3 respuestas acertadas.
    Los protesantes en conjunto mostraron un promedio de 16 respuestas correctas y los católicos uno de 14,7, señaló el informe.
    Entre los católicos blancos, el promedio de respuestas correctas estuvo a la par del general, con 16 aciertos, y entre los católicos hispanos el promedio bajó a 11,6 respuestas correctas.
    Diferencias parecidas hubo entre los protestantes blancos, con 15,9 aciertos y los protestantes negros con un promedio de 13,4 respuestas correctas.
    La encuesta muestra otros detalles: los cristianos del Sur de EE.UU., que son los más apegados a la Biblia, son los que menos la conocen; quienes creen que la biblia es la palabra literal de Dios tuvieron peor promedio de respuestas que quienes no creen que la Biblia sea la palabra de Dios literalmente.
    De once preguntas sobre otros credos religiosos en el resto del mundo el promedio de respuetas acercadas fue de cinco. Pero en esta categoría el promedio de acierto entre los judíos fue de 7,9 y entre los ateos y agnósticos de 7,5.
    Asimismo los ateos, con 2,8 respuestas acertadas, y los judíos con un promedio de 2,7 fueron los que mostraron más conocimiento cuando se les presentaron cuatro preguntas sobre la religión en la vida pública y qué dice la Constitución de EE.UU. sobre el asunto.
    La encueseta encontró que más del 45 por ciento de los católicos en EE.UU. no sabe que, según la doctrina de su iglesia, el pan y el vino que se usan en la comunión no simbolizan, sino que se convierten en, el cuerpo y la sangre de Jesús.



    El 53 por ciento de los protestantes no identifica correctamente a Martín Lutero como el individuo cuyos escritos y acciones inspiraron la Reforma Protestante.
    El 43 por ciento de los judíos no sabe que Maimónides, uno de los rabinos más venerados de la historia, fue judío, según el informe de Pew.
    El 37 por ciento de los encuestados dijo que leía la Biblia u otras escrituras sagradas al menos una vez por semana. Pero el 48 por ciento de los estadounidenses afiliados a algún credo religioso indicó que «rara vez» o «nunca» leen otros libros religiosos aparte de la Biblia.




  10. © Richard Dawkins

    Traducción de Anahí Seri

    Discurso pronunciado con motivo de la visita del Papa al Reino Unido y publicado en The Guardian.



    ¿Debería Joseph Ratzinger haber sido recibido con la pompa y ceremonia que merece un jefe de Estado? No. Como ha mostrado Geoffrey Robertson, la pretensión de la Santa Sede de ser considerada como estado soberano se basa en un pacto fáustico por el cual Benito Mussolini entregó 3 kilómetros cuadrados del centro de Roma a cambio de que la Iglesia apoyara su régimen fascista. Nuestro gobierno aprovechó la ocasión de la visita del Papa para anunciar su intención de «hacer la obra del Señor». Como señaló un amigo mío, presumiblemente deberíamos esperar una inminente entrega de Hyde Park al Vaticano, para cerrar el trato.
    Entonces, ¿se debería haber recibido a Ratzinger como cabeza de una Iglesia? Desde luego que si los católicos, como individuos, quieren pasar por alto sus muchas transgresiones y extenderle una alfombra roja para que la pisen sus elegantes zapatos rojos, muy bien. Pero que no nos pidan a los demás que paguemos por ello. Que no se le pida al contribuyente británico que subvencione la misión propagandística de una institución cuya riqueza se mide en decenas de miles de millones; una riqueza a la cual el adjetivo «mal habida» le viene como anillo al dedo. Y que nos ahorren el espectáculo nauseabundo de la Reina, el Duque de Edimburgo y los diversos tenientes y demás dignatarios deshaciéndose en adulaciones y lisonjas como si se tratara de alguien a quien debiéramos respetar.
    Al predecesor de Benedicto, Juan Pablo II, algunos lo respetaban como hombre virtuoso. Pero nadie podrá calificar a Benedicto XVI de virtuoso sin que le dé la risa. Este individuo de mirada lasciva será cualquier cosa, pero no es virtuoso. ¿Es un intelectual? ¿Un erudito? Eso se afirma con frecuencia, pero no está nada claro qué significa erudición cuando se trata de teología. Nada respetable, desde luego.
    El pequeño detalle desafortunado de que Ratzinger estuviera en las juventudes hitlerianas ha sido objeto de una moratoria ampliamente respetada. Yo también la he respetado, hasta el momento. Pero después del escandaloso discurso del Papa en Edimburgo, en el que hizo al ateísmo responsable de Adolf Hitler, no puedo evitar la sensación de que ya todo vale en este combate. ¿Oyeron ustedes lo que dijo?

    «Incluso en nuestra propia generación, podemos recordar como Gran Bretaña y sus líderes se enfrentaron a la tiranía nazi que pretendía erradicar a Dios de la sociedad y le negaba a muchos la naturaleza humana, especialmente a los judíos . . . Es aleccionador reflexionar sobre el extremismo ateo del siglo XX . . . ».

    Es como para cuestionarse las dotes de relaciones públicas de los asesores que dieron por bueno ese párrafo. Pero claro, se me olvidaba, su asesor jefe es ese cardenal que echa un vistazo a los funcionarios de inmigración en Heathrow y llega a la conclusión de que debe haber aterrizado en el Tercer Mundo. Al pobre hombre sin duda le prescribieron una arroba de ave marías, además de su repentino ataque de gota diplomática.
    En un primer momento me sentí molesto por el miserable ataque del Papa a los ateos y laicistas, pero luego lo vi como reconfortante. Sugiere que los hemos sacudido tanto que se ven obligados a insultarnos, en un desesperado intento por desviar la atención del escándalo de la pederastia.
    Probablemente sería mucho pedir el esperar que Ratzinger, a los 14 años, hubiera calado a los nazis. Como católico devoto, le habrían inculcado, junto con el catecismo, la execrable idea de que todos los judíos son responsables de la muerte de Jesús, la calumnia de los asesinos de Cristo que no fue repudiada hasta el Segundo Concilio Vaticano (1962-1965). La mentalidad católica alemana de la época aún estaba empapada del antisemitismo de siglos.
    Hitler era católico. O en cualquier caso igual de católico que los 5 millones de personas de este país considerados católicos. Hitler nunca renunció a la fe bautismal católica, y ese sin duda es el criterio en que se basa el recuento de los supuestos 5 millones de británicos católicos. O una cosa o la otra. O bien tenemos a 5 millones de británicos católicos, y entonces también tenemos a Hitler. O bien Hitler no era católico, y entonces hay que dar una cifra honrada del número de auténticos católicos en Gran Bretaña a día de hoy; el número de los que realmente creen que Jesús se convierte en una oblea, como probablemente cree el ex profesor universitario Ratzinger.
    En cualquier caso, es seguro que Hitler no era ateo. En 1933 afirmó que había «erradicado el ateísmo», tras prohibir la mayoría de las organizaciones ateas alemanas, incluida la Liga alemana de librepensadores, cuyo edificio convirtió en una oficina de información para asuntos eclesiásticos.
    Como mínimo, Hitler creía en una «Providencia» personificada, probablemente similar a la Divina Providencia invocada por el arzobispo de Munich en 1939, cuando Hitler salió indemne de un intento de asesinato y el arzobispo ordenó un Te Deum especial en la catedral de Munich: «Para dar gracias a la Divina Providencia en el nombre de la archidiócesis por la afortunada escapatoria del Führer».
    Tal vez nunca lleguemos a saber si Hitler identificaba su «Providencia» con el Dios del cardenal. Pero no cabe duda de que conocía a su electorado, mayoritariamente cristiano, los millones de buenos cristianos alemanes que llevaban en sus hebillas la inscripción «Gott mit uns» («Dios con nosotros»), los que le hicieron a él el trabajo sucio. El conocía la base que le apoyaba. Hitler seguro que «hizo la obra del Señor». Lo que sigue es un extracto del discurso que dio en Munich, el corazón de la Baviera católica, en 1922:

    «Mis sentimientos como católico me dirigen hacia mi Señor y Salvador como un luchador. Me llevan a un hombre que una vez, en su soledad, rodeado por unos cuantos discípulos, reconoció a estos judíos como lo que eran e hizo un llamamiento a los hombres para que lucharan contra ellos, un hombre que, es la verdad divina, sobresalió más como luchador que como persona que sufre. Pleno de amor como cristiano y como hombre, leí el pasaje que nos narra cómo el Señor al final se creció en su poder y expulsó del templo a las víboras. Qué terrible fue su lucha contra el veneno judío. Hoy, 2000 años después, con honda emoción, reconozco con mayor profundidad que nunca jamás que fue por esto por lo que Él vertió su sangre en la cruz».


    Este no es más que uno de los muchos discursos y pasajes de Mein Kampf en los que Hitler invoca su fe cristiana. No es pues de extrañar que fuera tan bien recibido por la jerarquía católica de Alemania. Y el predecesor de Benedicto, Pío XII, no está libre de culpa, como demostró el escritor católico John Cornwell en su desolador libro Hitler’s Pope (El Papa de Hitler).
    Sería poco amable insistir más en este punto, pero el discurso de Ratzinger el jueves pasado en Edimburgo fue tan ignominioso, tan hipócrita, tan evocador de quien tira piedras sobre su tejado, que me sentí obligado a responderle.


    Incluso si Hitler hubiera sido ateo (como lo fue sin duda Stalin), ¿cómo se atreve Ratzinger a sugerir que el ateísmo guarda relación con sus terribles crímenes? No, no hay relación alguna, como tampoco están relacionados con el hecho de que ni Hitler ni Stalin creyeran en duendes ni en unicornios. Tampoco tiene nada que ver que llevaran bigote, al igual que Francisco Franco y Saddam Hussein. No hay ninguna conexión lógica entre el ateísmo y la maldad.
    A menos, claro está, que uno esté inmerso en la vil obscenidad que constituye el núcleo de la teología católica. Me estoy refiriendo (y le debo este punto a Paula Kirby) a la doctrina del pecado original. Estas personas creen, y se lo enseñan a los niños pequeños, al mismo tiempo que les hablan de las aterradoras mentiras del infierno, que todos los bebés nacen «en pecado». Se trata, por cierto, del pecado de Adán; de ese Adán que, según admiten ahora, jamás existió.
    El pecado original significa que, desde el momento de nuestro nacimiento, somos malvados, corruptos, estamos condenados. A menos que creamos en su Dios. O a menos que nos cuelen lo del palo del infierno y la zanahoria del cielo. Esta, señoras y caballeros, es la repugnante teoría que les lleva a concluir que fue el ateísmo lo que convirtió en monstruos a Hitler y Stalin. Todos somos monstruos salvo que Jesús nos redima. Que teoría más vil, depravada, inhumana en la que basar nuestra vida.
    Ratzinger es un enemigo de la humanidad.
    Es un enemigo de los niños, de cuyos cuerpos ha permitido que se abuse, y cuyas mentes él ha animado a infectar de culpabilidad. Es vergonzosamente patente que la Iglesia está menos preocupada por proteger a los cuerpos de los niños de quienes abusan de ellos que por salvar a los sacerdotes del infierno; y lo que más le preocupa es salvar la reputación a largo plazo de la propia Iglesia.
    Es un enemigo de los homosexuales, a quienes trata con la intolerancia fanática que la Iglesia antes reservaba para los judíos.
    Es un enemigo de las mujeres, a quienes mantiene alejadas del sacerdocio como si el pene fuera una herramienta esencial para el ejercicio de los deberes pastorales. ¿A qué otro patrón se le permite una discriminación en razón del sexo cuando se trata de un empleo que es evidente que no requiere ni fuerza física ni ninguna otra cualidad que pudiera atribuirse en exclusiva a los varones?
    Es un enemigo de la verdad, difundiendo mentiras flagrantes como que los preservativos no protegen del SIDA, especialmente en África.
    Es un enemigo de los más pobres del planeta, a quienes condena a tener grandes familias que no pueden alimentar, manteniéndolos así esclavos de la pobreza perpetua. Una pobreza que encaja mal con la obscena riqueza del Vaticano
    Es un enemigo de la ciencia, pues pone impedimentos a la investigación con células madre, basándose, no en cuestiones morales, sino en supersticiones pre científicas.
    A un nivel menos serio, desde mi punto de vista, Ratzinger incluso es enemigo de la propia Iglesia de la Reina, pues respalda de forma arrogante a un predecesor que calificó las órdenes anglicanas como «absolutamente inválidas y totalmente vacuas», a la vez que intenta, descaradamente, arrebatarle curas anglicanos para reforzar su propio clero, en penoso declive.
    Por último, y lo que a mí personalmente quizá me preocupe más, es un enemigo de la educación. Dejando de lado el daño psicológico de por vida, causado por la culpabilidad y el miedo, que tan mala fama le ha dado a la educación católica en todo el mundo, él y su Iglesia promueven la doctrina, perniciosa para la educación, de que la evidencia representa una base menos fiable para la creencia que la fe, la tradición, la revelación y la autoridad– su autoridad.



  11. El famoso astrofísico inglés Stephen Hawking cuenta en su nuevo libro, The Grand Design, que la necesidad de un ser superior para la creación del universo no es tal. El Big Bang habría sido suficiente para que la física sea la responsable del origen del mundo
    El científico británico Stephen Hawking afirma en un nuevo libro que la física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el universo. Del mismo modo que el darwinismo eliminó la necesidad de un creador en el campo de la biología, el conocido astrofísico afirma en su obra, de próxima publicación, que las nuevas teorías científicas hacen redundante el papel de un creador del universo.
    El Big Bang, la gran explosión en el origen del mundo, fue consecuencia inevitable de las leyes de la física, argumenta Hawking en su libro, del que hoy adelanta algunos extractos el diarioThe Times. Renuncia así a sus opiniones anteriores expresadas en su obra Una Breve Historia del Tiempo, en la que sugería no había incompatibilidad entre la existencia de un Dios creador y la comprensión científica del universo.
    «Si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios», escribió en aquel libro, publicado en 1988 y rápidamente convertido en un éxito de ventas.
    En su nuevo libro, titulado en inglés The Grand Design y que saldrá a las librerías el 9 de septiembre, una semana antes de la visita del Papa a Gran Bretaña, Hawking sostiene que la moderna ciencia no deja lugar a la existencia de un Dios creador del Universo. En la obra, escrita junto al físico norteamericano Leonard Mlodinow, Hawking rechaza la hipótesis de Isaac Newton según la cual el universo no puede haber surgido del caos gracias sólo a las leyes de la naturaleza sino que tuvo que haber intervenido Dios en su creación.
    Según Hawking, el primer golpe asestado a esa teoría fue la observación en 1992 de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol. «Eso hace que las coincidencias de las condiciones planetarias de nuestro sistema –la feliz combinación de distancia Tierra-Sol y masa solar– sean mucho menos singulares y no tan determinantes como prueba de que la Tierra fue cuidadosamente diseñada por Dios», escribe.
    Según el científico, hasta el año pasado profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge –puesto que ocupó el propio Newton–, es probable que existan no sólo otros planetas, sino también otros universos, es decir un multiuniverso. En su opinión, si la intención de Dios era crear al hombre, esos otros universos serían perfectamente redundantes.
    El conocido biólogo ateo Richard Dawkins lo felicitó por la conclusión a la que parece haber llegado su colega: «Es exactamente lo que afirmamos nosotros. No conozco los detalles de la física, pero es lo que he sospechado siempre».
    En su libro, Hawking no excluye la posibilidad de que haya vida también en otros universos y señala que la crítica está próxima a elaborar una teoría de todo, un marco único capaz de explicar las propiedades de la naturaleza. Eso es algo, recuerda The Times, que han estado buscando los físicos desde la épica de Einstein, aunque hasta el momento ha sido imposible reconciliar la teoría cuántica, que da cuenta del mundo subatómico, con la de la gravedad, que explica la interacción de los objetos a escala cósmica.
    El británico aventura que la llamada teoría-M, proposición que unifica las distintas teorías de las supercuerdas, conseguirá ese objetivo. «La teoría-M es la teoría unificada con la que soñaba Einstein. El hecho de que nosotros, los seres humanos, que somos sólo conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza, estemos ya tan cerca de comprender las leyes que nos gobiernan y rigen el universo es todo un triunfo», escribe el astrofísico.


    Líderes religiosos critican a Hawking por descartar a Dios como creador

    Londres, 3 sep (EFE).- El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y otros líderes religiosos británicos han criticado al astrofísico Stephen Hawking por descartar a Dios como creador del Universo en un libro de próxima publicación.
    «Creer en Dios no consiste en como taponar un agujero y explicar cómo unas cosas se relacionan con otras en el Universo, sino que es la creencia de que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe», declaró el líder anglicano al diario The Times.
    «La física por sí sola no resolverá la cuestión de por qué existe algo en lugar de nada», agregó Williams.
    El rabino jefe, Jonathan Sacks, señala en un artículo publicado hoy por el mismo diario que «la ciencia trata de explicar y la religión, de interpretar. A la Biblia sencillamente no le interesa cómo se creó el Universo».

    «La ciencia desarticula las cosas para ver cómo funcionan. La religión las junta para ver qué significan. Son dos empresas intelectuales distintas. Incluso ocupan diferentes hemisferios del cerebro», señala Sacks.

    El arzobispo de Westminster y primado de la Iglesia católica de Inglaterra y Gales, Vincent Nichols, dijo suscribir totalmente las palabras del rabino jefe sobre la relación entre religión y ciencia.

    También el presidente del Consejo Islámico de Gran Bretaña, Ibrahim Mogra, atacó las tesis de Hawking y dijo que «si uno mira el Universo, todo apunta a la existencia de un creador que le dio origen».

    En su libro, The Grand Design, del que The Times adelantó ayer algunos extractos, Hawking afirma que las nuevas teorías científicas hacen redundante el papel de un creador del Universo.

    El Big Bang, la gran explosión en el origen del Universo, fue consecuencia inevitable de las leyes de la física, argumenta el científico británico, que ha escrito el libro al alimón con el físico estadounidense Leonard Mlodinow.

    Según Hawking, el primer golpe asestado a la teoría sobre la intervención de Dios en la creación del Universo fue la observación en 1992 de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol.

    En opinión del conocido astrofísico, es probable que existan no sólo otros planetas, sino también otros universos, y si la intención de Dios era simplemente crear al hombre, esos otros universos serían perfectamente redundantes.

    Para Dawking, la teoría-M, proposición que unifica las distintas teorías de las supercuerdas, es la teoría unificada con que soñaba Einstein, capaz de reconciliar la teoría cuántica, que da cuenta del mundo subatómico, con la de la gravedad, que explica la interacción de los objetos a escala cósmica.

    El biólogo y ateo militante Richard Dawkins, autor del libro El espejismo de Dios, declaró a The Times que «el darwinismo expulsó a Dios de la biología, pero en la física persistió la incertidumbre. Ahora, sin embargo, Hawking le ha asestado el golpe de gracia».

    Por el contrario, para el astrofísico y teólogo David Wilkinson, «el Dios en el que creen los cristianos es un Dios íntimamente involucrado en todo el momento de la historia del universo y no sólo en sus comienzos».

    A su vez, el presidente de la Sociedad Internacional de la Ciencia y la Religión, George Ellis, rechaza el argumento expuesto por Hawking en su libro en el sentido de que la filosofía no tiene ya sentido al haber sido suplantada por la ciencia.

    «La filosofía no está muerta. Todo punto de vista está imbuido de filosofía. ¿Por qué la misma ciencia merece la pena? La respuesta es filosófica y emocional. La ciencia no puede responder a la pregunta sobre sí misma», explica Ellis.